21 de Junio, 2007
El pan de Kukina
Este mediodía, a la hora de comprar el pan, que me paso por una
panadería reciente. Se llama Kukina, está en la plaza de Santa María de
la Cabeza, junto al bar-restaurante La Aldaba. Y, además del pan, que
proviene de la Panificadora Hermanos Domínguez, de la barriada Llera,
venden dulces, helados, refrescos, chucherías y cosas así. Y al llegar
me veo que no queda casi nada. Todo el pan vendido. Y antes de coger lo
que quedaba, un par de bolsas de bocadillos y molletes, que voy y me dirijo a la chica de la tienda: --¡Qué barbaridad, cuánto pan se come por aquí! --Pues no, al contrario, que en esta zona apenas compra pan la gente. --¡No me diga! --Aquí no se compra pan diario. --¡No me diga! --Se llevan un pan y les dura 2 ó 3 días. --¡No me diga! --A lo mejor es que están haciendo régimen. --¡No me diga! --Pues esta gente tendrá muchos apartamentos y pasará 15 días en la playa, pero se gasta poquísimo en pan. --¡No me diga! --Claro que hay tres días a la semana que sí compran. --¡No me diga! --El lunes, el jueves y el sábado, que son los días que más vendo --¡No me diga! --Y el resto, con el pan metido en la nevera. --¡No me diga!
KUKINA Quien
así me habla es Ana, la gentil dueña de la tienda, con sólo cuatro
meses abierta al público, una chica amable de 22 años, aunque parece
que tiene menos. Y el nombre de la tienda es porque de niña le llamban
Cuqui, de ahí lo de Kukina, con k de kilo. Y, por si no lo sabíais,
Kukina seguro que se presenta a la Policía nacional, que una de sus
hermanas es Policía local. Así que ya sabéis con quién nos jugamos los
cuartos cuando vayamos a comprarle el pan a Kukina, en la plaza de
Santa María de la Cabeza, junto a La Aldaba.
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Manolo, un kiosquero preocupado
Los comerciantes de la zona de la plaza Conquistadores y alrededores
están preocupados. Razón no les falta. Están perdiendo clientela a
pasos agigantados desde que hace unas semanas comenzaron las
excavaciones en el aparcamiento de Adeba, donde va un aparcamiento
subterráneo y una plaza en su superficie. Y Manolo Lobato, mi kiosquero
favorito, situado en medio de la vorágine, que me lo cuenta todo.
--Mire, don Pedro, hemos bajado las ventas un 30 % desde que se iniciaron las obras.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Como está todo lleno, si no hay aparcamientos, la gente no viene, y si viene, ve lo que hay, se da la vuelta y se va a Carrefour y a otros sitios.
--¡¡¡¡¡¡¡
--En un mes hay quienes hacen 9.000 euros menos de caja, que me lo cuentan los comerciantes de la plaza, que son amigos míos.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Si es que las obras van muy despacio. Hasta ahora van 7 metros excavados.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Y se necesitan 14.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Y vamos a estar así hasta 2009, mucho tiempo me parece ésto.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Y la Asociación de Vecinos de Santa marina que le ha escrito una carta al Ayuntamiento.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Y el alcalde dice que va a hablar con la constructora para que se den un poco más de prisa.
--¡¡¡¡¡¡¡ --Pero tampoco puede ser mucha, que las obras deben hacerse bien. --¡¡¡¡¡¡¡
--Pues como tarden mucho, algunas tiendas de la plaza tendrán que cerrar, que los alquileres son bárbaros.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Que digo yo que podrían darnos alguna ayudita en créditos a bajo
interés o algo así, como hacen con los agricultores cuando hay una
sequía o un temporal de lluvias.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Y es que a los autónomos no nos hacen caso.
