8 de Junio, 2007
La calle Hermanos Vidarte se inaugura el 12
A través de Enrique Vidarte Rendón, el fotógrafo amateur de la vespa colorá y uno de los miembros más conspicuos de la saga, me entero que
el Ayuntamiento de Badajoz va a inaugurar, por fín y oficialmente, la
calle "Hermanos Vidarte. Emilio y Manolo. Fotógrafos del siglo XX", el
próximo 12 de los corrientes. La calle en cuestión es una de las
paralelas a la variante Norte de San Roque, junto a la avenida de
Manuel Rojas Torres. Posiblemente corra la cortinilla, al alimón con el
alcalde de la ciudad, Amalia Vidarte, hermana de los recordados Manolo
y Emilio. El acto contará también con la presencia de Juan Carlos, el
otro miembro distinguido de la saga, primo de Enrique y Manolo, además
de otros familiares, periodistas y colegas. Y, por supuesto, seguro que
allí se darán cita una buena representación de los muchísimos amigos
que los Vidarte tienen en la ciudad. El acto está anunciado, en
principio, a las 12 de la mañana. Al que seguirá una copichuela vidartiana, en lugar y hora que oportunamente será anunciada. Enrique, Manolo, Juan Carlos y demás familia, enhorabuena.
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Recordando a la antigua Escuela de Comercio
Me ha gustado leer lo escrito por el amigo Valentín Rodríguez, al que,
sin embargo, no tengo el gusto de conocer personalmente. Yo también fuí
bautizado en la Iglesia de San Agustín y, además, estudié el Peritaje
Mercantil en la Escuela de Comercio, adosada, como bien dice, a la
trasera de aquel edificio. Por ello, puedo aclarar que para
estudiar Peritaje Mercantil no había que tener aprobados cuarto y
reválida, sino que se podía ingresar, al menos, con 11 años. A esa edad
ingresé yo y terminé a los 16, pues la Carrera era de cinco cursos y el
llamado "Conjunto", a modo de Reválida. Recuerdo que dirigía esta
materia D. Alfredo Yanguas Domínguez. Otros profesores eran D. Odón Mª
Navarro Castelao, D. Pablo Salvador Bullón, D. Alfonso Hernán Sanz, D.
Sebastián Bueno Sansano, D. Cecilio Benegas Peña, etc. De todos aprendí
algo y de algunos mucho. Un saludo.
Juan Hernández Rodríguez jhdzrgz@hotmail.com.
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Comercios y bares de otra época en La Estación
Tengo
realizado un pequeño estudio sobre los antiguos comercios de Badajoz,
los que conocí por razón de edad, siendo éstos a partir de la segunda
mitad del siglo pasado. Como
son muchos y con distintas actividades, para no hacer largo los
comentarios, que de por si ya son un poquito extensos, hoy quiero traer
aquí los de la Barriada de la Estación, los más conocidos. En el
detalle que hago, faltan algunos por sus diferentes actividades, pero
ni yo tenía relación con ellos, como tampoco eran muy relevantes,
aclaración que hago de antemano por si alguien estima que los he
olvidado.
Tiendas de ultramarinos: Basilio,
la primera que se encontraba a la salida de la Estación del
ferrocarril, acera de la derecha, haciendo esquina. Al Sr. Basilio lo
conocí ya como hombre mayor, por lo menos unos cincuenta años o más. Su
hijo Pepe, un lujo en el mostrador, inteligente, culto y cariñoso.
Cortaba el jamón de maravilla, aún lo recuerdo con el cuchillo fino en
sus manos. Tuve mucha relación con ellos. Ángela, le decíamos "La Pacheca", supongo su apellido-apodo, no puedo asegurarlo. Mujer muy activa.
