La calle Hermanos Vidarte, inaugurada
Este mediodía, sobre las 12 y en un acto tremendamente sencillo y
emotivo, el alcalde de Badajoz procedió a la apertura oficial de la
calle "Hermanos Vidarte (Emilio y Manuel)". Con temperatura calurosa,
allí nos concentramos una veintena larga de personas, en su mayoría
familiares de esta prolífica saga, comandados por la matriarca, doña
Amalia, hermana viva de los recordados Emilio y Manolo. Con 87 años
cumplidos, sonrisa siempre a flor de piel, con ese collar de perlas que
le sentaba divinamente, reloj a la última y paquete de pañuelos a mano,
que las emociones estaban por llegar. Como los achaques le hacen ir en
silla de ruedas, doña Amalia vino en taxi, uno de esos que van
adaptados para minusválidos. Muy bueno lo suyo, doña Amalia.
Lógicamente, contando con la presencia de los periodistas y los
fotógrafos de la prensa local. Y allí que saludamos a nuestros ínclitos
Enrique y Manolo, hijos de Manolo, y a Juan Carlos, de Emilio. Los tres
fotógrafos vidartianos en activo, y el último, autodenominado "asesor
filosófico", con su famosa lambretta.
La que usara su padre, una de 1957, matrícula BA-9200. Que ya ha
llovido, ya. Además de a otros hermanos, sobrinos, primos, novias y la biblia
en pasta. Y eso que faltaron algunos por encontrarse fuera de Badajoz.
Echamos de menos alguna representación de la emprendedora Asociación de
Vecinos de San Roque. También es verdad que la hora no era muy
católica, que digamos, pero Ramón Olivenza, su activo presidente, que
debiera estar al tanto de los "nuevos" vecinos, podría haber mandado a
un propio. Pero en su lugar estuvo el "Vidarte de San Roque", un tal
Juan José Benítez Becerra, un tipo que trabaja en Aqualia, un
investigador y fotógrafo aficionado que se conoce el barrio como la
madre que lo parió. Y todo, recogido básicamente en fotografías de hace
20-30 años para acá. Ni que ni pintado.
LA CALLE La calle
--qué calle, aquéllo es una avenida-- es una paralela a la variante
Norte de San Roque, también conocida por avenida Manuel Rojas Torres,
alcalde de Badajoz de recordada memoria. Y, como tantas otras de esta
zona de expansión de la ciudad, está por rematar. Bloques por aquí,
solares pendientes de edificar por allá, construcciones en esqueleto por
acullá, pero todo, convenientemente urbanizado. Nada de los barrizales
y los atascos de antaño y con todos sus servicios --agua, luz, etc.--,
a pie de obra. Todo muy rebonito, pero entrar a la calle por Manuel
Rojas se las trae, colegas. Que te puedes perder y luego, venga a dar
vueltas, ahora que la gente no está familiarizada con los nombres de
las calles. Y unos minutos después de la hora anunciada, que llegaría el
alcalde, flanqueado en esta ocasión por dos concejalas: una veterana,
que se va a la Asamblea, Cristina Herrera, y otra, novata, María del
Rosario Gómez de la Peña. Y en este punto no tengo más remedio que
reconocer el buen gusto del primer edil pacense, a quien en los últimos
actos públicos hemos visto acompañado por dos concejalas de buen ver.
