Gratísima jornada en la romería de Bótoa

Por El Avisador - 8 de Mayo, 2007, 9:37, Categoría: General

El pasado domingo, con tiempo espléndido y el campo ofreciendo un aspecto envidiable, medio Badajoz se fue de romería a las proximidades de la Ermita de Ntra. Sra. de Bótoa, Copatrona de la ciudad. Y eso que hubo gente que, sacando los bártulos camperos, se desparramaría también por las orillas del Guadiana, en lugares tan clásicos como El Pico, Las Crispitas, Los Poyos y las riberas del Gévora, su afluente por la derecha. Mucha agua traía nuestro Guadiana en esta ocasión, pero turbia, producto de las lluvias recientes. Y muchos conductores que cogimos la EX-110, tras el cruce con la carretera de Cáceres. Y, al llegar a la pradera de El Tesorero, miles de pacíficos ciudadanos, romeros unos, domingueros, los más, asentados en sus tiendas de campaña, con toda su impedimenta campista alrededor, no muy lejos de  alguna encina protectora. Y el olorcillo de las sardinas, choricitos, pancetas, pinchitos, chuletas y demás delicias campestres, asadas en tropecientas parrillas y barbacoas, que impregnaría la Ermita y sus alrededores toda la jornada. Lugar que, engalanado con banderas y gallardetes españoles, marianos y portugueses, registraría una inusitada animación durante toda la jornada.
Tras la Misa mayor, la tercera del día, vendría la esperada procesión de la Virgen por los contornos, que iba precedida por el estandarte a caballo, portado por el popular cura Juan Antonio Jiménez Lobato, arropado por más de medio centenar de caballistas, componiendo una estampa de lo más campera. Le seguirían sólo dos carruajes, pequeñitos, muy diferentes de las magníficas carrozas de otras épocas, que ya no vemos en Bótoa. Uno, de Badajoz, y el otro, de la cercana Valdebótoa. Luego vendrían un par de estandartes, el de la familia Sánchez, donado a la Virgen por el patriarca de la familia, don Lisardo Sánchez, ganadero de toros bravos, que iba portado por su bisnieto, y el de la Asociación Amigos de Badajoz. A continuación iba el corro --coro, no, corro-- de lavanderas, 14 de las 17 que lo forman en la actualidad, entre ellas la señora Josefa, de 93 años de edad. Luciendo mandiles y pañuelos blanquísimos sobre sus clásicas batas azules, panderetas en ristre y un hermoso ramillete de flores en el pecho. Hubo otras que se quedarían esperando entre lágrimas en la Ermita, los achaques de la edad tendrían la culpa. Las lavanderas, con su cruz alzada y su bandera, no cejarían de cantar con entusiasmo diversas coplas marianas de su amplio repertorio. Algunas eran las tradicionales de toda la vida, y las más, compuestas por la superiora del corro. Después vendrían las camareras, que siempre van delante del paso de la Virgen. Este año luciendo un magnífico terno de color marfil, bordado en oro, de más de un siglo de antigüedad. Como de costumbre, Nuestra Señora iba enjoyada de forma recargada, barroca, con piezas de extraordinario valor --tanto histórico como artístico--, tocada con una singular pamela y portando entre sus manos un ramillete de florecillas silvestres. Y, a sus plantas, un soberbio trono florido, donde destacaban los colores blanco y amarillo. Gladiolos y claveles como dosel florido de la Copatrona. En  una de las paradas, una de las camareras veteranas, Pruden, miembro de una de las sagas más activas dedicadas al servicio de la Hermandad y de la Virgen, la de los Robles Doblado, me contaría que el vestuario de la Virgen lo componen cinco ternos de paseo o de fiesta, de valor incalculable, y otros tantos de camarín. El paso iba llevado por una cuadrilla de doce costaleros de promesa, sin reservas, ataviados con sus camisas blancas y pantalones vaqueros, con sus pañuelos y medallas al cuello, bajo el mando del capataz, Diego Pérez Arue, que lo haría con sobriedad y destreza. Como contrapunto, tuve la suerte de meterme en el gaznate un par de chorreones del vino de la bota que corría de mano en mano entre los muchachos del tal Diego, y tengo que hacer constar que sabía a gloria bendita.

