10 de Junio, 2007

Pensión El Firmamento

Por El Avisador - 10 de Junio, 2007, 19:11, Categoría: General

En mi calle ha abierto un nuevo local hotelero. Humilde como pocos y para todos los bolsillos. Pero no es de cuatro estrellas, ni de tres, ni de dos. Tampoco de una, que es de cuarto y mitad de estrella. Por eso no viene en las listas de hoteles, residencias y pensiones de ringorrango de Badajoz. La pensión El Firmamento, que así se llama, tiene unas vistas de impresión, los mejores cielos de Badajoz, sólo para tus ojos, rodeada de un bosquecillo donde abundan los abetos, las acacias y los plataneros. Pero aquí hay un problema, Houston, y es que tiene sólo una cama, una. Y el régimen hotelero no es de pensión completa ni media pensión, que es de cuarto y mitad de pensión. Sólo para dormir. Que para desayunar, comer y cenar, hay que buscarse la vida por esos andurriales de Dios.
Resulta que, junto a una pequeña arboleda de la calle, hay un hueco en el frondoso seto y allí uno de los aparcacoches del barrio ha instalado su cama-nido. En el puto suelo. Con una manta, un cojín y un cobertor de los que la gente tira al contenedor de basuras cercano. Y el inquilino de la pensión, cuando llega la noche y no tiene dónde caerse muerto, que allí se acuesta. Tan ricamente, sin que nadie le moleste. Bien abrigado, por cierto. Aunque sin pijama ni zapatillas. Con lo puesto. Y sin el coñazo de tener que lavarse los dientes antes de acostarse, que el agua corriente la tiene cortada, sólo la que lleva en una botella.
Pensión El Firmamento, junto a El Corte Inglés, en la pacense plaza de Conquistadores, donde el precio del metro cuadrado construído es el más caro de Extremadura, Andorra y Gibraltar.

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Una de gatos y patos del Guadiana

Por El Avisador - 10 de Junio, 2007, 1:49, Categoría: General

Ayer, sábado, con tiempo espléndido, agradable temperatura, aunque algo fresquita, el todo Badajoz se echó a la calle para disfrutar de los lugares con especial encanto de la ciudad: paseos, plazas, parques y jardines, además de las proximidades del río. Castelar estaba como nunca, con cientos de vecinos, especialmente familias jóvenes con sus pequeñuelos, pasando la tarde junto a los patos y las palomas del parque, a los que cebarían con gusanitos y otras chucherías. En tanto otros muchos hacían cola en la zona de juegos infantiles, tal era la afluencia de niños. El bar, abierto a la ciudadanía también, contribuiría con sus veladores a la relajación y al descanso vespertinos.
Pero al salir del parque, que oímos cómo del Zurbarán cercano vienen aires de boda. Y es que en unas de sus terrazas una orquestina estaba atacando diversas piezas de los 60, mientras los invitados bailaban y se tomaban las primeras copichuelas de la noche. Y, mirando, mirando, que no vemos a los novios. ¿Y dónde andarán?, nos dijimos. Haciéndose las clásicas fotos, seguro. Mira por dónde que, al pasar por Puerta de Palmas, allí que estaba la parejita de marras. Acompañada de una corte de fotógrafos para hacerse las clásicas fotos delante del señorial monumento pacense. La novia, con un escotazo de aquí te espero, iba blanca y radiante, como en la canción, en tanto el apuesto maromo, con bigote y perilla, iba de galán maduro, haciendo una pareja de fotonovela. Y allí que se harían mil y un arrumacos, cirigoncias, poses y besos para la posteridad, mientras un buen número de curiosos nos agolpábamos en los aledaños, dándole a la pestaña que daba gloria. La sesión de fotos se completaría en la cercana plazuela de La Cruz, en tanto del guateque de la terraza zurbanesca nos llegaban los compases de Tequila, Si yo tuviera una escoba, Un rayo de Sol y Eva María. Canciones retro para un bodorrio posmoderno.

GATOS Y PATOS
La placidez de la tarde invitaba a seguir el paseo y nos metemos en el puente Viejo, el de Palmas, muy transitado, por cierto, tal como una calle más de Badajoz. Y, mirando a diestro y siniestro, comprobamos cómo el puente más antiguo de la ciudad continúa en estado calamitoso, con sus paredes pintarrajeadas por los bárbaros posmodernos. Y las placas conmemorativas del suelo, hechas añicos por algunos descerebrados de este pueblo, sin que nadie haya osado arreglar tales desmanes. La Junta, que el Ayuntamiento, y el Ayuntamiento, que la Junta. Que es la propietaria del puente, por cierto. Y unos por otros, y la casa sin barrer, y a los vecinos que nos den por saco. Y eso que somos los contribuyentes. Pero ni puto caso.
El río, con sus aguas tranquilas, coadyuvaban a la placidez de la jornada, en tanto cientos de aves acuáticas se enseñoreaban de sus aguas y de la vegetación palustre, abundantísima en estos tiempos que corren. Como de selva tropical es el aspecto que ofrecen las orillas del río, tal es la densa vegetación que las cubre. Y entre tanta fauna ribereña, tengo que dar constancia de una especie nueva por estos pagos: el felis domesticus pacensis Guadianae. El gato doméstico pacense del Guadiana. He dicho bien, gato, con g. Aunque también haya patos, con p. Y es que, de manera insólita, junto a las isletas por bajo de los primeros ojos del puente, hay una familia de gatos. No sé si bien o mal avenida, pero gatos, haberlos, haylos. Y llevan allí la intemerata. Hartos de vivir con los hombres, que les dan mala vida. Gatos que se largan con viento fresco, que la vida está muy perra, por cierto. Gatos hambrientos que buscan peces, tal vez, uno de sus platos favoritos, a la orillita misma del río, que saben mejor que los que vienen en lata. Gatos cazadores de patos, que también se ven, que los hay a decenas. Y es que el Guadiana, a su paso por Badajoz, se está convirtiendo en una reserva de patos. Por lo que es muy frecuente ver la escena de mamá pata, seguida de ocho patitos, haciendo cuá, cuá, cuá. Así y todo, tanta patochada no nos impide contemplar desde el puente unas vistas extraordinarias del Casco histórico de la ciudad, su silueta urbana, al norte, o las puestas de Sol, hacia poniente, cuando el día camina hacia su ocaso por Portugal.
Visto lo visto, Badajoz, en las tardes primaverales, paseando por sus parques, cruzando el puente o a la orilla del río, es un oasis de paz y tranquilidad que no tiene precio, colegas.

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