9 de Junio, 2007
Corpus Christi en Badajoz: la fiesta barroca
Según
cuentas las crónicas del Siglo de Oro, a las cinco de la madrugada,
hora solar, se iniciaban los oficios litúrgicos del día con la
presencia de los cabildos secular y eclesiástico y el templo abarrotado
de fieles. Una hora más tarde se sacaba la Custodia hasta el campo de
San Juan y se la colocaba en un tablado elevado, bajo dosel, junto a la
puerta del Cordero, dando frente a la calle de Fernando Becerra.
Contiguo a este tablado se elevaban otros dos más reducidos, ocupados
por la Ciudad y las Religiones. En el mismo, y bajo toldos, se situaban
el Prelado --cuando asistía--, el deán y el Cabildo. Ocupados con
grandes cortesías los asientos, a las ocho se daba principio a los
autos sacramentales, a los que solían añadirse danzas y comedias de
santos, hasta que daba la una de la tarde. A esa hora, bajo un sol
justiciero y con el trayecto convenientemente entoldado y alfombrado de
juncia, se iniciaba la procesión. Cortejo que, por lo general, subía
por las calles de San Juan, Carnicería y Zapatería hasta la Plaza Alta,
donde hacía estación en un altar levantado junto a las Casas
Consistoriales, entonándose villancicos y otros cánticos solemnes, para
regresar por la calle Mesones, plazuela de Juan de Fonseca, calle de
Gonzalo de Hoces y campo de San Juan, recogiéndose de nuevo en la
Catedral sobre las tres de la tarde. Según las crónicas de la época, el
magnífico cortejo se disponía alrededor de la Custodia según
estamentos, jerarquía y antigüedad. Además del Obispo y cabildos,
ataviados con sus mejores galas, asistían el clero regular y secular y
los vecinos de la ciudad encuadrados en gremios y cofradías, con sus
Imágenes patronales e insignias, acompañados por músicos y danzantes en
carretas tiradas por mulas y bueyes, siguiéndoles las parroquias y
comunidades religiosas de la ciudad por riguroso orden de antigüedad,
el cabildo de la Catedral, con la capilla musical en torno a la
majestuosa Custodia de Juan del Burgo, portada en andas por cuatro
capellanes de coro. Cerraba el cortejo el Obispo, con las dignidades y
el Ayuntamiento a ambos lados del prelado: a mano derecha, el
Corregidor, y a mano izquierda, el regidor más antiguo. Cubría el trono
el pesado palio de brocado, portando los varales de plata ocho
regidores.
La
procesión, junto con su corte de comisarios, mayordomos, fiscales,
alguaciles, pajes, soldados con uniformes de gala, etc., componía un
retablo pintoresco y abigarrado que despertaba la admiración de cuantos
lo presenciaban, en especial de los campesinos y lugareños venidos de
los pueblos y aldeas próximos a Badajoz. Los festejos concluían después
de nona, ya casi en el crepúsculo, con la representación de una nueva
comedia de santos. El lunes anterior a la fiesta se celebraban
imponentes corridas de toros en la plaza pública y la víspera, al caer
la tarde, se representaban en el tablado anejo a la Catedral diversas
obras de capa y espada. Ya anochecido, los regocijos continuaban en las
casas de los mayordomos de gremios y cofradías, donde se adornaban y
velaban las Imágenes que acompañarían al Santísimo el día “grande”. El
domingo de la infraoctava salía de la parroquia de Santa María del
Castillo la procesión del Corpus “chico” y el miércoles siguiente
concluían las celebraciones con la veneración pública de la Eucaristía
en el claustro de la Catedral.
Los
badajocenses y los cientos de forasteros venidos de toda la comarca,
además de asistir a los actos religiosos, se deleitaban con las
distintas representaciones teatrales de la época. Organizadas
conjuntamente por el Cabildo religioso y los gremios, tenían como
último fin llegar al corazón del pueblo llano e instruirle en los
misterios de la fe cristiana. El cabildo de la Catedral encargaba
siempre una comedia a lo divino sobre la vida de algún
santo, en la cual era corriente que los comediantes introdujeran
algunos pasajes no muy devotos. Los gremios de barberos y zapateros
contrataban siempre dos autos sacramentales y el de los sastres, una
comedia de capa y espada, que más de una vez fue censurada por las
autoridades, celosas de que nada indecente se introdujese en estas
representaciones, ni en los bailes y entremeses con que se alegraban
estos festejos teatrales. Aparte de las farsas alegóricas de Diego
Sánchez de Badajoz, durante la época barroca en la ciudad se representó
una gran variedad de autos sacramentales, comedias de santos, coloquios
y comedias de asuntos bíblicos. Algunas de estas comedias eran
anónimas, como es el caso de los coloquios, pero otras se debían a
dramaturgos tan ilustres como José de Valdivielso, Lope de Vega, Tirso
de Molina o Calderón de la Barca.