GRAN ANIMACIÓN
Inmediatamente detrás vendría la presidencia religiosa, entre quienes destacaba el eterno párroco emérito de San Fernando y Santa Isabel, Diego Barrena, y la civil y militar, presidida por el alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, a quien acompañaban distintas autoridades militares, religiosas y cofradieras de la ciudad, destacando el general jefe de la BRIMZ Extremadura XI, José Ignacio Medina, con su unidad, por cierto, a unos kilómetros más allá de la Ermita, los concejales Consuelo Rodríguez y Antonio Ávila, el capitán de la Guardia Civil y el canónigo Teodoro Agustín López, en representación del señor Arzobispo, que lucía su flamante cargo. Y rodeando el paso, varios centenares de romeros y devotos anónimos, especialmente mujeres, que no quisieron dejar sola a su Virgen. Y, como digno remate, cerrarían el cortejo las agrupaciones folklóricas Extremadura, de Badajoz, y la del Hogar de Mayores de San Andrés, en el Casco Antiguo pacense, que amenizarían la procesión con sus cánticos y bailes extremeños. Tramo dela procesión donde echamos de menos al popular Grupo Renacer, con Andrés Hurtado al tamboril. Siguiendo otra costumbre del abajo firmante, de que allí donde fueres, haz lo que vieres, me dí trazas y mañas para pegarme otros dos chorreones del vino de los bailarines y danzantes en uno de sus descansos, y estaba de puta madre.
Mucha gente en el trayecto --camino y carretera--, incluyendo a los vecinos portugueses y a gentes de las comarcas colindantes y de otras latitudes, pero menos que otros años. Se podía discurrir con facilidad por los alrededores de la Ermita. No había la congestión de ediciones de antaño. Sin embargo, la pradera de El Tesorero y sus aledaños estaba a tope, repleta de coches y domingueros, señal de que la gente viene más a pasar el día de campo que a asistir a todos los actos religiosos. Un dato a tener en cuenta sobre la evolución que está presentando esta fiesta secular, no vayan a rasgarse las vestiduras en la Hermandad, que ya hay gente que anda lamentándose de que "la romería ya no es como la de antes". Y es que nada --romería de Bótoa incluída-- es como antes. Las mentalidades, los usos y las costumbres evolucionan, cambian, como la vida misma. Aunque no le gusten a los sectores más tradicionalistas, anclados en el pasado, pero eso ya es otra historia.
Una hora y cuarto más tarde, el cortejo llegaba de nuevo a la Ermita, con el atrio repleto de gente, que esperaba acontecimientos. Con la Virgen dando la cara a su pueblo, tuvieron lugar dos actuaciones folklóricas de los Grupos participantes, el infantil y el de jóvenes, que bordarían La uva y la Jota de la Siberia, con el público entregado. Inmediatamente después tendría lugar la subasta del rosario y del ramo de la Virgen, siendo adjudicados finalmente en 400 y 2.000 euros, en una subasta que fue dirigida desde la terraza por el todoterrenal Emilio González Barroso. Julián Mojedano, el subastador de toda la vida, al que se le sigue añorando, anda mermado de salud y tiene que seguir la romería por su radio, la SER de toda la vida. Finalizadas las subastas, el paso de la Virgen fue introducido en su santa Casa entre las ovaciones de los fieles presentes en el atrio y a los sones del himno nacional. Música enlatada, por cierto, que allí no había banda alguna, ni la municipal ni la del maestro Gabi.

LA HORA DE LA COMIDA
Acabada la función, la gente se desparramaría por los alrededores, debajo de las encinas o, como haría la mayoría, por el recinto de las casetas, ubicado justo enfrente de la Ermita, al otro lado de la carretera. Y las casetas, hasta las trancas, quedarían desbordadas bien pronto, que el personal tenía necesidad de saciar su sed y su apetito. Como de costumbre, serían servidas a discreción, además de las clásicas raciones de jamón, queso y embutidos ibéricos, otras no menos apetitosas, a base de sardinas, choricitos, pinchitos, pancetas, pruebas, tortillas y otros manjares campestres. Quienes harían su agosto serían los vendedores de helados, que romperían la mala racha de todo el mes por esas romerías y fiestas de la provincia, estropeadas por el frío y la lluvia. Nosotros nos quedamos, en primera instancia, detrás de la Ermita, donde el puesto, servido por la gente de Pepe Salas, el orondo gerente de Los Valencianos, serviría tarde, mal y por un pastón unos platos de arroz y tapas y raciones de todo tipo. La falta de profesionalidad en esta caseta es proverbial y los romeros han de aguantar esperas y malos modos sin cuento. Con que más de uno y más de dos se largan con viento fresco, incluso sin pagar. Como casi siempre. Y es que no cambiamos en este pueblo a la hora de servirle decentemente.
Y es en los andurriales de más allá de la carretera cuando vemos que este sector va a lo suyo y no tiene nada que ver con el religioso y romero. Contando, además del llano de las casetas, con un recinto improvisado de karts, un ferial en toda regla y un mercadillo de artículos textiles, donde eran omnipresentes los portugueses y los gitanos. Los comerciantes portugueses, muchos de ellos gitanos, cada vez vienen en mayor número a la romería de Bótoa, atraídos por la enorme cantidad de personas que se movilizan el primer fin de semana de mayo. Otra novedad a tener en cuenta para analizar y estudiar el fenómeno de Bótoa: los portugueses, antaño devotos y romeros de la Virgen --de la Santinha, como ellos la llamaban--, están dando paso a los comerciantes de mercadillos.
Otra de las constantes del domingo romero fue la presencia numerosísima de motocicletas de baja cilindrada, las motos de karts, las motos infantiles, a motor, pero como si fueran de juguete, y los inefables squads. Con sus jóvenes conductores y ocupantes a bordo, exhibiéndose continuamente, haciendo alardes a troche y moche, con peligro para la integridad física de los paseantes en algunos momentos. Otro cambio sustancial en la romería de Bótoa: los clásicos caballos de toda la vida, aunque continúan asistiendo y se dejan ver jinetes y amazonas, están dando paso a los caballos motorizados, a las motos y a todas sus secuelas. Signos de los tiempos cambiantes que vivimos.

