El
parque del Vivero, en Badajoz, estaba situado en la carretera de
Portugal, que así se le conocía en aquellas fechas, cerca de lo que
luego sería Central Lechera de Badajoz. El parque del Vivero, en
aquellos años, era de los más apacibles que se pudieran encontrar, con
una fronda de árboles muy buena, bancos, jardines, un canal de agua
atravesándolo, camino del edificio de Obras Públicas. Si no me
confundo, el canal salía de la antigua Casas de las Aguas, en la cabeza
del Puente Viejo, con canalización subterránea, pero, a la altura del
Puente Nuevo, iba a cielo abierto. Más o menos pudo ser así. El canal
llevaba abundante agua y mucha corriente. El antiguo campo de fútbol de
Badajoz se llama El Vivero, al estar relativamente cerca del parque
del mismo nombre. El parque del Vivero de siempre gozó en Badajoz del
cuidado debido, lo recuerdo muy limpio y atendido, bueno, como todos
los parques de Badajoz, pero al estar en las afueras se podía suponer
que la atención fuera menor, pero no, todo perfecto.
Una
fuente de prestigio era su señal de identidad, la milagrosa "agua del
Vivero", milagrosa para que el bueno de Carmelo, masajista del C. D.
Badajoz, con su salida al césped para atender a un jugador lesionado,
"un poco de agua del Vivero" y arriba con él. Desde luego que hacía
milagros.
La
extracción del buen agua se hacía manual, oscilando abajo-arriba
cualquiera de las dos bombas de hierro, rápidamente brotaba el caudal
de agua fresca y clara. El caño de salida del agua de hierro tenía una
rotura en la parte superior que, taponando la salida con la mano, se
podía beber directamente. Agua limpia y fresca. El policía nacional que
iba a la fuente de la Rana, también se abastecía de la fuente del
Vivero. El día que tocaba el agua del Vivero los paseos eran más
largos, por lo menos dos kilómetros más entre ida y vuelta.
La
fuente del Vivero era visitada por habitantes de la zona de los
"lavaderos", como se conocía la parte de Obras Públicas y sus aledaños.
El río Guadiana, su cauce, tampoco estaba lejos de los lavaderos.
El
edificio de Obras Públicas, en su interior, tenía como compuertas para
distribuir las aguas del canal procedente de la Casa de las Aguas de
Badajoz, aunque nunca estuve dentro para verlo. Además, la zona estaba
a mucha distancia de mi casa, pero como alquilábamos pequeñas
bicicletas a Antequera, que estaba muy cerca del Parque del Vivero,
trasteábamos por aquellos lugares.
La
carretera de Portugal por aquellos días era mucho más estrecha, con
muy poco tráfico al no estar aún el Puente Nuevo disponible para el
uso. Para Caya-Portugal era escaso. Había muchos árboles en la parte izquierda con dirección a Portugal.
Otro parque que se fue por la barranquilla y no volvió más.
Valentín Rodríguez Rodríguez
valentinpacense@gmail.com