Hoy, 9 de mayo, día de San Gregorio Ostiense, patrón de las aguas de mayo, podía
ser uno más del calendario si no fuera porque, para la pequeña historia de
la ciudad, este día cumple 37 años de vida el popularísimo bar Méndez. Pequeño local hostelero que está plantado en un sitio estratégico, el cruce de la antigua
carretera de Sevilla con la de La Corte. En el barrio de San Roque,
exactamente, junto a La Picuriña. Famoso en otras épocas, en los años
70 y 80, principalmente, por sus pajaritos fritos. También conocido por
Los Pajaritos y por Los Relojes, de tantos que adornaban el local. Y es
que los que tengáis edad para ello recordaréis este bar, abierto un 9
de mayo de 1.971 por el matrimonio formado por don Prudencio Méndez y
doña Catalina Torres, junto a Pedro, el mayor de sus hijos. El primero,
ya fallecido, y la segunda, todavía de buen ver, a pesar de sus 90
años. Y es que doña Catalina era una magnífica cocinera, que se
levantaba a las cuatro y media o las cinco de la madrugada a preparar
las migas y las tostadas a los clientes madrugadores, que eran legión
en el barrio, antes de irse al trabajo. O a la pesca y a la caza los
domingos. Y, a la hora del aperitivo no se cabía de parroquianos que
entraban en el bar a pedir, además de los pájaros, la caldereta y el
jamón a la plancha, otros dos especialidades por las que se pirraba el
personal. Pero lo que más atraía del bar Méndez eran, sin duda de clase
alguna, sus pajaritos. Que había temporadas en que se consumían miles de tordos, que se dice pronto, cuando no existía
legislación alguna protectora de este tipo de aves. Y el marido, el
señor Prudencio, era el que llevaba la tarea más ingrata: comprar los
pájaros y desplumarlos luego con más paciencia que el santo Job.
UN BAR FAMILIAR
En
las tareas del bar, doña Catalina y don Prudencio estuvieron ayudados
por sus hijos Pedro, Vicente y Antonio. El primero, ya fallecido, por
lo que Vicente y Antonio son los que prosiguen el negocio familiar,
aunque ya no es lo que fue. Ni por asomo.
Por si alguno no lo
recuerda, en sus años dorados pasaban por el bar Méndez los artistas de
variedades que actuaban en Badajoz, en salas de fiestas tan conocidas
como Pipo's y Mervic. Y es que, al terminar sus funciones, ya de
madrugada, era todo un ritual gastronómico en la ciudad degustar los
clásicos pajaritos y la caldereta a la extremeña, tanta fama tenían
entre los artistas, las vedettes y los forasteros. Y por este pequeño
local pasarían gentes de tronío, como El Camborio y Enrique Montoya,
entre otros. Y había noches en que no cerraban el bar, que empalmaban
la noche con la madrugada, y ésta, con los desayunos del día siguiente.
Hoy
día, en plena decadencia, a punto de cerrarse en cuanto salga una buena
propuesta de compra, Vicente, de 62 años, y Antonio, de 57, siguen en
el tajo, pero sin el esplendor de antaño. Todavía pueden verse tres de
sus relojes. Y las botellas de sus anaqueles están como para un Museo
de bebidas, de los años que tienen. Pero hay otro detalle que continúa
de épocas pretéritas: un póster del Atléthic de Bilbao, santo y seña de
la familia Méndez Torres toda su vida.
Así y todo, mi amigo
Vicente y su hermano Antonio siguen levantándose bien temprano, a las
6,30, que son muchos los trabajadores, obreros y operarios que paran en
el bar Méndez todas las mañanas para desayunar. Y luego, a la hora del
aperitivo, el bar se llena con los parroquianos que van a tomarse su
copichuela y su aperitivo. Pero ya no hay pajaritos que valgan y los
artistas de tronío que vienen a Badajoz, pican y comen en los mejores
restaurantes de la ciudad.
Vicente, Antonio, lo vuestro sí que tiene mérito: ahí es nada, 37 años
dando de beber, picar y comer al todo Badajoz. Mis cumplidos a doña Catalina, vuestra santa madre, cocinera ejemplar. ¡Enhorabuena!