26 de Mayo, 2007
Música en la calle/ Música na rúa
Este sábado, vísperas electorales, Badajoz se puso de bote en bote. Con
marcado acento lusitano, por cierto. Ahí es nada, se celebraba el
Festival Ibérico de Música y las calles y las plazas de la ciudad que
estaban alborotadas. Así que cogimos el toli la patronal y el que
suscribe, y en el "corredor" que va desde El Ancla a la plaza de España
había un hormiguero de gente, apretujado junto a diversos grupos
musicales. Algunos de ellos, portugueses. Y pudimos escuchar a casi
todos. Con algunas de sus actuaciones, claro. Primeramente, en la
avenida de Huelva estaba actuando el Grupo de clarinetes del
Conservatorio de Badajoz y, un poco más allá, el Cuarteto de saxofones,
de la misma procedencia. Y la gente, encantada de haberse conocido, a
pesar de las gotas que cayeron, aplaudiendo a nuestros músicos locales
todas sus piezas. Reanudada la ruta musical, en el paseo de San
Francisco estaba actuando la Banda de música de Redondo (Portugal), con
un concierto que fue del agrado del mucho público que rodeaba el
histórico kiosco, con gente divinamente repantingada en sillas puestas ex profeso.
Y con presencia de una corte respetable de amigos y familiares de los
músicos lusitanos, que aplaudirían a rabiar a los suyos. Pasando
por la calle del Obispo, cogemos los últimos compases del Grupo de
saxofones del Conservatorio de Cáceres, en los soportales de la plaza
de San Atón, en tanto el Conjunto de violines de la Academia de Música
de Elvas (Portugal) terminaba su concierto en la Sala de Exposiciones
de la Diputación Provincial. Pero es en la plaza de España, a los pies
de nuestra pétrea Catedral, donde hay una gran concentración de
personas, alrededor del grupo músico-coral Trovadores, de Redondo
también. Formado por 11 fornidos mozos, que nos trajeron sus, a veces,
melancólicos cantos alentejanos. Y la gente, sentada tan panchamente a
su alrededor, pasándoselo en grande. Y sin que tuviera nada que
ver con el Festival, pero formando parte del retablo celebrativo del
sábado, en las escalinatas de la Catedral esperaban la salida de una
pareja de recién casados un grupo de bizarros militares, con sus sables
de gala, formando el típico pasillo de honor.
LOS DEL CONSERVATORIO DIERON LA NOTA Pero
hay un detalle que quiero hacer constar y es la falta de seriedad,
rayana en la picaresca, de nuestros representantes, los alumnos del
Conservatorio. Resulta que todos los Grupos intervinientes que vimos
actuar iban ataviados con sus uniformes o con unas vestimentas
unificadas, dando sensación de colectivos serios. Especialmente, los
portugueses, que ya sabemos cómo cuidan el aspecto formal de su
presentación, con sus uniformes, guiones, banderas, etc. Pero los
jóvenes y las jóvenas del Conservatorio de Badajoz iban al estilo "me
la cargué", cada uno a lo suyo, vestidos de calle, con nikis y
pantalones y faldas de todas las marcas y colores. Una falta de respeto
al público, pues actuaban en nombre del Conservatorio de Badajoz. Y no
se trataba de que deberían haber salido con frac y pajarita, o con
traje de media gala y corbata, no, hijo, no. Que con una camisa blanca
y unos vaqueros hubieran servido y bastado. Y es que parecían dos
grupos de amigotes que se reunían a tocar sus instrumentos favoritos,
lo mismo que podían haberse ido de excursión, a una fiesta
universitaria o al botellón. Y sus profesores, tal para cual. Pero
lo que rayó en la golfería es que los dos Grupos tenían abiertos sendos
estuches delante del público, donde la gente les iba echando unas
monedas y billetes. Como si fueran músicos callejeros, músicos pedigüeños, músicos de tres
al cuarto. Y esto, sí que no, jóvenes y jóvenas músicos del
Conservatorio. Porque hay que tener mucha jeta para recaudar dinero,
perteneciendo al Conservatorio Superior de Música de Badajoz. Y en una
actuación pública. Y en su nombre. Que es una Institución bastante
seria y respetable, por cierto. Si queréis buscaros la vida, muchachos,
hacedlo con el nombre que queráis, pero dejad al Conservatorio y al
Festival Ibérico de Música aparte, que habrá financiado vuestra
actuación. Porque, decidme, músicos pedigüeños, ese dinero recaudado,
¿dónde va? ¿Para vuestro viaje fin de carrera? ¿Para compraros
instrumental nuevo? ¿Para hacerle un regalo a la señora directora?
