26 de Junio, 2007
Peito vive
Todos sabemos que las paredes de las grandes y medianas urbes también hablan, nos interpelan a nuestro paso. A modo de gigantescos lienzos, sus paredes y fachadas están siendo utilizadas, con entusiasmo digno de mejor causa, para lanzar mensajes a diestro y siniestro. Para protestar por todo y para poner el grito en el cielo por cualquier causa. O, simplemente, para embadurnarlo porque sí, porque nos sale de las pelotas. Ya se sabe, los de la pandilla del brochazo y tente tieso, y a correr, que nos han visto. Y hay uno que he visto este mediodía por Valdepasillas, junto a la carnicería Jerónimo Norberto, en la avenida de Tomás Romero de Castilla, que me ha llamado la atención. Uno que dice "Peito vive", debajo de un grabado con su rostro, poco atractivo, por cierto. Peito, por si no lo sabéis, fue aquel personaje popular que, acompañado de su cuñado, El Risitas, llenaba de humanidad y simpatía los programas de Jesús Quintero, "el loco de la colina", el del "perro verde". Uno, cuya función era reirse de los chistes y las paridas del cuñado, abriendo desmesuradamente la boca, donde era visible un sólo un diente. Pues, eso, Peito vive, según sus admiradores pacenses.
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Lo que fue el parque del Vivero
El
parque del Vivero, en Badajoz, estaba situado en la carretera de
Portugal, que así se le conocía en aquellas fechas, cerca de lo que
luego sería Central Lechera de Badajoz. El parque del Vivero, en
aquellos años, era de los más apacibles que se pudieran encontrar, con
una fronda de árboles muy buena, bancos, jardines, un canal de agua
atravesándolo, camino del edificio de Obras Públicas. Si no me
confundo, el canal salía de la antigua Casas de las Aguas, en la cabeza
del Puente Viejo, con canalización subterránea, pero, a la altura del
Puente Nuevo, iba a cielo abierto. Más o menos pudo ser así. El canal
llevaba abundante agua y mucha corriente. El antiguo campo de fútbol de
Badajoz se llama El Vivero, al estar relativamente cerca del parque
del mismo nombre. El parque del Vivero de siempre gozó en Badajoz del
cuidado debido, lo recuerdo muy limpio y atendido, bueno, como todos
los parques de Badajoz, pero al estar en las afueras se podía suponer
que la atención fuera menor, pero no, todo perfecto. Una
fuente de prestigio era su señal de identidad, la milagrosa "agua del
Vivero", milagrosa para que el bueno de Carmelo, masajista del C. D.
Badajoz, con su salida al césped para atender a un jugador lesionado,
"un poco de agua del Vivero" y arriba con él. Desde luego que hacía
milagros. La
extracción del buen agua se hacía manual, oscilando abajo-arriba
cualquiera de las dos bombas de hierro, rápidamente brotaba el caudal
de agua fresca y clara. El caño de salida del agua de hierro tenía una
rotura en la parte superior que, taponando la salida con la mano, se
podía beber directamente. Agua limpia y fresca. El policía nacional que
iba a la fuente de la Rana, también se abastecía de la fuente del
Vivero. El día que tocaba el agua del Vivero los paseos eran más
largos, por lo menos dos kilómetros más entre ida y vuelta. La
fuente del Vivero era visitada por habitantes de la zona de los
"lavaderos", como se conocía la parte de Obras Públicas y sus aledaños.
El río Guadiana, su cauce, tampoco estaba lejos de los lavaderos. El
edificio de Obras Públicas, en su interior, tenía como compuertas para
distribuir las aguas del canal procedente de la Casa de las Aguas de
Badajoz, aunque nunca estuve dentro para verlo. Además, la zona estaba
a mucha distancia de mi casa, pero como alquilábamos pequeñas
bicicletas a Antequera, que estaba muy cerca del Parque del Vivero,
trasteábamos por aquellos lugares. La
carretera de Portugal por aquellos días era mucho más estrecha, con
muy poco tráfico al no estar aún el Puente Nuevo disponible para el
uso. Para Caya-Portugal era escaso. Había muchos árboles en la parte izquierda con dirección a Portugal. Otro parque que se fue por la barranquilla y no volvió más.