Que lucen mucho más, dónde va a parar, que la pareja de maromos que
algunas veces lleva de escolta, serios y sosotes como ellos solos. Y es
que, a este paso y salvando todas las distancias, nuestro don Miguel se
está convirtiendo en el don Hilarión posmoderno, siempre con su Casta y
su Susana del brazo, los personajes de la popularísima zarzuela La
verbena de La Paloma. Pues que no decaiga la costumbre. La placa a
descubrir, tapada por la bandera de Extremadura, estaba en la fachada
del número 13 de la calle, un edificio de cuatro plantas. Y con tanto
trajín callejero, que salieron también algunos inquilinos de la casa y
se unieron al acto. Como doña Magdalena Cansado, de 81 años, dueña del
bajo, en su silla de ruedas, llevada por su lazarilla, Paulina Bueno. Y
después de las presentaciones de rigor, el alcalde, al alimón con doña
Amalia Vidarte, y arropados por media docena de familiares, descubrieron la placa, entre los aplausos de la
concurrencia. Y allí podía leerse:
Hermanos Vidarte (Emilio y Manuel). Fotógrafos siglo XX
Y
luego vendrían las fotos de familia. Por miles, qué menos en una
familia de fotógrafos. Y, lo nunca visto, que en el grupo más numeroso
sale también la lambretta, como uno más de la familia. Foto con niño, se decía antes. Ahora, foto con lambretta.
FAMILIA DE ARTISTAS Y
que llega el Alcalde y se pone a hablar a la gente, que había formado
un corro, con ese estilo cercano y familiar que hace encantadores sus
breves discursos. Y, después de mostrarse encantado de haberse conocido
por estar en esta zona de Badajoz, que crece de manera imparable, con
todo el suelo urbanizado, que hablaría de la amistad que le unía a
Manolo y Emilio, sus vivencias de otros tiempos, calificando a los
Vidarte como "familia de artistas, ciudadanos ejemplares, que deben
sentirse orgullosos de su trabajo", "que para triunfar o tener calle no
hace falta ser Premio Nobel ni General". Para rematar con una anécdota
inédita del abuelo Enrique, el padre de Emilio y Manolo. Resulta
que don Enrique era el fotógrafo taurino que, al llegar la feria de San
Juan, se iba a la finca de don Lisardo Sánchez, en Bótoa, a fotografiar
a los toros bravos para los periódicos y las revistas de la época. Y en
una ocasión, con su vieja cámara de cajón y trípode instalada en los
corrales, resulta que, atento al tiempo de exposición, dentro del
manguito de la cámara, comprobó que el objetivo le había puesto al
bicharraco en su punto, perfectamente encuadrado, parecía que estaba
allí mismito, qué impresión, qué estampa, qué poderío..., cuando era el cornúpeta quien hacía por él,
cogiéndolo y mandando a la cámara y al fotógrafo a hacer puñetas. Sin que tuviera
mayores consecuencias el percance, sólo el natural susto. Antes de
marcharse, nueva sesión de fotos, que ha venido gente nueva de la
familia, esta vez con el edificio y su placa de fondo. Y en ésto que
veo cómo Enrique Vidarte --el de la vespa
colorá, aunque hoy ha venido en coche--, que me saca una enorme caja y
se pone a regalar al personal unos botellines conmemorativos. A todos
los presentes, oiga, incluyendo a unos cuantos inquilinos que bajaron a
escape, a unos obreros con casco que miraban y al encargado municipal
de placas callejeras, el de la escalera. Como no hay bares ni
cafeterías en la zona, que todo está por hacer, que nos regala un
botellín de Esencia de Barros, uva tempranillo, un vinodelatierradeextremadura
de las Bodegas Alvisán, de Aceuchal. A. R., naturalmente. Y con una
etiqueta especial, donde, junto a la reproducción de la placa, viene un
texto que lo dice todo: "Gracias. 12 de Junio de 2007". Cosas de
Alberto Vidarte --atención a este nombre, el continuador de la saga--,
experto, además de en fotografía, en diseño, impresión y publicidad en
general. En su acogedor local de Godofredo Ortega Muñoz, por
Valdepasillas, que todo hay que decirlo.
LA SAGA CONTINÚA Los cachorros de los Vidarte
están al loro de la vida moderna, adaptándose a los nuevos tiempos que nos ha tocado vivir, señal
de que la marca Vidarte nos acompañará largo tiempo. Entretanto, el
detalle del Ayuntamiento pacense con la inauguración oficial de la calle ha servido para que Badajoz reconozca públicamente
el trabajo ejemplar de sus abuelos. Enhorabuena.
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