CALLE DEL INFIERNO
Después del café, hubo tiempo para darse un voltio por la calle del Infierno, donde estaban asentadas las casetas-discoteca, el Ferial, con sus variopintos cacharritos, y el mercata. Entre el pasacalleo de los niñatos y yogurines motorizados, los caballistas tradicionales, apostados junto a las casetas de bebidas, ofrecían una estampa que me recordaba al caballo de copas de los naipes de la baraja española. Pero con algún que otro cambio: en vez de la clásica copa en la mano, los posmodernos llevan el cubata o el vaso de cerveza al aire, muy estirados ellos. Otro cambio más. ¿Y van...?
Entrados en el mercadillo, después de salvar el clásico tren de los escobazos, encontramos que había de todo, como en botica. Con familias gitanas al completo al tanto de sus puestos. Con sus churumbeles y sus adolescentes divinamente enjoyadas, luciendo palmito. Con jóvenes madres dando la teta a sus bebés, ante la mirada complaciente del patriarca, bastón en ristre. Y aunque los mercaderes me contaban que habían hecho poco negocio en esta romería, que no había dinero y tal, la sensación del día fueron unas camisetas veraniegas, de todos los colorines, con unos textos grabados en el pecho, a 5 machacantes la pieza. Me fijé en los lemas, algunos muy sugerentes: "Sexy 100 %", "Pos va a ser que no", "100 % chico malo" y "No me ralles". Por curiosidad, pregunté por este último y me dijo el del puesto, un gitano de Mérida, que quería decir algo parecido a "No me molestes", "Déjame en paz" o cosa parecida. Lo malo es que cuando quise llevarme varios de "No me ralles", para fardar en la playa este año, resulta que no los había de mi talla. ¿Será posible?
Gratísimo ambiente que nos deparó la primera romería de Badajoz, que la de San Isidro nos espera el domingo que viene, el tiempo acompañó, vigilancia al cuidado de los picoletos, que estuvieron a todas, y un cero en conducta a la Cruz Roja, que no puso un mal botiquín. Como para que hubiera pasado algo grave. Y es que la Cruz Roja cobra, y bien, por todos sus servicios. Ya nada es gratuito, como antes. Pero la organización de la romería, los señores de la Hermandad, con su hermano mayor, Fernando Sánchez Cuadrado al frente, deberían tener este capítulo contratado y pagado. Los primeros auxilios, en caso de accidente o indisposición grave, son fundamentales y, en mi opinión, es la Hermandad la garante de que se cuente con ellos.

LA DESPEDIDA
Ya al atardecer, había que volver a la Ermita, a despedirse de la Virgen, a darle un  beso en la distancia y a recoger el clásico ramillete florido para llevártelo a tu casa. Y decenas de romeros que esperaban su turno, con sus móviles y sus cámaras haciendo miles de fotos, en tanto las lavanderas, que arropaban a Nuestra Señora, sentadas en unos bancos, le cantaban una y otra vez las viejas y las nuevas coplas de romería.
Un año más se había cumplido el ritual. Medio Badajoz había cumplido con la tradición, se había dado un baño de identidad en la Ermita de los predios de El Tesorero, a los pies de la Copatrona, Nuestra Señora de Bótoa. La Patrona de nuestros campos, la Virgen de la pamela, santo y seña de esta ciudad desde los tiempos de la Modernidad.

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