25 de Junio, 2007

El Avisador, en el Paraíso

Por El Avisador - 25 de Junio, 2007, 20:24, Categoría: General

Pero no en el Terrenal, ese en el que estaban de realquilados Adán y Eva, que el patrón de patrones los echó más tarde por mangar y comerse las manzanas del jardín, así, por la cara. Sino en el Paraíso de las tartas, magnífico local de las inmensidades de Valdepasillas, con dos décadas endulzando el pico a la vecindad, que tiene de todo en pastelería, repostería, tartas, pastas de té, pastelería salada y pastelería del París de la France. Y refiriéndome a las tartas, ésas que pone arriba siempre el mismo eslogan: "Felicidades". Y lo bueno es que tienen obrador propio, justo enfrente. Y, además, podéis encontrar pan y bebidas de todas las clases, refrescos, caramelos, bolsas de patatas y chucherías para "matar" el gusanillo los largos fines de semana. Os doy la dirección: número 3 de la calle Antonio Martínez Virel, Pintor (1890-1985), haciendo esquina con la de Hermanos Segura Covarsí. Enrique y Esperanza. Catedrático (1917-1985). Delineante (1913-1985). Pues manda huevos con 1985, que la palmaron los tres en ese año.
Que he pasado por allí esta tarde a ver a un amigo y he entrado, trayéndome una caja de pastas de té. No para tomarme uno, a las cinco de la tarde, con Su Graciosa Majestad Isabel II, Elizabeth the Second, by the Grace of God, of the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland and of Her other Realms and Territories Queen, Head of the Commonwealth, Defender of the Faith, a quien Dios guarde, sino con la patronal, a quien no le hacen falta tantos títulos de ringorrango para reinar en su santa Casa.
¡Ah!, se me olvidaba. No tengo ningún primo ni sobrino en este Paraíso tartero. Tampoco soy socio capitalista ni conozco de nada a sus dueños. Que aquí todo es martín, martín. Y no se fía, la pasta por delante. Está claro, ¿no?

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Un día de fiesta en el Campo de San Juan (I)

Por El Avisador - 25 de Junio, 2007, 19:24, Categoría: General

El pasado domingo, día de San Juan, el todo Badajoz pudo disfrutar de una magnífica jornada festiva, agolpándose en numerosos escenarios. Para comenzar, había misa solemne a las doce en la Catedral, presidida por el Arzobispo, Santiago García Aracil. No era para menos, se conmemoraba el nacimiento de Juan el Bautista, a quien la Iglesia profesa una especial veneración, adornado con numerosos títulos:  Precursor de Cristo, Pregonero del Juez, Heraldo del Verbo, Bautista del Salvador, Amigo del Esposo, Voz que clama en el desierto, Primer anunciador del Evangelio, Príncipe de los apóstoles... Por si fuera poco, además de Patrón de Badajoz, Juan el Bautista es el Patrón de la Catedral metropolitana, que lleva su nombre, además de la Diócesis pacense.
Así que, en compañía de la patronal, cogimos el macuto y la máquina digital y enfilamos nuestros pasos al Casco antiguo. Y ya por el camino, a la altura de Correos, que vemos la cabalgata de Gigantes y Cabezudos, que bajan en dirección a la avenida de Huelva, en medio de la algarabía popular. Compuesta por cuatro gigantones --dos Reyes y una pareja de Extremeños-- y una corte regular de cabezones, viene precedida, a ritmo de pasacalle, por la banda de la Agrupación Musical Extremeña y escoltada por una numerosa corte de familias jóvenes con sus pequeñuelos de la mano o en sus carritos de bebé. Y sin darles miedo ni nada, que estos gigantones no se comen a nadie y los cabezotas sólo quieren entretener y divertir a las criaturas. Y, dirigiendo la tropilla, un tal Luis Merchán, de paisano, uno de los innumerables manitas que hay en este pueblo y que hacen posible que salgan los carruajes de las comparsas en Carnaval o las carrozas por Reyes Magos. Después de las fotos de rigor, allá que se va con la música a otra parte, fuente de la Rana abajo, la comitiva carnavalesca, que eso es, realmente, la comparsa formada por cuatro Gigantes y una veintena larga de Cabezudos.