Valentín Rodríguez Rodríguez valentinpacense@gmail.com
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Qué hacer mientras se conduce
Otros miran planos, mandan mensajes por el móvil, se preparan el bocata por la autopista a 180 km /hora... y, cuando les dices algo, contestan: "Seguro, que yo controlo".
Pepe Rabanal peperabanal@yahoo.es
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Carta urgente
Sabemos que las cartas urgentes son para leerlas de inmediato.Y, a veces, te pones de los nervios. ¿Quién me la mandará? ¿Qué pone? ¿Será beneficiosa? ¿Me perjudicará? ¿Será una rosa, será un clavel?, cuando me abras, te lo diré. Pues eso pensaría una madama este mediodía, conduciendo su coche en plena avenida de Villanueva, con el tráfico a toda pastilla, que no se le ocurre otra cosa que abrir la carta, al parecer urgente, justo encima del volante. Y sin quitar la vista de lo que viene por delante y por detrás. Y sin dejar de conducir con la otra mano, que tiene tela marinera. ¡Qué peligro! Y, a todo ésto, cabecita loca, ¿qué decía la carta de marras para abrirla tan urgentemente? ¿Una declaración de amor, diciendo que el maromo te quiere más que a la Luna, lunera, cascabelera? ¿Una de Hacienda, pidiéndote más papeles para la Declaración de la Renta? ¿Un aviso del banco, que se te ha olvidado pagar la mensualidad de la hipoteca? ¿La cuenta mensual del móvil? ¿La del jefe de la empresa, pidiéndote que vayas a la oficina el sábado y el domingo a ultimar unos asuntos urgentes? ¿La del administrador de fincas de tu piso, que tienes pendiente de pago los tres últimos recibos? ¿Una oferta de viajes en las Líneas Aéreas The Royal Talavera a las islas Aleutianas, sin saber el día que sales y, mucho menos, el que regresas? Lo dicho, hermosa, ¿qué será, será, el dichoso asunto, tan urgente, para que te juegues tu vida y la de los demás?
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Un día de fiesta en el Campo de San Juan (y II)
Sobre las siete de la tarde del día de San Juan, riadas de gente que se
ven en diversas direcciones. Muchas van hacia el coso de Pardaleras,
eso sí, bien provistas de bolsas con refrescos, chucherías y bocatas.
Otras, acaban de llegar a bordo de innumerables autocares procedente de
la provincia. Y a otros grupos familiares, en fin, el habla les delata:
son portugueses. Ahí es nada, esa tarde torean juntos en Badajoz
Ferrera, Perera y Talavante, por vez primera en la historia taurina de
este país. Nadie quiere perderse la función. Por eso se augura un lleno
histórico. Pero hay más gente que toma el rumbo de la plaza de
España. A las siete de la tarde está anunciada la salida de las
mulillas galanas hacia la Plaza de toros. En esta ocasión, acompañadas
por la Banda La Filarmónica, de Olivenza, y seguida por una legión de
aficionados y curiosos. Vieja tradición ésta de las mulillas galanas en
Badajoz, de cuando la Banda municipal de Música del recordado maestro
Lerma guiaba a las mulillas y a los aficionados a la Plaza de toros
vieja, la de la ronda del Pilar, a través de Ramón Albarrán. Costumbre
recuperada y con todo éxito, por cierto, desde hace pocos años por los
entusiastas empresarios y comerciantes del Casco Antiguo agrupados en
la AECAB.
FARRUCO, PULGA Y MORENA Van a dar las siete y la gente se ha arremolinado en el
mismo corazón del Campo de San Juan. Y la expectación es enorme.