Su esposo, de profesión motorista de tráfico de carretera, o sea, la
Policía nacional. Antes, las carreteras estaban vigiladas por la
Policía nacional. Años después, Barrera de Irimo o algún otro ministro
hizo lo suficiente para que la Guardia Civil tomara su relevo. La
Policía nacional, aquello lo entregó a regañadientes. Juanito
Cárdenas, magnífico, mejor persona, atento, servicial al máximo,
trabajador, sonrisa en sus labios y a todos como sí fueron sus mejores
amigos. Su esposa, Juana, (q. e. p. d.), estupenda, belleza al modo de
Ginger Rogers, siempre en su mostrador, dale que te pego. Juanito
tenía un motocarro para la compra y reparto del negocio. Alguna vez
tuvo un accidente grave en el Fuerte de San Cristóbal, del cual se
recuperó bien. Ninguno
de sus hijos quiso seguir con el negocio de los padres. De su hijo
mayor podría contar anécdotas de verdadera risa. Él bien lo sabe, como
muchos otros. Buena persona, amigo de todo el mundo.
Tiendas de mercería, confección: José Delicado Sanchez, pegando al bar Cárdenas. Miguel Gil Tolesano, en la acera de enfrente.
Ferretería: La
ahora conocida por Pepe, pero que antes fue de un familiar suyo. Creo
que eran familia de los del Candado. Muy trabajador, muy entendido en
la ferretería, muchas existencias. Corría el mostrador de lo lindo.
Papelería: Gregoria
Sudón, doña Gregoria como se le conocía. Hermana de don Pedro Sudón, un
maestro que tuve de pequeño, al menos dos años, antes de ir a la
preparatoria del Instituto. Buen maestro, joven, lo conocí soltero.
Todo el aprendizaje que tuve en su escuela me sirvió muchísimo para la
preparatoria de Ingreso y el propio Ingreso de Bachillerato.
Bodega: Bodegas
Peñas, a las traseras de Juanito Cárdenas. Venta de vinos a granel. Las
grandes tinajas para la fermentación de la uva. La de los vinos para su
venta. En la bodega se hacía todo el proceso hasta conseguir aquellos
vinos que yo compraba para mi padre.
Casa de ventas y arreglos de radios: Simancas. Al lado una señora que cogía puntos de media. Con el tiempo pusieron una relojería, pero eso era más moderno. También hubo un estanco que después se trasladó junto al bar Estoril, en una entrada de una vivienda.
Carbonería: Bajando una explanada, que estaba junto a la casa de reparación de los aparatos de radios.
Zapatería: La
de Basilio, hijo, muchos conocimientos contables, los de partida doble.
Muchos conocimientos de matemáticas. En sus años jóvenes estuvo
estudiando su carrera en Madrid, pero una enfermedad truncó sus deseos.
De él aprendí muchas matemáticas y contabilidad. Me daba clase gratuita
en su casa.
Bares: Los más representativos y conocidos: Bar
Cárdenas, justo a la puerta de la parada de los nuevos autobuses de
Badajoz, no del ABC, que éstos paraban en la propia Estación de
ferrocarril. Al lado de la tienda de ultramarinos de Basilio. Bar
muy conocido en toda la Estación y en Badajoz. Siempre con mucha gente,
varios empleados, su encargado, su camarero inolvidable. Toda una vida
junto al propietario, Luis Cárdenas García, y la discreción en todo era
máxima. De su boca nada salía de lo que pudiera conocer de terceras
personas. En aquellos tiempos la medalla al Mérito al trabajo no se llevaba, pero este señor se merecía dos. El limpiabotas, algo bebedor, pero buena persona. El
bar Cárdenas era puntero en el bullicio de los trabajadores del muelle,
de los ferroviarios, de los policías nacionales, de los guardias
civiles, de todos los viajeros del ferrocarril que en aquellas fechas
eran por cientos. El horario del bar, de las 5 de la madrugada hasta
las 2 de la siguiente madrugada, abierto casi las 24 horas del día. Luis
Cárdenas García, lo conocí de mayor. Excelente persona, generoso y muy
buen padre para todos sus hijos y yernos. Si era bueno, que en los
últimos instantes de su vida, junto a mí, moviendo la mano y con una
voz muy tenue, me deseaba que me fuera bien en mi negocio, de reciente
apertura. Dios lo tenga en un sitio de privilegio, junto a su esposa,
muy querida también.