--¡¡¡¡¡¡¡
--A los del campo, con cuatro gotinas van y les dan ayudas a fondo perdido.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Mire, mi mujer acaba de venir ahora, después de haber dado cuatro
vueltas por la zona, para encontrar sitio al final en el llano de San
José.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Y luego están los polis municipales, que no te dejan aparcar en doble fila para que saque las mercancías.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Sí, estos nuevos, que van de paisano poniendo multas por nada.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Pues a mí me han puesto el otro día una multa de 120 euros por
aparcar ahí delante, mientras bajaba las cajas de mercancías para el
kiosco.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Mira que les dije que había sido un momento.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Pero me dijeron que llevaba más de media hora, y ellos saben que no es verdad. --¡¡¡¡¡¡¡
--Así que tuve que hablar con algunos de sus jefes y al final me la rebajaron a 20 euros, menos mal.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Con las fatigas que nos cuesta ganarnos el pan, que Toni y yo estamos
aquí desde las 9 de la mañana hasta las diez y media de la noche.
--¡¡¡¡¡¡¡
--Pues a mí me parece que no nos queda más que "ajo" y "agua".
--¡¡¡¡¡¡¡
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Acabó el curso
Se acabó lo que se daba y mañana, día 22, nuestros niños y mozalbetes se
despiden del cole y de los Institutos. Termina el curso 2006-2007 con
la entrega de las notas y será el momento para las alegrías y las
lágrimas, según hayan sacado buenas notas --progresen adecuadamente-- o calabazas --necesitan mejorar--, que
de todo hay en la viña del Señor. También es el momento para las
recomendaciones finales de los profesores a las familias: que
aprovechen el verano para, además del chapuzón en la playa y el
campamento de verano, darle un repaso a las asignaturas más flojas, a
la lectura recreativa... Que hay tiempo para todo: para el recreo y el
descanso, por una parte, y para el repaso y el estudio, por otra. Lo de
siempre, lo de toda la vida. Buena suerte y felices vacaciones, zagales.
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Vostell-Los Barruecos, pasión por el Arte y la Naturaleza (y II)
Terminada la primera parte de la parte contratante, que nos
arrellanamos divinamente en un lugar anejo a las Salas expositoras del
Vostell-Malpartida, antiguo Lavadero de lanas, en el corazón de Los
Barruecos. Va a comenzar el concierto de la noche y el lugar está lleno
hasta la bandera. Actúa el tenor Alonso Torres, el Plácido Domingo de
Extremadura, al que acompaña la pianista María del Castillo ventosa. El
mozo, con 36 tacos, semblante picaruelo, ofrece la estampa de los
tenores románticos, con largas patillas y chaleco floreado. Y sentada
en la primera fila, allí que estaba Mercedes Vostell, una dama
encantadora y amable, una de las columnas del Museo de Malpartida,
trabajadora nata, incansable, a quien no se le caen los anillos, no, y,
menos, ahora, que él no está. Y mi Alonso, tal como los cuatro tenores,
que hizo una exhibición, con temas de todos los palos. En su primera
parte interpretó pequeñas piezas de Mozart y Böhm, a las que siguieron
temas populares como "Stranger in the night" y "Blue Moon", cerrando
con "Se equivocó la paloma" y "Amapola". Ni que decir tiene que el
personal aplaudió a rabiar al tándem Alonso-María del Castillo al
término de cada una de sus intervenciones. Tras un breve descanso,
continuaría la gala lírica, en medio de la aprobación general del
respetable. Y cómo sería la cosa que no sonó ningún movilata y los
muchos pequeñuelos que había se comportaron como si estuvieran
acostumbrados a asistir a este tipo de conciertos. Y en su segunda
mitad, el tenor y la pianista lo bordaron, con el público entregado. Y
las piezas que interpretaron fueron "Noche de ronda", "Morucha", "Mujer
de los ojos negros", "Yo no sé qué veo en Ana Mari" --y yo, tampoco--,
"Romanza de los vareadores" --sensacional-- y "Rosso", zarzuela en
catalán para agasajar a la pianista acompañante. Al final, el público,
puesto en pie, les dedicaría una sonada ovación, entre vítores y
bravos. Y, como mandan los cánones, el dúo regaló un bis al respetable,
interpretando magníficamente, por cierto, un trozo escogido de "La
tabernera del puerto".
