En estas noches preveraniegas, cuando el fresco alivia a la población,
es una delicia darse un garbeo por las avenidas y plazas modernas de la
ciudad. Como es el caso de la plaza de La Molineta y la avenida del
pintor José Pérez Jiménez, en Valdepasillas. Y por la noche, paseando o
sentados en sus bancos, contemplando las evoluciones de sus fuentes, es
todo un remanso de paz para el espíritu, que se aquieta después del
trajín de la jornada diaria. La magnífica iluminación ambiental permite
vernos los caretos en todo momento y saber quién está más allá.
La
plaza tiene el encanto de sus setos y parterres bien cuidados, junto
con su arboleda, con muchas palmeras de gigantesco fuste. Y, en el
centro, una señorial fuente circular de cinco grandes chorros
centrales, acompañados por decenas de chorritos secundarios. Las
evoluciones periódicas del agua, en la noche pacense, causan sensación
y relajación, a un tiempo. A partir de las 10 de la noche, una vez que
las jóvenes familias con sus pequeñuelos han ahuecado el ala, la plaza está
ocupada por gente de edad, pensionistas y jubilatas, que bajan a tomar
el fresco y a estirar las piernas después de cenar. Así como por gente
joven, parejas y amigos, que se enrrollan divinamente en los bancos de
forja del lugar. El bulevar Pérez Jiménez, inusualmente limpio, con sus
dos pequeñas fuentes, también tiene su encanto. Y la posibilidad de ver
cómo una pareja de jóvenes se da un beso a tornillo --qué beso, un
morreo en toda regla--, de diez minutos de duración. Las ventajas del
vivo y en directo sobre la tele y el cine, sin intermediarios que valga.
Lo
dicho, tomar el fresco en Badajoz por la noche, junto a sus grandes
fuentes iluminadas, es un pequeño placer al alcance de todos los pacenses.