¿Para tomaros, gratis y por la cara, unas botellas de cerveza y unos
bocatas? ¿Para la ONG Músicos espabilaos Sin Fronteras? Hagáis lo que hagáis, os habéis retratado, músicos de tres al cuarto.
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Los maletines de antaño
Como bien sabréis, estas "primas" no son siempre para ganar, sino que,
a veces, son para perder, lo que es mucho más grave. A este respecto, y
como anécdota curioso-deportiva, recuerdo que allá
por el año 1960 y poco, el C. D. Badajoz (en la 2ª división de las
buenas) jugaba un partido de Liga en Jerez de la Frontera, cuyo
resultado era trascendental para este equipo, ya que, si perdía,
descendería de categoría. Entonces "tocaron" a uno de nuestros mejores
jugadores, precisamente al célebre portero García-Sánchez (valenciano),
al que presuntamente convencieron y llegaron a entregar el día
anterior al encuentro la enorme cantidad de aquellos tiempos, de 50.000
pesetas. Naturalmente, tenía que dejarse marcar cuantos más goles,
mejor. Pero resultó que nuestro guardameta hizo uno de los mejores
partidos de su vida, parando con gran entusiasmo todo lo que le
llegaba. Al final, el resultado fue de 1-1 y no sirvió al Jerez. Al
día siguiente, ya en Badajoz, García Sánchez lo comunicó a la
Directiva, que lo felicitó y le dijo que se quedara con el dinero, que
bien lo había ganado. Saludos
para todos y a ver si es verdad lo que promete uno de los candidatos a
la Alcaldía en Badajoz, lo de llevar a 1ª División a nuestro empobrecido equipo de
fútbol. Juan Hernández Rodríguez jhdzrgz@hotmail.com
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Sábado, sabadete, en Badajoz con algarabía musical y gastronómica
Hoy, sábado, sabadete, día de Santa Reflexión, vísperas de elecciones,
los pífanos y atambores han acallado y los grandes señores y señoras,
seguidos de sus cohortes, mesnadas y palafreneros se han retirado
plácidamente a sus castillos electorales. Después de darnos la tabarra
durante quince días, quince, que tiene delito. Para compensar de tanto
"puedo prometer y prometo", las ruas pacenses se llenan estos días de
algarabía y fiesta musical, que estamos en pleno Festival Ibérico de
Música, que anda por su XXIV edición. En esta jornada, las calles,
plazas y avenidas céntricas de la ciudad serán testigos de actuaciones
variopintas, como de la Banda filarmónica de Redondo (Portugal), el
Grupo de clarinetes del Conservatorio de Badajoz, el Grupo de saxofones
del de Cáceres, el Grupo de violines de la Academia de Música de Elvas
(Portugal), el Grupo de alumnos de las Escuelas Municipales de Música
de Badajoz, los Trovadores, de Redondo (Portugal) y el Grupo Sharp
String. Y al mediodía, la hora del aperitivo, a seguir la Ruta del
gazpacho y la tortilla por las callejuelas del Casco Antiguo, que
finaliza este finde. A sólo 2 machacantes el pincho y el vaso. Y los
que quieran cambiar de aires, en la barriada de La Paz está el puerto
pesquero de Galicia, en sus Jornadas gastronómicas, con lo mejor de sus
costas y de sus tierras de interior. Y llevarse pasta, que el marisco,
además de gustar, engancha. Y, ojo al parche, nada de billetes de 200 y
500 machacantes, que no te los cogen. Ni que fuera ésto Marbella, hijo.