Bar Estoril, frente al Cárdenas. Ambiente frío.Tenía en aquellos tiempos un salón de televisión. Bar Chicago, conocido también por su caseta de ferias del mismo nombre, que la ponía en la feria de San Fernando y de San Juan.
Con
los nombres citados, más o menos se puede vislumbrar la pequeña
historia comercial de la Barriada de la Estación, estando todos
próximos a la Estación de ferrocarril, o sea, a su rebufo. Muy
posiblemente poco quede de los comercios citados, lo que quiere decir
que son muy efímeros, sólo aguantan una generación o, como máximo, dos,
la tercera no existe, o se da raras veces, pero de formas muy
diferentes.
Valentín Rodriguez Rodriguez valentinpacense@gmail.com
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¿Te has enterado que cierran el Bar 101?
Pedro:
¿Te has enterado que cierran el Bar
101? Me ha extrañado que habiendo salido en prensa no escribas una de tus
fascinantes, bonitas y melancólicas crónicas, es toda una institución de
Badajoz. Otro que cierra.
Un abrazo.
Cipriano Sánchez Pesquero csap0006@guindo.pntic.mec.es
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Carlos III en el Salón de Jerez, de Feliciano Correa
Como agua de mayo, recibo de Feliciano Correa, marqués de Siete Torres,
su ración anual de lonchas de jamón de Jerez de los Caballeros, ciudad
de la que es cronista oficial. Pero no creáis que se trata de una bolsa
hermética con cuarto y mitad del mejor ibérico del mundo, el que se
produce en el SO de Extremadura, la Jamonópolis de las Españas. Qué va. Que el
marqués es muy suyo y no hay manera de que se rasque el bolsillo, no.
Como todos los de la hermandad de la Virgen del Puño, oiga. Que se
trata de la novena entrega de sus "Lonchas de papel" (1999-2007),
dedicadas a exaltar, además de las excelencias del jamón de la comarca,
la presencia real o libresca de algún personaje histórico de calado en
Jerez de los Caballeros, la de las Siete Torres. Y en esta ocasión se
intitula "Carlos III en el Salón del Jamón". Sí, el mejor alcalde de
Madrid, el rey ilustradísimo y gran benefactor de las artes y la
cultura en España. Que resulta que en la primavera de 1766 --Feliciano dixit--
"Carlos III vino a cazar a Jerez, visitando las casas chacineras donde
el jamón bueno y bien curado alegró el ánimo del comarca". Y dicen los
cronistas de antaño --seguro que algún antepasado del marqués de las
Siete Torres-- que Carlos III, desde su carruaje, exclamaría ufano al
coger el portante para los Madriles: "Vine a Extremadura la primera vez
para el desposorio de mi hermano, pero no regalé tanto gusto al paladar
como ahora, pocas veces he gozado en el comer como en este sitio de
bosque y fuentes, tan abundante en torres como escaso en puentes". El papel volandero (F. Correa, Carlos III en el Salón de Jerez,
Badajoz, 2007, 4 páginas) fue impreso en los talleres pacense de
Tecnigraf y salió a la luz con motivo de las gastronómicas
celebraciones del XVIII Salón del Jamón de Jerez de los Caballeros, que
tuvo lugar en mayo de 2007.
Pues, nada, señor marqués, bienvenida sean todas sus lonchas, aunque
sean de papel, que también alimentan, aunque no saben a jamón,
mismamente.
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El teatro, con Lalo
Alejandro, Lalo, se merece esas palabras y muchas más. Amigo Pedro, antes de que tu nieta Laura "cayese en sus manos" como promesa gozosa de la literatura extremeña, otros chicos y chicas, actores y actrices extremeños, ya habían disfrutado del buen trato, el cariño y la entrega de Lalo, Catalina y su equipo de Coca-Cola. Quienes creemos en el teatro como alternativa para nuestros jóvenes y como elemento cultural de primer orden, no podemos hacer otra cosa que sumarnos al Avisador y a sus palabras.