FUNCIÓN EN LA CATEDRAL
Y ya dentro de la Catedral, acababa de empezar la función, celebrándose la liturgia en el presbiterio --el soberbio altar mayor sigue oculto, por labores de restauración--, justo debajo de la impresionante lucerna, la de los 102 brazos. La que mandara traer a Badajoz en 1879 el que fuera presidente de las Cortes en los Madriles, Adelardo López de Ayala. A la que el pueblo llano de la época, en tiempos de candiles y quinqués, se refirió con esta sentencia: "Si luz tenemos, a Ayala se lo debemos". Claro que, hoy día, habría que decir otra cosa, Sinforosa: "Si luz tenemos, a Endesa-Sevillana se lo debemos".
Mucha gente en la Catedral, aunque sin el llenazo de otros tiempos. Las seis pantallas de plasma, colocadas estratégicamente, ayudarían a seguir el ceremonial divinamente. Nunca mejor dicho. El arzobispo estuvo auxiliado por sus dos hombres de confianza: el vicario general, Sebastián González, y el deán de la Seo, Miguel Ponce. Con el maestro de ceremonias, el todoterrenal Pedro Losada, ayudándole en los más nimios detalles. Y en los bancales, a su izquierda y derecha, el Cabildo catedralicio, revestido con antiguas y ricas casullas, junto con miembros del clero local, párrocos, etc. Y, frente por frente, el Cabildo de la ciudad, el Ayuntamiento, recién constituido, con su alcalde, Miguel Celdrán, a la cabecera. A quien acompañaban casi todo el concejalato de su partido, incluyendo algunas caras nuevas, además de un representante de la oposición, en este caso, el edil Juan José Sierra. Sin que faltaran las más altas representaciones militares y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
La misa fue, como dije, solemne, dirigiendo el coro de voces el maestro de capilla Demetrio Muñoz, y al órgano, Francisco Barroso. Y en el Coro, semivacío, allí que seguía la ceremonia, como ensimismado, recordando tiempos pretéritos, el antiguo organista, ya jubilado, Apolonio Noriega, cura popular donde los haya.
Llegada la hora de la homilía, el arzobispo leyó un hatillo de cuartillas y la dedicó a resaltar los valores puestos en entredicho en estos últimos tiempos en España sobre el derecho a la vida, el derecho a la libertad de educación y el derecho a la libertad religiosa. Dando un toque a las conciencias de los seglares católicos "para que las defiendan, de acuerdo a sus creencias y convicciones más profundas". Y aquí yo tengo que darle un toque a mi Arzobispo, pues no habló para nada de Badajoz y sus gentes, especialmente de las más necesitadas, que haberlas, haylas. Unas palabras de recuerdo, de consuelo, de aliento... Cinco minutillos siquiera, que San Juan es el Patrón de la ciudad y de todos sus moradores. Y me acordé de su antecesor, Antonio Montero, quien, además de hacer unas homilías sin leer un solo papel, siempre tenía la deferencia de hablar de los pacenses unos minutillos, de nuestras virtudes, de nuestros problemas y carencias, pidiendo la intercesión del Bautista. Como Dios manda.
Finalizada la función, el arzobispo, que portaba un soberbio y lujoso báculo, bajó y, saltándose las estrictas normas litúrgicas, saludó al alcalde y a las principales autoridades arrellanadas en la primera fila, antes de recogerse en la majestuosa Sacristía mayor, la de los extraordinarios tapices flamencos del XVI.