La
diferencia de jurisdicciones, el afán por conseguir puestos de mayor
preeminencia en la procesión y, por qué no decirlo, los excesos e
irreverencias que se producían en las representaciones, dieron lugar a
innumerables pleitos y controversias entre los dos Cabildos, el Obispo
y los Regidores locales, y entre éstos y los gremios y las cofradías.
Ante las continuas quejas por los “abusos, indecencias e irreverencias”
que se cometían, el Obispo Juan Marín del Rodezno (1681-1706) consiguió
que en 1693 la Sagrada Forma dejara de presidir los autos; y, poco
tiempo después, que las representaciones teatrales desaparecieran de la
fiesta, de tal forma que a principios del XVIII los autos del Corpus
badajocense habían pasado a la historia.
La
decadencia del Corpus vendría en el XVIII, el Siglo de las Luces, y
aunque las representaciones persistiesen en determinados lugares
durante algún tiempo, Carlos III publicó en 1765 una Real Cédula por la
que prohibía definitivamente los autos y comedias en la fiesta. Iguales
censuras del Rey mereció la presencia en muchos de los desfiles del
Corpus de figuras grotescas como gigantones, enanos, tarascas y
dragones. En 1780 fueron excluidos definitivamente de las procesiones.
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Canta y baila con nosotros
Por estas fechas, nuestros muchachinos andan de fiestas y celebraciones
escolares. Que llega el final de curso y hay que hacer una exhibición
de lo mucho y bueno que se hace en las aulas todo el año. Por eso son
tan comunes los ruidosos festivales de Fin de Curso, con los pabellones
y teatros de nuestros Centros abarrotados, contándose con la presencia
de padres, abuelos, hermanos, primos y amiguetes. Y, como vengo
haciendo desde hace unos años, no me pierdo nunca el festival de los
Maristas, donde estudian Laura y Clara, mis dos nietecillas. Y este
año, la cosa se llamaba Canta y baila con nosotros. Y a fe que
cantaron y bailaron los zagales y las mozuelas del Cole, desde 1º de
Primaria hasta los últimos de Bachillerato. Con músicas y canciones de
todo el artisterío nacional e internacional, especialmente los que más
suenan, los más famosos, los más "in". Y no penséis que hubo 6, 8 ó 10
intervenciones. Qué va. Que hubo... ¡más de veinte! Y reiros del festival
de Eurovisión, del Womad y del de Peraleda de San Román, mi pueblo,
juntos. Y cuando salieron las niñas de 2º de la ESO, donde iba Laura,
el teatrillo que estuvo a punto de venirse abajo, porque cantaron un
popurrí con canciones de Natalia, Abril Lavigne, las Spice Girls y María
Isabel, más una de Los Benjamins Lyrics que se llamaba "Noche de
entierro". Lo último de lo último. Como os lo cuento. Y la gente no
lloraba de pena por lo del entierro nocturno de marras sino que reía y aplaudía a más no rabiar. Y sus compis, brazos
en alto, pidiendo que repitieran. Incluso los hubo que les hicieron la
ola. Y es que el colegio de los Maristas, desde que hace algunos años admitieron a las niñas como alumnas, parece otro. Más alegre y vital, más moderno y actual. Que era lo que necesitaba, que la imagen que daba con tanto niño serio y empollón era de sosería y aburrimiento. Y las nenas le han dado la vuelta al calcetín. Bien por ellas. Pues yo desde aquí me ofrezco a las mozuelas de 2º de ESO a ser su representante y a contratarles Galas por todos los pueblos de Extremadura este verano. Empezando por Peraleda de San Román, mi pueblo, que me conozco bien a los peraleos. Eso, para empezar, que como la cosa cunda, que aquí hay madera de artistas, podemos triunfar en los mejores sitios del mundo mundial, y la patronal y el que suscribe, con el reglamentario maletín, viajando con todo lujerío y por la cara por tierra, mar y aire. Y, cayendo del guindo, volviendo a los Maristas, la movida que había en el salón de actos y en el gallinero
era de aquí te espero, con decenas de pipiolos, mozuelos y yogurines
yendo de aquí para allá en todo momento. Por mucho que algunos profes
se desgañitaran para que se guardase silencio y compostura. Imposible,
colegas. Y por el escenario pasaría medio Colegio, interpretando todo
tipo de músicas, ritmos y coreografías. Incluso algunos profes darían
la nota, cantando también algunas piezas. Todo ello, play back por
medio y a un millón de watios, entre el clamor de la concurrencia, que
se lo pasaría pipa. Y los padres y abuelos, encantados de haberse
conocido, haciendo tropecientas mil fotos de sus pequeñuelos. Resumiendo,
fiesta escolar estupenda, divertida y ruidosa, como Dios manda, por lo
que los Maristas, además del "factor M", debería acuñar un nuevo
eslogan: "Maristas, cantera de artistas". Enhorabuena.