COLECCIÓN ARTISTAS CONCEPTUALES Faltaba
poco para las once de la noche, en ésto que estábamos recogiendo el hato para iniciar el camino de regreso en el bólido J. Martín,
de La Lapa city, cuando va el
excelentísimo Agapito, que quiere enseñarnos la Colección de artistas
conceptuales, que está en una sala aneja, por cierto. Y allá que se va la troupe de
Amigos del MEIAC, pastoreada por la institutriz Soledad, que la ocasión
la pintan calva. Y a fe que resultó amenísima, divertida y para sacarte
de tus casillas, tres en uno. Y allí que vimos una serie de cuadros,
montajes, instalaciones, cuadros-objeto y esculturas de lo más atípico
e inverosímil. Sólo una muestra de las 70 obras que contiene,
pertenecientes a medio centenar largo de autores de medio mundo,
ligados al Museo desde el mismo año de su fundación, en 1976. Y aquí
tengo que hacer un inciso sobre estas obras, donde reina la libertad,
mejor dicho, el libertinaje, y los espectadores pueden participar, dejando de ser mirones pasivos, para convertirse en actores,
pero sin cobrar derechos de autor que valga, que nadie se lleve a
engaño. Todo ello, rodeado de una atmósfera de ironía y buen humor que
no sabes si reir, carcajearte, emocionarte, soltar unas lagrimitas o
dar un portazo sin decir adiós, muy buenas. Eso sí, nada de lo que veas te dejará
indiferente. Rercordemos, el arte contemporáneo nos trae otros lenguajes para expresar ideas, sentimientos y emociones (Agapito dixit).
Independientemente que unos consideren estas realizaciones como Arte,
con mayúscula, otros, arte, con minúscula, y otros más, camelo, tongo o
timo de la estampita, hay una cosa innegable: la extraordinaria
imaginación y la capacidad creativa de sus autores. Para quitarse el
sombrero o la boina. Y una vez en la Sala, el omnipresente Agapito
que nos daría un voltio, explicándonos algunas de las obras expuestas,
sus autores, sus significados. Y es que en estos montajes, la mayoría
de sus elementos --muebles, vestidos, máquinas, recipientes, juguetes
y un sinfín de pequeños objetos cotidianos-- han sido colocados fuera
de sus contextos, perdiendo su significado individual para formar un
conjunto que dice otra cosa, Sinforosa. Si no se advierte este doble
sentido, existe el riesgo de quedarse uno bizco pardales o, lo que es peor, volverse majara perdido para los restos.
LA VIDA, SEGÚN YOKO ONO Como
el cuadro de Yoko Ono, viuda del beatle John Lennon: un inmenso cuadro
en blanco, con una abertura en la parte superior, por donde salen las
ramitas verdes de una maceta. Significado: Vida. La repera limonera,
tíos. O el violín colgante, que puede ser tocado por cualquiera de
nosotros gracias a una púa movible, con un motorcillo en la base del
experimento, originándose un "concierto" único. O cuatro enormes
viñetas de un cómic alemán, idénticas todas ellas, con tres polis. Que
quiere representar el poder repetitivo y machacante de la publicidad
contemporánea. Lo que supone el enorme poder de inducción de los
mass media. Genial. O la mesa de ping-pong, con... ¡tres redes y un montón
de paletas atípicas! Los reglamentos, las normas que nos marcan la vida, a hacer puñetas. O la pirámide de paquetes de cartón, cerrados y
sellados, conteniendo objetos personales y cotidianos de la vida de su
creador. Un homenaje a la cotidianeidad. Paquetes que, por cierto,
pueden ser manoseados y colocados en el orden que uno quiera. O el carrito de bebé del año de la pera, repleto de innumerables muñecos, juguetes y símbolos de la vida moderna, incluido un San Pancracio, el del perejil. Una colección veraz de símbolos y puñeterías de la modernidad. O el
espacio central, ocupado por cinco sillas antiguas y de variado diseño,
con unos enormes carteles explicativos, en español e inglés, sobre cada
una de ellas. Invitando a sentarse o a prohibirlo expresamente con
mensajes muy motivadores. Y la gente, sentándose ricamente o huyendo
como alma que lleva el diablo de alguna de ellas. El montaje más visto
de todos los del Museo, sin duda. Pasadas las once de la noche, por
allí aparecieron el director del Museo, José Antonio Agúndez García y
Mercedes Vostell, que se enrollarían divinamente con la expedición del
MEIAC pacense. El director, que estuvo amabilísimo, además de contarnos
un montón de detalles que no conocíamos, se mostró encantado de la
visita, invitándonos de nuevo a volver con más sosiego y tiempo. Así da
gusto, colegas. Anda, lo mismito este director que otro que yo conozco
en Badajoz, que, por no dar, no da ni los buenos días. Y con
Mercedes, a quien no le gusta eso de "viuda de", se mostró encantadora
todo el tiempo con nosotros, todo el mundo a hacerse una foto de
recuerdo --que nos hicimos la tira--, emplazándonos para otra ocasión.
