Han pasado las elecciones municipales y autonómicas en Extremadura, y
en Badajoz, claro. Y han dejado, como no podía ser menos, un reguero de
triunfadores. Que todo el mundo sabe quiénes son, porque sus caretos
han salido tropecientas mil veces, con la mejor de sus sonrisas, en las
teles y en los papeles, haciendo la V de la victoria, abrazados,
besados y agasajados por sus fans hasta la extenuación. Y como ejemplo
de triunfitos por estos andurriales, los más laureados serían Guillermo
Vara, del PSOE, futuro presidente de la Junta de Extremadura, Miguel Celdrán, del PP, que
repite con autoridad en la Alcaldía de Badajoz, y por cuarta vez
consecutiva, y Ángel Calle, del PSOE, que se aúpa por vez primera en la de Mérida.
Y
a la hora de escribir sobre perdedores, no tengo más remedio que poner
negro sobre blanco los nombres de Carlos Floriano, líder regional del
PP, derrotado limpia y claramente por Vara, Víctor Casco, de Izquierda Unida (IU),
que no ha sacado ningún diputado a la Asamblea --"un desastre sin
paliativos", según reconoció al final del recuento de resultados--,
perdiendo, incluso, los tres que tenía, y, ya a nivel del municipio
pacense, a Paco Muñoz, líder del PSOE, que se ha quedado en minoría
frente a Celdrán, y a Nicasio Monterde, de Badajoz Tuyo (BT), que no reunió
los votos necesarios para conseguir un escaño en el Ayuntamiento
pacense.
Y en las horas que siguieron al veredicto popular, la noche del 27-M, en
contraste con la exultante alegría de los ganadores, hubo desolación,
caras desencajadas, lágrimas y, en algunos casos, anuncios explícitos
de tirar la toalla, de irse a casa. Como sucedió con Carlos, Víctor y
Nicasio, que Paco ha dicho que acepta la derrota, pero que seguirá en
el tajo, al frente de la oposición, toda la legislatura.
PERDEDORES
No sé por
qué, pero siento una especial predilección por los perdedores. En este
caso, por Carlos, Víctor y Nicasio. Tres tíos hechos y derechos, tres
políticos extremeños de cuerpo entero, de probada honestidad y
bonhomía, cada uno hijo de su padre y de su madre, que, en la
intimidad, se habrán tragado lágrimas como puños. Ver que la ciudadanía
te da la espalda es duro. Duro, no, durísimo. Después de haberse vaciado por
sus ideales y sus proyectos, después de hacer horas y kilómetros sin
cuento.
En esta hora crucial, deciros que la política no lo es
todo, tras la política hay vida también. Y si habéis decidido retiraros
a vuestros cuarteles de invierno, no penséis que os vais con las manos
vacías. Que habrá muchos extremeños que se acordarán de vosotros,
porque repartisteis con generosidad, cuando estuvisteis en puestos de responsabilidad,
toneladas de amistad, experiencia y sabiduría por el bien común. ¡Carlos, Víctor, Nicasio, gracias!