MÚSICA EN LA PLAZA
Al salir las autoridades al Campo de San Juan, aproveché para acercarme al alcalde y al arzobispo, a quienes felicité por el día de San Juan, aprovechando para hacerles unas fotos juntos. Y un concejalense que había por allí, Germán López le llaman, baranda de turismo, me hizo señas. Quería hacerse una foto con monseñor.
--Y es que no tengo ninguna foto con el obispo --me explicaba.
--Hombre, en cuantito te nombren alcalde verás las que te hacen --le dije por lo bajini.
Ya en la plaza del pueblo, junto a los venerables muros de la Catedral, vemos que está actuando la Banda municipal de Música, con el maestro Pepe Calatayud al frente. Con el gentío rodeando a los músicos. Y allá que nos  vamos, que las autoridades y sus distinguidos séquitos han cogido las de Villadiego en coche para tomarse un rico aperitivo sanjuanero. Que invitaba el alcalde, faltaría plus. Y allí que los Calatayud boys nos ofrecieron una antología de su selecto repertorio, esta vez compuesta por "Olivenza taurina", de Antonio Cotolí, "Jota marinera", tradicional, con arreglos de Enrique Pastor, "Castels in Spain (Oviedo, Burgos, La Coruña, Zamora)", de Beck y Mabaar, "Albacete", de Fernando Bonete, "Querer de Gitanos", de Arquelladas, y "L'Arlesienne (Minueto, Farandola)", de Bizet. Y los aplausos atronaron en el mediodía pacense, con la gente arrobadita y tomando fotos y vídeos a mogollón.
Pero un suceso inesperado, a poco del final, obligó a la Banda a interrumpir su concierto durante 15 minutos. ¿Para tomarse un bocata de chorizo y darle un tiento a la bota de vino? No. ¿Para dar un cabezazo al paso del alcalde? Tampoco. ¿Para besar el anillo del arzobispo? No, hijo, no. ¿Entonces...? ¡Para atender a una vecina, que se había desmayado! Y es que todo hay que contarlo, oiga. Una señora de edad que había  caído redonda, desplomándose al suelo, como una lipotimia. Y después de llamadas al 092 y al 112, que vinieron el coche de la pasma del sheriff Sardiña y la ambulancia, y se llevaron en camilla a la dama. Y quedó tiempo para las dos últimas piezas, con el público aplaudiendo el remate final, teniendo que saludar los maestros. Y el dire, con toda cortesía, que nos despediría:
--Que disfruten de las fiestas y nos veamos por la Feria. Y gracias por venir.
¿Qué hacemos? ¿Lo adoptamos como dire perpetuo de la Banda municipal de Badajoz?
Y mientras este episodio ocurría, otro suceso singular: una revista que circulaba de mano en mano entre los presentes. Se trataba de la revista Casco Antiguo, nº 11, recién salida del horno y presentada no ha mucho. Y es que los cabezas pensantes de la AECAB habían puesto un "autoservicio" en la acera del Colegio de Aparejadores e Ingenieros Técnicos Industriales, y la gente que se abastecía que daba gloria.
Terminada la función, cada mochuelo a su olivo, no sin antes dar un apretón de manos al director de la Banda, que cada vez lo hace mejor. Y el muchacho, echando balones fuera, hablando requetebién de los componentes de su Banda, muchos de ellos profesores en el Conservatorio de Badajoz y cosas así.
Y mientras nos íbamos en busca de una mesa con sombra por los alrededores, que vemos como el orondo Ramón, ese peculiar personaje del Casco Antiguo que le da a la bebida sin pausa, celebraba la Feria a su aire, adosado a los muros de la Catedral y dándose unos pelotazos de espanto de vino peleón, el de mesa, el barato, de los que vienen en tetrabrik. Para terminar cantando a pleno pulmón unos compases de las coplas de su cantaor favorito: Rafael Farina. Sí, ese que canta "Salamanca, tierra mía..."

RECUPERANDO FUERZAS
Y después de siete vueltas y media, con todo cogido, con las calles del Centro atascadas, repletas de enormes sombrillas, que nos apalancamos en uno de los veladores de Los Valencianos y allí que nos damos un homenaje de jamón con manzanilla Solear, el plato de feria del lugar, 10 machacantes de por medio. Y que nos sirve un tal Pedro --"hay más Pedros que perros y gatos", sentencia el menda--, ataviado de negro negrísimo, pañuelo rojo al cuello, estilo sanfermines de Navarra. Sólo le faltó la gorrilla madrileña. Demasié. El calor arrecia y la gente dice que echa en falta los toldos. Efectivamente, pero yo añado: item más, los vaporizadores de la calle Menacho; item más, y una buena manguera para refrescar al personal a caño libre.
Pasa el tiempo y se ven caretos de fuera, de la comarca colindante, de Portugal e, incluso de los Madriles y de otros puntos de España. Vienen a los toros, que no todos los días se ve un cartel con Ferrera, Perera y Talavante juntos. Y mientras algunos repetimos, otros toman los ricos helados y tarrinas del lugar, en tanto uno de la Tercera Edad que está en mi ángulo de visión, que echa una siesta de no te menees, ajeno al mundanal ruido.
A punto de coger media insolación, tras la tarrina de rigor, cogemos el hato y nos vamos a casa a recuperar el resuello y descansar. Y es que hay que volver a las siete, que desfilan las mulillas y eso no quiero perdérmelo. Pero de las mulillas y de lo que allí aconteció lo contaremos en una próxima entrega, si Dios quiere.

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