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Un garbeo por el parque de Castelar
Hace unas fechas que el bonito parque de Castelar, uno de los pulmones
de Badajoz, fue rehabilitado. Y abierto de nuevo a la ciudadanía. Y
había que hacer una visita de "inspección", que Castelar ha sido santo
y seña de incontables generaciones de pacenses, disfrutando con sus
encantos naturales. Lugar de paseo y asueto, de juegos infantiles, de
encuentros amorosos, de tranquilidad y de paz, tránsito hoy día entre
el Casco Antiguo y Santa Marina. Situado en el Badajoz intramuros,
ubicado sobre la antigua huerta del convento de dominicos --fundado en
el XVI--, fue creado en 1904 durante el mandato del alcalde José Muñiz
Rodríguez, recogiendo una propuesta que formulara dos años antes su
predecesor en el cargo, Alberto Merino de Torres. Tras varias
vicisitudes, fue rediseñado en los años 40 del pasado siglo por el
magnífico jardinero que fue Juan Nogré, al que luego retocaría, ya en
la década de los 50 y 60, nuestro nunca bien ponderado Antonio Juez,
Jardinero Mayor que fue de la ciudad. De medidas equilibradas, cuenta
con una superficie de 15.240 metros cuadrados, de los que 9.154 están
ocupados por parterres y el resto son paseos. Y lo primero que nota
uno es que el suelo, compactado y nivelado en toda su extensión, tiene
una firmeza que no tenía antes. Y, lo que es mejor, no hay agua
embalsada que valga, que la absorbe toda. Se acabaron los barros y los
charcos de antaño, que te ponían perdidito. Y observando los bellos
rincones, vemos que junto a los bancos de piedra, esos de forma de arco
--en uno ponía "Año 1948"-- han instalado otros de hierro forjado, pasando a la historia los de madera. Item más, se han remozado y
pintado el palomar, el quiosco de bebidas y los aseos públicos, que
estaban de pena. Y, la gran novedad, también se ha habilitado una zona
de juegos infantiles, junto al palomar, sobre una superficie de caucho
de color albero y teja, para que nuestros niños no se rompan la crisma ni las
rodillas al caerse.
LOS PATOS DE CASTELAR
El parque, limpio como la patena, estaba que daba gloria el otro día
por la tarde, a la salida del cole, con los niños, sus mamás y sus
tatas jugando por todas partes y, como era de esperar, echando
palomitas de maíz y migajas de pan a las palomas y a los patos. Los
famosísimos patos de Castelar, esos a los que puedes darles de comer en
la mano, que están gordos y lustrosos en su estanque favorito,
pastoreados desde su poltrona de mármol por la insigne Carolina
Coronado, la escritora romántica de Almendralejo. Una leyenda en su
dosel lo explica todo: "La sensibilidad de la mujer en ti se hizo
poesía". A pesar de tanta sensibilidad y tanta literatura, algunas
palomas se hacían las suecas, pasando las horas subidas a su cabeza y a
sus hombros. Y la buena de doña Carolina, con un libro abierto en una
de sus manos, sin decir ni pío, sin mandarlas a hacer puñetas.
Y en otros lugares del parque, sin que las palomas ni la gente les
hiciera mucho caso, allí que estaban los otros dos grandes inquilinos
del parque: el poeta Luis Chamizo y el pintor Adelardo Covarsí, en
sendas estatuillas. Los jardines, espléndidos, ahora que mayo mayea,
a pesar de algunas lluvias torrenciales, aunque esporádicas. Y los
árboles, resplandeciendo en toda su altura, destacando las altísimas
palmeras washingtonianas, que dan al lugar un aspecto paradisíaco. Como
si estuviéramos en Miami, vamos. Las farolas, de corte antiguo, las fuentes y las papeleras, completan el mobiliario de un parque encantador y cercano, que no deja de sorprender al visitante que curiosea por sus rincones, setos y arboledas.
No vimos a los pavos reales de Castelar, que estarían de picos pardos en los
alrededores del cercano Hotel Zurbarán, que allí los cuidan con mimo,
dándoles comida y lugares donde poner. Hasta las primeras horas de la
noche, en que nuestros pavos regresan al parque, que allí pasarán
ricamente la noche en las copas de sus grandes y frondosos árboles.
Resumiendo, el parque de Castelar, uno de los lugares más emblemáticos de Badajoz, está de cine.
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