Y que sea pronto. Eran las once y media pasadas de la noche, algo
insólito en la visita a un Museo, cuando al llegar al microbús, sí, el
de J. Martín, de La Lapa city,
resulta que no arranca y allí que tenemos que empujar la expedición al
completo, todos a una. Y como era noche cerrada y veíamos menos que el
ciego del Lazarillo de Barcarrota, el dire, el tal Agúndez, que se
prestó como improvisado taxista para llevarnos en un santiamén por
donde vinimos, que los accesos son, como ya sabéis, y más de noche, de
juzgado de guardia. Y esta fue, a grandes rasgos, la pequeña crónica
de una visita a un Museo extraordinario, atípico donde los haya, el
Vostell-Malpartida, con un personal competente que nos atendió como si
fuéramos de la familia. Un Museo, en fin, que debe ser motivo de
orgullo de los extremeños, nos gusten más o menos algunas de las obras
que allí se exponen. Y como dijo alguien: "Volveremos".
FE DE ERRATAS En la primera parte de la parte contratante, el abajo firmante deslizó
una errata mayúscula e imperdonable. Resulta que sitúa en 1974 la boda de Volf Vostell y Mercedes Guardado Olivenza, cuando en
realidad se casaron en Cáceres en 1959. Y es que con tanta "movida" vostelliana, con los cables cruzados tras la visita, es lo menos que me pudo pasar. Lo siento.
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Muy grata tu crónica del Corpus de San José
Estimado Pedro:
Ha sido muy grato leer tu crónica sobre el Corpus de San José.
"El otro vicario".
Francisco García Portalo efegepe@terra.es
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Arranca el verano
Esta tarde comienza el verano en el hemisferio Norte o boreal.
Astronómicamente hablando, claro. Que la climatología va por otro lado
muchas veces. Que he tirado de mi Calendario Zaragozano, ese que nunca
falla y puedes estar al loro de los equinoccios y solsticios, del
tiempo que va a hacer, de las fiestas, etc., y me dice que esta tarde,
a las 18:06, exactamente, entra el Verano por estos pagos. Solsticio
quiere decir, en latín, "Sol quieto" o "Sol detenido". Por lo que hoy
será el día más largo del año. Y, por consiguiente, la noche más corta.
Aunque luego se la adjudiquemos por tradición popular a San Juan, el
Patrón, la noche del 23. Al ser un día eminentemente solar, con la
mayor luminosidad del año --que eso es realmente el solsticio--
tendremos más tiempo para nuestras cosas, incluyendo buscar la dichosa
aguja que se nos perdió en el pajar hace la intemerata, que hay luz de
sobra.
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ZoomBlog vuelve a fallar
Otro parón de ZoomBlog, desde las 11 de la mañana hasta prácticamente las cuatro de la tarde, han paralizado los accesos al blog. Tanto del abajo firmante como de sus muchos seguidores. Problemas técnicos con el servidor, te dicen desde la Casa. Pues ya son bastantes los parones que estamos teniendo, colegas. No obstante, sigo confiando en sus técnicos, faltaría plus. Quien esté libre de errores, que levante la mano.
