16 de Junio, 2007
Los hijos de Gran Hermano atacan de nuevo
Dicen los que los han contado uno a uno que en España hay 42 millones de
móviles en manos del personal. La mitad de ellos, con cámara
fotográfica y de vídeo incorporada. Y eso que somos 45 millones de españolitos, por lo que
tocamos casi a uno por barba. Pero el asunto que se las trae es que
detrás de tanto movilata con cámara hay mucho excusao, mucho curioso de
la vida y milagros del vecino de enfrente, de la profe del Instituto,
de los amigotes de la panda, de la vecinita de la playa...
Por lo que no es de extrañar que se den "robados" de imágenes a
mansalva para, instantes después, aparecer en Internet en actitudes
comprometidas, cuando no vejatorias. Sin comerlo ni beberlo. Sin cobrar
derechos de imagen ni nada. Por la cara. Abusando de tu propia imagen.
Los hijos de Gran Hermano se multiplican, señoras y señores. Como las
ratas de cloaca. Así que, atención al parche. No nos dejemos sorprender
por estos nuevos aprendices de brujo, los muy cabrones.
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La edad del abuelo
Una tarde cualquiera, un nieto charlaba con su abuelo sobre los acontecimientos actuales. Entonces, de repente, que va el nieto y pregunta: --¿Qué edad tienes, abuelo? Y el abuelo respondió: --Bueno, déjame pensar un momento... Nací antes de la televisión, las vacunas contra la polio, las comidas congeladas, la fotocopiadora, las lentes de contacto y la píldora anticonceptiva. No existían los radares, las tarjetas de crédito, el rayo láser ni los satélites artificiales. No se había inventado el aire acondicionado, el lavavajillas, las secadoras, que las prendas se ponían simplemente a secar al aire fresco. El hombre todavía no había llegado a la Luna y no existían los aviones a reacción para pasajeros. Tu abuela y yo nos casamos y después vivimos juntos, y en cada familia había un papá y una mamá. "Gay" era una palabra respetable en inglés, que significaba una persona contenta, alegre y divertida, no homosexual. De lesbianas, nunca habíamos oído hablar. Lo mismo que de fulanas y querindongas, sólo de mujeres "de la vida". Nací antes de que aparecieran los ordenadores, las dobles carreras universitarias y las terapias de grupo. La gente no se analizaba, salvo que el médico les ordenara un examen de sangre o de orina. Hasta que vine de la "mili", llamé a cada hombre, "señor", y a cada mujer, "señora" o "señorita". En mis tiempos la virginidad no producía cáncer. Nuestras vidas estaban gobernadas por los 10 mandamientos de la Ley de Dios, el buen juicio y el sentido común. Nos enseñaron a diferenciar entre el bien y el mal y a ser responsables de nuestros actos. Creíamos que la comida rápida era lo que la gente comía cuando tenía prisa. Tener una relación era llevarse bien con los primos, los vecinos y los amigos. No se conocían los teléfonos inalámbricos y, mucho menos, los móviles. Nunca habíamos oído hablar sobre la música estereofónica, las radios FM, las cassettes, CD's, DVD's, máquinas de escribir eléctricas, calculadoras, ni siquiera mecánicas, menos aún las portátiles. "Notebook" era una libreta para anotaciones. "Sale" se decía cuando alguien salía de casa. A los relojes se les daba cuerda cada día, no había que ponerles las pilas. No existía nada digital, ni los relojes ni los indicadores con numeritos luminosos en los cacharros del hogar, ni en las máquinas. No
había televisión, sólo la radio, y los que podían. Y cuando nos sentábamos a comer o a
cenar, hablábamos todos, padres y hijos, de nuestras cosas. Hablando de máquinas, no existían los cajeros automáticos, los microondas ni los despertadores con radio y reloj incluídos. Por no hablar de los vídeo-cassettes, ni las cámaras de vídeo y de fotos. Las fotos no se veían al instante y en colorines. Las había sólo en blanco y negro y su revelado y copiado tardaba más de tres días. Las de colores no existían. Si en algo ponía "Made in Japan" se lo consideraba sospechoso, de mala calidad, y no existía "Made in Korea", ni "Made in Taiwan", ni "Made in Thailand", ni, mucho menos, "Made in China". No se había oído hablar de "Telepizza", "Pizza Queen" o "McDonald's", del café instantáneo, ni de los endulcorantes artificiales. Había tiendas donde se compraban chucherías por 1, 5 y 10 pesetas. Los
helados y los refrescos, los paquetes de pipas y los caramelos, el
palocazul, la azofaifa, los barquillos de canela, las castañas
pilongas, los higos pasos y los tostones nos costaban 1 y 2 pesetas. Los
domingos por la tarde veíamos películas en el cine de barrio en sesión
doble. Y, si podíamos, nos colábamos, lo mismo que en el fútbol. Si
queríamos desplazarnos deprisa, teníamos las bicis y las motos. Y
cuando las comprábamos es porque nuestros padres tenían el dinero
ahorrado. No pedían anticipos ni préstamos a ningún Banco. En mi tiempo, "hierba" era algo que se cortaba y se echaba a los animales y no se fumaba; "coca" era un refresco. "Chip" significaba un pedazo de madera, "hardware" era la ferretería y el "software" no existía. Fuimos la última generación que creyó que una señora necesitaba un marido para tener un hijo. Ahora, dime, muchacho, ¿cuántos años crees que tengo? --¡Ufff!..., abuelo... ¡Por lo menos, 200! --No, hijito, ¡sólamente 63!