Miguel Murillo Gómez Director Consorcio Teatro López de Ayala BADAJOZ
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El toro bravo en La Raya, de José María Ballester
Desde hace tiempo, afortunadamente, son legión las iniciativas, los
estudios y las experiencias que tienen a La Raya como marco ambiental.
Hasta el momento, uno ha tenido conocimiento de actividades puntuales
como El patrimonio abualartado en La Raya, El turismo en La Raya, Las
gastronomía en La Raya, Las fiestas en La Raya, Las artesanías en La
Raya, y dale con La Raya. Pero nunca había tenido delante de mi algo
tan insólito como El toro bravo en La Raya.
Rareza bibliográfica y fotográfica, por cuanto se trata de un Catálogo
de fotografías taurinas del pacense José María Ballester, que ha
recogido, en impresionantes documentos una muestra de las mejores
ganaderías de bravo que pastan en La Raya. Otra vez, y van... Las fotos
son de impresión, primeros planos, con los bicharracos mirándote no con
muy buenas intenciones, por cierto, con esos pelajes a cual más
llamativo, esas cornamentas de aquí te espero, como para salir
corriendo. Y en este librillo de 70 páginas, bellamente impreso en
Indugrafic, tenemos ocasión de admirar las soberbias estampas de toros
rayanos con cuajo y trapío para dar y tomar de 19 ganaderías, 19, tanto
españolas como portuguesas. Y lo primerito que hay que hacer es
situarlas en un mapa de La Raya --¿cuántas van, que me he perdido?--,
que viene a doble página (10-11), con todo lujo de detalles. Y de las
19, vemos que ocho están situadas bien al SO, en una zona que delimitan
Valverde de Leganés, Olivenza, Alconchel, Cheles y el río Guadiana, que
hace frontera. Y si queremos saber quién es quién, también nos ofrece
información sumaria, pero indispensable, acerca de cada ganadería, sus
propietarios o representantes, las direcciones habituales, incluidas
las de Internet, los colores de sus divisas, las señales en las orejas,
su antigüedad, las fincas donde pastan sus toros, los antecedentes
históricos de las mismas, su genealogía, vamos, y la procedencia
actual. Incluso de algunas viene el nombre del mayoral, que también
tiene su parte. Y este plantel está formado por las siguientes ganaderías, puestas por orden alfabético:
Luis
Albarrán González, Juan Albarrán, Alcurrucén, Herederos de Antonio
Arribas, Carriquiri, Conde de la Corte, Francisco Luis Caldeira, Luis
Terrón Díaz, José Luis Iniesta, Victorino Martín, Monteviejo, Murteira
Grave, Ortigão Costa, Peralta, Píriz Carvallo, Francisco Romão, Juan Antonio Romão de Moura, José Luis Vasconcellos de Andrade y Zalduendo.
Nombres
que "sonarán" seguramente a los buenos aficionados a la fiesta de los
toros, por cuanto sus corridas se lidian regularmente en las mejores
plazas de España, Portugal, Sur de Francia y Hispanoamérica. El
Catálogo viene con un prólogo de Francisco Miguel Sánchez Calzado,
director general de Protección Civil, Interior y Espectáculos Públicos,
una sucinta pero interesante Introducción de Santiago Ortigão Cuesta,
ganadero, titulada "El toro bravo y la dehesa" y unas palabras de
agradecimiento del autor. Y me quedo con un breve pero sustancioso
párrafo del mentado Ortigão Cuesta, cuando dice que "la dehesa
extremeña y alentejana se funden una en la otra sin que casi nos demos
cuenta. Este ecosistema tan importante en nuestras economías hace de él
un lugar único en el planeta, por su biodiversidad y por los productos
de excelencia que produce". Y sigue: "La crianza del toro bravo, en
conjunto con las prácticas ancestrales utilizadas en esta región, hacen
del toro bravo un fiel guardián de este precioso ecosistema". Y remata:
"El hojear este bello libro que ve ahora la luz nos invita
principalmente a dos cosas: a defender nuestras tradiciones y raíces
culturales, sin complejos, que es la mejor garantía para la buena
convivencia entre los pueblos, y por último a disfrutar de nuestra
dehesa, de sus riquezas y del toro bravo en su entorno natural.