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Vostell-Los Barruecos, pasión por el Arte y la Naturaleza (I)
La
semana pasada, los Amigos del MEIAC organizaron una visita al Museo
Vostell, de Malpartida de Cáceres, dentro de su política de
acercamiento a otros Museos y Muestras de Arte contemporáneo, tanto de
la Región como de otros lugares de España. Y a tal efecto fletaron un
microbús --J. Martín, de La Lapa city--
para los amantes del Arte que nos atrevimos a sortear una tarde-noche
amenazante de lluvia, que luego se transformó en un sirimiri, tanto a
la salida como el regreso. El resto de la jornada el cielo se portó. Y
allá que nos presentamos 19 contemporáneos con arte y ganas de conocer
mundo, la inmensa mayoría (16), madamas de buen ver, y el resto, 3
marominos de nada, incluyendo al abajo firmante. Primer enigma: el Arte
contemporáneo, ¿cosa de las doñas? Segundo: ¿dónde andaba el grueso del
pelotón de los Amigos del MEIAC, que son 120, en números redondos? Pues
resulta que, al mando de una tal Soledad Cruz, la amable institutriz de
los Amigotes del MEIAC, llegamos a Malpartida --a 15 km. de Cáceres--
con algún retraso sobre el horario previsto. Pero de aquí al Museo
--sólo 3 km. de distancia-- los accesos, sin indicadores dignos de tal
nombre y con las "carreteras" en obras, se convirtieron en un
laberinto. Y no nos metimos en Portugal porque Dios no quiso. De
juzgado de guardia los accesos, como para pedir el Libro de
Reclamaciones contemporáneas en cuantito que llegáramos. Y
desembarcar del microbús y mirar el paisaje y los alrededores, con el
edificio del Museo al fondo, aquéllo nos cambió el semblante. Estábamos
en el corazón de Los Barruecos, extraordinario paraje granítico lleno
de berrocales, monumento paisajístico como pocos en nuestra Región.
¡Qué maravilla! Subiendo
por un camino rústico y con vistas de impresión a diestro y siniestro,
llegamos al Museo. Un caserón romántico. Un palacete ducal. Un cortijo
señorial. Un antiguo lavadero de lana de hace 200 años, magníficamente
conservado y adaptado para usos artísticos y contemporáneos. Otra
maravilla. Y
allí que estaban esperándonos. Toda una corte de empleados, guías y
responsables, con su director al frente, el simpar José Antonio Agúndez
García. Y
en el patio, en jarras, figura menuda, mirada penetrante, cabeza
rapada, camisa blanca a cuadros, mangas arremangadas y pantalón
vaquero, allí estaba él.
EL GUÍA ¿Quién,
si puede saberse? ¿Un émulo de Yul Brinner? No. ¿El alcalde de
Malpartida? No, hijo, no. ¿El manijero del cortijo? Tampoco. ¿Uno de
los hijos de Vostell? Podría serlo, pero no era... Se trataba de un tal
Agapito, Gómez, por parte de padre y González, por parte de madre.