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Conte
Pues no me voy a referir a nadie que lleve este apellido, sean
artistas, escritores, políticos, economistas, guardacoches o
fontaneros. No. Que en mi calle, la del excelentísimo Capitán General Manuel
Saavedra Palmeiro, los letreros que están de moda empiezan así: Conte.
Y es que, como andamos de obras desde hace tres semanas, hay muchos
camiones y volquetes de escombros en la rúa que dicen Conte ésto, Conte
lo otro, Conte lo de más allá. Y Conte quiere decir Contenedores, que
es palabro muy largo y no cabe materialmente en los laterales de los vehículos. Y ya
tengo anotados tres Contes, tres: Conte Pepe, Conte V. Rolín y Conte El Villa.
Y como se haga famosa la moda de reducir los nombres, al estilo jíbaro,
pronto veremos anuncios en Badajoz que digan: Pelu... Anita, Frute... Pepe,
Pesca... Manolo, Pana... Loli, Carni... Encarni, Ferre..., El Candado,
Zapa..., Zetapé, Inmo..., La Casa de la pradera, etc., etc. Así que
cuando vengan los turistas y lean los rótulos se nos pueden quedar
bizcos pardales para los restos. Por lo no volverán a pisar estos andurriales en sus vidas.
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El himno, que no me lo toquen
Resulta que, no ha mucho, un grupo de futbolistas de élite se ha
dirigido al Comité Olímpico Español (COE) pidiéndole que el himno de
España tenga letra. Como el de tantos y tantos países del mundo
deportivo, que da gloria ver a sus estrellas cantando el suyo propio, compenetrados y a pleno
pulmón, por la tele, antes de jugarse los partidos. Que dicen que nuestro himno, que sí, que es rebonito y tal, pero que sólo tiene música y
los muchachos, cuando no están mascando chicle o rascándose la oreja,
que se ponen a tatarearlo o cantarlo a capela, pero que no es lo mismo,
no. Que les sale algo parecido a ésto:
Chunda, chunda, tachunda, chunda, chunda, tatachún, tachún, tachunda, tatachún...., chunda, tachunda, tachunda, tachún, tatatachún, tachún, tatatachún, ta..., chún...., chunda, tachunda, tachunda, tachún, tatatachún, tachún,
tatatachún, ta..., chún....
Pero
qué patriotas nos han salido ahora los futboleros hispanos, tan sensibles a la cosa familiar, especialmente a las "primas". Por si no
lo sabían, que me parece que no, el himno de España, la antigua Marcha
Granadera, convertida desde 1770 por Carlos III en la Marcha de Honor,
llamada luego por el pueblo Marcha Real, ha llegado hasta nuestros días
sin letra que valga. Salvo en la II República (1931-1939), cuando se
tocaba el himno de Riego, que sí la tenía. Y ahora, 237 años seguidos oyendo
el himno sin letra alguna, que les da la prisa tonta y que quieren
cantarlo. Para salir guapinos de cara en la tele, sin hacer el paripé. Como
hacen en Inglaterra, Portugal, Francia, Alemania, Brasil y tantos otros
países del mundo. Pero, eso sí, bien abracingados Raúl, Villa, Xavi y compañeros mártires, como amiguetes antes de una juerga. Pues
no sé cómo se les ocurre, que no se han cubierto de gloria,
precisamente, cantando el himno oficioso de la Selección en el pasado y
catastrófico Mundial de fútbol. Un prodigio de antiletra. Vean, si no:
A por ellos, oé, a por ellos, oé, a por ellos, oé, a por ellos, e, o, é. A por ellos, oé, a por ellos, oé, a por ellos, oé, a por ellos, e, o, é. A por ellos, oé, a por ellos, oé, a por ellos, oé, a por ellos, e, o, é.
Y,
además, bueno está el patio político en este país, todavía llamado
España, para sacar ahora el tema del himno. Y es que se puede organizar
la Mundial. Además, después de 237 añitos con música, pero sin decir ni
pío, ahora no me vengáis con cuentos patrióticos, tíos. Lo dicho,
que cada cuál y cada cuála, sean las distintas Selecciones deportivas o
individualidades como Alonso, Nadal, Bautista, Pedrosa y demás figuras
del deporte individual español, que se muestren respetuosos a la hora de oir
nuestra Marcha Real, que representan a España, pero el himno de este pueblo, el de Carlos III y su descendiente Juan Carlos I, que no me lo toquen, porfa.
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