Hagámoslo". Sí, señor, así se dice. Pues el abajo firmante ya lo
está está haciendo, dando carrete en El Avisador a este bello Catálogo
de estampas intitulado El toro bravo en La Raya, obra de José María Ballester, fotógrafo de Badajoz. Por último, decir que los padrinos de esta edición son la Consejería de Presidencia de la Junta de Extremadura, la Dirección general de Protección Civil y Espectáculos Públicos, también de la Junta, y el Gabinete de Iniciativas Transfronterizas, más de lo mismo.
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Antiguos cuarteles en Badajoz
Badajoz,
como ciudad limítrofe con Portugal, como capital de provincia, en el
siglo XX siempre tuvo un gran número de soldados de todas clases,
Infantería, Caballería, Artillería, Intendencia, Sanidad, Zona de
reclutamiento y Movilización, Hospital militar, Gobierno Militar, por
lo tanto, al menos un General de Brigada, Coroneles, Tte. Coroneles,
Comandantes, Capitanes, Tenientes, Subtenientes, Brigadas, Sargentos,
la tropa, con cabos primeros, cabos y soldados sin graduación, lo que
conlleva cientos de militares en sus cuarteles. Cada
uno de ellos era fácil distinguirlos por su emblemas en las solapas de
la guerrera (tiene otro nombre lo del emblema pero no me acuerdo). En la segunda mitad del siglo XX, los cuarteles, por armas, eran:
1. Infantería, muy numerosa, en el cuartel de Menacho. El más antiguo. Junto al Corte Inglés. 2. Infantería mecanizada, más moderno, Cuartel de Sancha Brava. Carretera de Valverde. 3.
Cuartel de Caballería. La entrada del cuartel, con su garita de
vigilancia, estaba en lo que es ahora el principio de la avd. de
General Rodrigo. La parte trasera, con sus murallas tipo "vauban" y
glacis para defensa de la muralla de los obuses de artillería. El
Instituto de Enseñanza nuevo, sus patios, daba a los traseras del
citado cuartel. El glacis, la luneta, las trincheras, etc., son medidas
defensivas que en la antigüedad eran muy útiles en caso de ataque. 4. Artillería, lo que es ahora el hotel Zurbarán, y su trasera. La antigua Zona de Reclutamiento y la Caja estaban allí. 5.
Intendencia militar del Ejército de tierra, en la calle Santo Domingo,
lo que es ahora el principio de la avd. de Colón, junto a la iglesia de
Santo Domingo y el cuartel de la Guardia Civil. Sus
grandes carros, tipo diligencias de mercancías, tirados por varios
caballos. Iban a la Estación de ferrocarril, a los cuarteles, al
polvorín, etc., etc. 6.
Intendencia de Aviación, estaba en avd. Carolina Coronado, por la mitad
de la misma. Margen derecha, desde el Puente Viejo. Próximo a la
confluencia de la calle de nuevo nombre, Pintor Barjola. Esta
Intendencia era mucho más pequeña. 7.
Sanidad, en el Hospital Militar, en el Castillo. Edificio de trazas
siglo XVI o más moderno. Las ambulancias, robustas, con mucha chapa de
hierro, cuadradas, en la gran cruz roja en sus costados y en el techo. Aún no existían las luces destellantes de emergencias. El arma de Ingenieros Zapadores estaba en el cuartel de Menacho.
Es
fácil comprender que, a la hora de salida de paseo de la tropa, sobre
las 5 de la tarde, Badajoz se llenara de soldados de todas las armas.
San Francisco, Castelar, plaza de Minayo, calle del Obispo, San Juan,
División Azul, Plaza Alta. Por la plaza Alta daban rienda al
"charabasqueo", propio del soldado joven. El
soldado de aquella época vestía muy modestamente, aunque con dignidad.
