Desde que estoy con este invento --pronto, en julio, hará dos años--, los amigos por la calle me llaman avisador, cronista, juntaletras... Incluso alguno hay que me llama, cariñosamente, eso sí, The Avisator --léase Aviséitor--, de la saga de Terminator. Pero nunca nadie me había llamado antes Corregidor. Y es que resulta que en el pasado homenaje a Julián Mojedano, el presentador de la función, nuestro ínclito Peper Rabanal, al presentar a los artistas y a los asistentes, que va y me señala, nombrándome Corregidor. ¡Ahí es nada, Corregidor de Badajoz! Y, por unos momentos, que me vi sentado en la poltrona dorada del Palacio Municipal, rodeado de damas de honor, nobles de alta alcurnia y baja cama, edecanes, chambelanes, ediles, canónigos, generales con mando en plaza y plebeyos, rindiendo pleitesía y haciéndome los honores de ordenanza, propios de tan altísima autoridad. ¡Uno de Peraleda de San Román, alcalde de Badajoz! Y sin participar en las elecciones municipales ni nada. Por la gracia de Dios, digo..., del tal Rabanal.
Pero mi gozo en un pozo, que va el menda y explica el por qué: porque corrijo mucho a la gente cuando escribo, que doy toques, puyas y palmetazos sin cuento. De ahí lo de corregir. De ahí lo de Corregidor. ¿Será posible? Que te nombren Corregidor de Badajoz para ésto...