Motivo: allí están tan pimpantes, encantados de haberse conocido,
Farruco, Pulga y Morena, con quienes la gente se harta de tirarse fotos
y más fotos. El caso es que no se trata de tres artistas de la
Operación Triunfo, no. Ni tampoco del nuevo trío de música posmoderna
de Badajoz, "El último alarido", que funde los estilos pop, rap, funk,
techno, jazz y blues como si tal cosa, Sinforosa, y se quedan tan
panchos. Que se trataba de... ¡las tres mulillas galanas! Tres
caballerías que responden a los nombres de Farruco y Pulga, los
machos, y Morena, la hembra. Por cierto, dándose un morreo de aquí te espero Farruco y Morena, al parecer, pareja de hecho. Divinamente enjaezadas, por cierto, con
cabezales y monturas de color rojo chillón y rematados con los clásicos
collares de campanillos y las no menos clásicas banderitas españolas y
extremeñas. Y, claro, bien atados sus ronzales de una farola que daba frente por
frente de la cafetería de Pepe Jerez. Y bien atendidas por sus
cuidadores, la cuadrilla formada por Juan (el mayoral), Fernando, José
Luis, Alejandro, Manolo, Antonio y Lourdes. Ataviados con sus camisas
blanquísimas y pantalones azules, rematados con sus gorrillas y
pañuelos rojos al cuello y a la cintura. Y algunos de ellos, los de más
edad, que han desaparecido. No, están acodados en el cercano bar,
dándose unos lingotazos de impresión para "templar" los nervios.
LLEGA LA BANDA Y
en ésto que llega La Filarmónica, conocida Banda oliventina, fundada un
28 de marzo de 1851, con sus 45 músicos, muy jóvenes todos ellos, al
mando de su peculiar director, Salvador Rojo, el hombre de las manos en
los bolsillos. Y es que no sabemos si por timidez o por su poca
estatura, el caso es que mi director filarmónico no quiere salir en las
fotos, que siempre lleva una o las dos manos metidas en los bolsillos.
Incluso la batuta, no fuera a perderla, hijo. Y unos cinco
minutillos después de la hora anunciada, que la Banda inicia el
paseillo con el pasodoble "Pérez Barceló". Y allá que se van las
mulillas con Juan, el mayoral, y compañeros mártires detrás, cogiendo
San Blas abajo. A los que siguen un centenar de aficionados de todo
tipo y condición, en medio de una alegría desbordante. Con una peña de
aficionados luciendo... ¡camisetas futboleras de la selección de
Brasil! Además de las clásicas de la ciudad, con sus gorrillas de
señoritos camperos y sus pañolones rojos al cuello. Y la gente que va
uniéndose a la comitiva por el camino. Y los del tendido de los
sastres, que salen a los balcones a ver pasar esta festiva procesión. Y
cuando estamos a punto de llegar a la plaza de San Andrés, el hombre de
las manos en los bolsillos que dice que "Paquito El Chocolatero". Y
allí fue el no va más, el acabóse, la repera limonera, con la gente
acompañando al pasodoble, cantando, brincando y haciendo poses con los
brazos y con el cuerpo. Así que, de esta guisa, seguimos por Trinidad,
para girar a la derecha por la estrechísima Tardío, donde varios coches
subidos en las dos aceras hacen difícil, pero no imposible, el paso de
la Banda, las mulillas y sus acompañantes. Y cuando tenemos a la vista
la Plaza de toros, que mi filarmónico director, el de las manos en los
bolsillos, dice que "La Chiclanera". Y la gente, venga a tararear y a
marcar con los pies un pasodoble de los de toda la vida. Pasada la
ronda del Pilar, entramos triunfantes por la calle Rivillas, con la
gente que acude a la plaza maravillada ante este espectáculo. Y la
Banda que, según manda la tradición, en los últimos metros se abre y da
paso a las mulillas, los mulilleros y a la madre que los parió. Eso sí,
seguida bien de cerca por centenar y medio de aficionados sonrientes y
saludando hasta militarmente, a quienes se les ha hecho corto, muy
corto, el camino. Son cerca de las 19,30 y falta media hora para dar
comienzo la corrida del siglo en Badajoz. Un año más se ha cumplido la
tradición de las mulillas galanas. Momentos después, Farruco, Pulga y
Morena, acompañadas de sus mulilleros, entran en la Plaza, que ese día,
24 de junio, cumple 40 años de la corrida inaugural.
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