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Más sobre el C. D. Badajoz
Cuando dices Cerrete, creo que debes referirte al árbitro Ferrete,
que provocó repetidos escándalos en nuestro añorado El Vivero. Y, sí señor,
se decía mucho eso de "eres más malo que Ferrete".
Como citas a varios jugadores de aquellos tiempos en el C. D. Badajoz,
te recuerdo los que pudieran haber sido los más importantes, ya que
fueron los que consiguieron el ascenso del equipo por primera vez a la Segunda división:
Félix (Rabanero, portero suplente) De la Osa,
Azcona, Fiesta; Zamorita, Pablito; Isidoro, Alonso, Salvador, Jiménez y
Velázquez
Con el murciano José Valdor "Sierra", de entrenador, quien
algunas temporadas después volvió a ocupar el mismo cargo, pero ya sin
el mismo éxito. ¡Impresionante temporada aquella! Goleadas semanales.
Saludos cordiales.
Juan Hernández Rodríguez jhdzrgz@hotmail.com
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Recordando la calle de San Juan en Badajoz
Decir
en Badajoz calle de San Juan es nombrar el puro centro de la ciudad
pacense antigua. Donde el trasiego de personas era inmenso y centro
comercial por antonomasia. Era peatonal, como muchas de sus calles
vecinas, por lo tanto, cerrada al tráfico de vehículos de aquellas
fechas, que si bien no es el de hoy, es cierto que sí había lo suyo. Prácticamente,
todos los pacenses hacían sus compras en la calle de San Juan y las
próximas, además, otras actividades también se situaban en su
aledaños. Ni qué decir tiene que en los días festivos la aglomeración
era máxima por los paseantes desde la plaza de Minayo a San Juan y
vuelta. Ya se sabe cómo eran aquellos tiempos, las niñas en fila
horizontal de cuatro/seis, hablando entre ellas y detrás los encelados,
o séase, los varones, haciendo comentarios en alto de las muchachitas
preferidas. Miraditas, risitas y alguna carrerita más que otra en las
chicas. Así, una vez y otra, hasta que, si la suerte acompañaba, el
varón y la mujer formaban otro conjunto, no distante de los primeros,
pero con cierta autonomía. El preludio de un noviazgo, ya era mucho el
terreno recorrido, si bien aquéllo podía durar más de la cuenta. Dos o
tres años era lo normal, después conocer a los padres de la novia y no
veas qué preocupación. Si el recorrido calle de San Juan-Plaza
Minayo-San Francisco-Castelar tuviera azulejos recordatorios de los
noviazgos que allí empezaron, sería digno de ser leído y visitado. La
ruta de la conquista. San Juan, patrón de Badajoz, por lo tanto, se
puede entender que era la mejor calle, la principal, con todos los
comercios de renombre. La calle de San Juan daba paso al campo de San
Juan o plaza de España, la plaza más céntrica de Badajoz. El
Ayuntamiento, la Catedral, los Bancos, las Cafeterías, las paradas de
Taxis, las paradas de Autobuses, conformaban el negocio mercantil de la
Ciudad. Los corredores y tratantes de ganados, los corredores de fincas
rústicas, de siempre citando a posibles adquirientes de productos de la
agricultura. El lugar de referencia para el forastero con el pacense, San Juan. Las
viviendas siempre pensé que pudieran ser copiadas de otras ciudades,
tal como Sevilla, por la influencia de la mentada ciudad. También,
otras de principio de siglo XX o finales del XIX. Por el número de
pisos que cada una tenía, su construcción no era muy alejada en el
tiempo. No obstante, todos los edificios habitables tenía buena
presencia, de gente adinerada. En el día de hoy, si bien hace mucho
tiempo que no la visito, presumo que, como todos los centros urbanos
modernos, ni sombra de lo que fue.
Valentin Rodriguez Rodriguez valentinpacense@gmail.com
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