Técnico de Arte. Contemporáneo, faltaría plus. El guía. Pero no un guía
cualquiera, no, señor, mire usted. Sino el mejor guía de Arte
contemporáneo que uno pueda encontrarse en muchos kilómetros a la
redonda, hasta San Petersburgo y Cincinatti, por lo menos. Con un
conocimiento cabal de lo que se traía entre manos, adobado con buenas
dosis de Psicología, Pedagogía, Medio Ambiente y la biblia e pasta. Y
allí que nos daría una soberana lección sur le terrain,
sobre la historia del lugar, su reconversión en Museo --desde 1976 para
acá, con las decisivas intervenciones de la Junta en 1994 y 1998-- y la
aparición del genial artista alemán Wolf Vostell en Extremadura (1958),
famoso descubridor de la técnica del Dé-coll/age, padre del Happening en Europa, iniciador del movimiento Fluxus
y del videoarte y no sé cuántas novedades más. A lo que seguiría la
novela de amor por entregas Vostell-Mercedes Guardado-Los Barruecos
--lugar paradisiaco, calificado por Vostell como "obra de arte de la
Naturaleza"--, que todavía continúan sus capítulos, a pesar del
fallecimiento del fundador (1998), las colecciones que alberga el
Museo, sus autores, sus obras, las fechas, etc., etc. Y
lo primero que te suelta el menda es que "el techo del Museo es el
cielo", así, por las buenas. Un recinto que ocupa unos 14.000 metros
cuadrados, perfectamente adecuado para el Museo y las visitas. Una
"perfecta conexión entre el Arte y la Naturaleza, entre el Arte y la
Vida", las dos palabras claves de la filosofía de Vostell. Y que nos
anuncia las tres colecciones que alberga el antiguo Lavadero: la Wolf y
Mercedes Vostell, la del peculiar movimiento Fluxus
(de finales de los 50 y principios de los 60), libertad total de
creación, sin normas ni directrices, con la importantísima colección
donada por el italiano Gino di Maggio --más de 250 obras-- y 30 autores
más de medio mundo, y la de Artistas conceptuales, con 70 obras de 56
autores diferentes, que rompen todos los esquemas y dan participación,
incluso, al espectador, que pasa a ser usuario. Y antes de entrar por
sus salas, que nuestro Agapito nos da un resumen de la vida del tal
Vostell (1932-1998), con todo lujerío de detalles, desde su azarosa
infancia, contando que "hizo una crónica de lo que estaba pasando en el
mundo", usando como fetiches de sus creaciones elementos aparentemente
tan socorridos, pero fundamentales en la vida y la cultura
contemporáneas, como son los coches, el hormigón, los televisores y las
radios, Internet... Y ante las críticas que este tipo de creaciones
están generando hoy día, mi guía favorito dijo que "los contemporáneos
utilizan un "idioma" diferente al de los clásicos, Zurbarán, Goya,
Picasso..., que también fueron renovadores en sus tiempos,
revolucionarios, incluso".
LA SALA VOSTELL Y aleccionados como Dios manda, que entramos en el sanctasanctorum de Los Barruecos-Vostell. Pero antes nuestro proverbial introductor artístico que nos dejaría parados en seco: --Voy a hablar de vosotros. --¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Sí,
de nosotros, de nuestra sociedad, de nuestras formas de vida. Y es que
cuando cruzamos el umbral parecía como si estuviéramos en la puta
calle: ruido por aquí, sonidos de máquinas por allá, música y gente
hablando por acullá... Pero, ¿ésto que es? "La modernidad", nos
contestan. Y allí que nos quedamos extasiados, con la boca abierta
viendo la obra vostelliana: un viejo "haiga", desconchado, con cientos
de platos vacíos a su alrededor --símbolos de las desigualdades de la
sociedad opulenta y el hambre del Tercer y Cuarto Mundos--. Y es que
todos los elementos que vemos en el interior tienen un significado. --¿Se puede hacer fotos? --pregunto tímidamente al guía. --¡No! --¡A hacer puñetas! --me dije por lo bajini. --¡Pero vosotros, todas las que queráis! --¡Gracias, generoso! --le contesté. Este
muchacho es una joya. Como que acabará de director, en cuanto el
Agúndez deje el sillón vacío cuando vaya a hacer un recado de cerca. Y
que nos lleva a ver el gigantesco cuadro "Mitos Berlín" (4,90 x 8,76
metros), el "Guernica vostelliano", como también se le conoce,
utilizando elementos varios como el acrílico, el hormigón, chapa de
automóvil, televisores y vídeos sobre lienzo. Y
el todoterrenal guía que hace un alto y nos cuenta parte del
enternecedor encuentro Wolf-Mercedes, en 1974, en Guadalupe, siguiendo
los rastros de los Zurbaranes de la sacristía del Real Monasterio.