El tocado de la cabeza o gorro, era de pico, con un borlón rojo en la
parte de la frente. Soldado
de aviación, más moderno, en la Base Aérea de Talavera la Real. Bien
vestido, con el mismo tocado, pero sin borlón. Color de la guerrera y
pantalones, azul, no llegando al marino, este color era el destinado a
los marinos de guerra. Este
tipo de soldado se notaba que era más moderno, al unísono de las
unidades de las cuales formaban parte. No podía ser de otra manera. Las
fotos de las calles principales de Badajoz en aquella época, si se
hacían por la tarde o en domingo, los soldados, al menos de espalda,
salían siempre. El fotógrafo Paredes, apodado "El Fenómeno", por los 50
y 60 hizo muchísimas fotos a los soldados para sus recuerdos del
servicio militar en Badajoz. Parece que tenía la exclusiva para ello,
al menos, alguna vez así creí entenderlo. Su hijo, mi amigo Paredes,
también siguió la misma profesión, pero ya con estudio abierto en las
proximidades de San Francisco. Con
la homogenización de las armas o cuerpos, con la modernidad de los
Ejércitos, los cuarteles, los servicios inherentes a los mismos y los
soldados, todos han desaparecido de Badajoz-capital. Existen nuevos acuartelamientos en las cercanías de Bótoa. Cosa que no conozco de nada. Por último, decir que la recluta forzosa en España no existe. El soldado profesional es el que forma el Ejército español de nuestros días.
Valentin Rodriguez Rodriguez valentinpacense@gmail.com
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Lidia, la de la declaración de la Renta
Como todo españolito responsable de sus obligaciones, ayer cumplíamos la patronal y el que suscribe con el mandamiento fiscal que nos hace cumplir Hacienda todas las primaveras, presentando la declaración de la Renta en el antiguo y siempre recordado Hospital de San Sebastián, de Badajoz. El viejo Hospital Provincial. Emblemático y céntrico edificio, ya en desuso, que está a la espera de que, en un futuro no muy lejano, sea reconvertido en flamante Parador Nacional. Y con puntualidad británica que acudimos a la hora fijada, provisto del número de cita. Y allí nos esperaba en su patio central un laberinto de 22 cubículos de atención al público, a cargo de 22 empleados de la Hacienda pacense. Y nos tocaría una tal Lidia, joven contratada que sabía lo que se hacía. Con una profesionalidad y agrado dignos de encomio, en un plis plás nos resolvería el par de dudas que le planteamos al mostrarles nuestros pertinentes borradores. Y en el chiringuito, provisto con un potente ordenador conectado con Gran Hermano, una impresora especial y una calculadora para los operaciones rutinarias, la tal Lidia que nos despacharía en ocho minutos, ocho. Y, a todo ésto, dándonos varias opciones para que escogiéramos siempre la que más nos convenía. Y después de las pertinentes preguntas y respuestas, comprobando los numerinos y las letras del DNI y tal, sacaría las papelas en un visto y no visto, sin equivocarse, sin repetir, sin un fallo técnico, a la primera. --¿Se las llevan para examinarlas en casa y entregarlas después en el Banco o las dejan aquí? --nos preguntaría al final. --Las entregamos aquí, hija mía. Venga esa firma. Y en el adiós sólo faltó darnos un beso de despedida. Y no la conocíamos de nada. Y la tal Lidia que se quedaría en su cubil esperando al siguiente contribuyente, bien provista de un botellín de agua y de una revista de humor, para los tiempos muertos. Y así llevan Lidia y compañeros mártires desde el 16 de abril, estando previsto que acabe su trabajo de colaboración con el público hasta el 2 de julio. Así da gusto, colegas. Que Hacienda, o séase, el Estado, ponga la alfombra y a personal tan cualificado como Lidia para cumplir con nuestras obligaciones. Y, sin que sirva de precedente, no tengo más remedio que ponerle este año a Hacienda un 10 en atención al ciudadano.
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