Ella, maestrina de escuela del lugar, dejó las mesas y los bancos,
lleno de niños y niñas, por el maromo teutón, y se casarían a los seis
meses de conocerse. Velaí. Parece ser que, al verse las caras, la maestrina cacereña dijo eso tan clásico: --Este guiri de tan buena pinta, me lo quedo. ¡Y
vaya si se lo quedó! A lo que seguirían mil y una historias menudas
para contar y no acabar, un Museo, dos hijos, cientos de obras,
Exposiciones sin cuento, miles de documentos, catálogos, papeles... De
película de las caras, colegas. Tan arrobaditos estábamos con la peli, que apenas nos enteramos de la siguiente orden del guía en jefe: --¡Y, ahora, a la escuela! --¡¡¡¡¡¡¡¡ Pues,
sí, señoras y señores, que el menda nos llevó a la escuela, pero una
escuela especial, de aspecto desagradable, llena de pupitres y sillones
viejos y desconchados, con... ¡televisores y radios encima de las
mesas! Desvencijados, llenos de pinturas, abiertos en canal y, encima
de las cajas tontas..., ¡pellas de hormigón! "Las teles y las radios,
como las grandes escuelas de la vida", sentencia míster A. Y "el
cemento es el cerebro humano, los sesos, petrificados de tanta tele".
"Medios que nos manipulan", remata filosóficamente el menda.
MOVIMIENTO FLUXUS Y en otra pausa, que va el guía de marras y nos dice que el movimiento Fluxus
surgió en los años 50 y 60, formado por una infinidad de gente de lo
más variopinta --poetas, arquitectos, escritores, pintores,
filósofos... --pero con una única finalidad: "llevar la Vida al Arte y
el Arte a la Vida". Y representados en el Museo, nada menos que 31
autores de medio mundo. Gente que "se planteaba la vida como un juego,
pero referido a la cotidianeidad", donde campan por sus respetos la
democratización, la libertad, el azar... Y
en otra de las salas, que vemos algo inenarrable: una obra de Dalí, el
genial pintor de Cadaqués, muy amigo de Vostelll, por cierto, con quien
se intercambió algunas obras. Ideada en los años veinte y llevada a
cabo por Vostell en 1988. Se titula "El Telón de Parzival" y consiste
en veinte motos antiguas, marca Sanglas --de las que usaba el servicio
motorizado de la policía personal de Franco--, superpuestas en cinco
filas, a modo de telón vostelliano. Mientras suena la música de la
ópera de Wagner, "Parzival". Impresionante. Totalmente
descolocado por tanta provocación --ya sabemos cómo se las gastaba
nuestro ínclito Salvador, el maromo de Gala-- y a punto de que mis
cables se fundieran, que recibimos otra orden del ilustrísimo A: --Atención, atravesando esa puerta vamos a entrar en otro mundo. --¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ ¡Efectivamente!
Después de tanto ruido, ver tantos coches, televisores, radios,
máquinas, huesos, telas, chapas... , iluminado todo casi
tenebrosamente, al abrir la dichosa puerta llegamos al paraíso. Qué
digo paraíso, el Embarcadero del Lavadero, con un embalse
extraordinario y unas vistas soberbias. Ideal para descansar del
mundanal ruido, olvidarnos de las penas del día a día, de esta sociedad
que nos consume y nos contamina por los pies. Atrás, la necesaria y
puñetera Civilización que nos ha tocado vivir. Y delante, la
Naturaleza, en vivo y en directo. Como para sacar una tienda de campaña
y quedarse un finde por los alrededores, tíos. Y vengan fotos y más
fotos. Y la gente, encantada de haberse conocido con este "diálogo"
Arte-Naturaleza, tan caro para Vostell y sus epígonos. Y
tan a gustito estábamos, sin mirar que eran pasadas las nueve y media
de la noche, que casi no nos enteramos que, en otra parte de este
magnífico lugar, iba a comenzar un concierto. A cargo del tenor
cacereño Alonso Torres, acompañado al piano por la profesora placentina
María del Castillo. Pero de esta función y de lo que aconteció después
--que hubo otros episodios dignos de contar-- hablaremos en un a
próxima entrega, si Dios quiere.
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