El pasado domingo, con tiempo espléndido y el campo ofreciendo un
aspecto envidiable, medio Badajoz se fue de romería a las proximidades
de la Ermita de Ntra. Sra. de Bótoa, Copatrona de la ciudad. Y eso que
hubo gente que, sacando los bártulos camperos, se desparramaría también
por las orillas del Guadiana, en lugares tan clásicos como El Pico, Las
Crispitas, Los Poyos y las riberas del Gévora, su afluente por la
derecha. Mucha agua traía nuestro Guadiana en esta ocasión, pero
turbia, producto de las lluvias recientes. Y muchos conductores que
cogimos la EX-110, tras el cruce con la carretera de Cáceres. Y, al
llegar a la pradera de El Tesorero, miles de pacíficos ciudadanos,
romeros unos, domingueros, los más, asentados en sus tiendas de
campaña, con toda su impedimenta campista alrededor, no muy lejos de
alguna encina protectora. Y el olorcillo de las sardinas, choricitos,
pancetas, pinchitos, chuletas y demás delicias campestres, asadas en
tropecientas parrillas y barbacoas, que impregnaría la Ermita y sus
alrededores toda la jornada. Lugar que, engalanado con banderas y
gallardetes españoles, marianos y portugueses, registraría una
inusitada animación durante toda la jornada.
Tras la Misa mayor, la
tercera del día, vendría la esperada procesión de la Virgen por los
contornos, que iba precedida por el estandarte a caballo, portado por
el popular cura Juan Antonio Jiménez Lobato, arropado por más de medio
centenar de caballistas, componiendo una estampa de lo más campera. Le
seguirían sólo dos carruajes, pequeñitos, muy diferentes de las
magníficas carrozas de otras épocas, que ya no vemos en Bótoa. Uno, de
Badajoz, y el otro, de la cercana Valdebótoa. Luego vendrían un par de
estandartes, el de la familia Sánchez, donado a la Virgen por el
patriarca de la familia, don Lisardo Sánchez, ganadero de toros bravos,
que iba portado por su bisnieto, y el de la Asociación Amigos de
Badajoz. A continuación iba el corro --coro, no, corro-- de lavanderas,
14 de las 17 que lo forman en la actualidad, entre ellas la señora
Josefa, de 93 años de edad. Luciendo mandiles y pañuelos blanquísimos
sobre sus clásicas batas azules, panderetas en ristre y un hermoso
ramillete de flores en el pecho. Hubo otras que se quedarían esperando
entre lágrimas en la Ermita, los achaques de la edad tendrían la culpa.
Las lavanderas, con su cruz alzada y su bandera, no cejarían de cantar
con entusiasmo diversas coplas marianas de su amplio repertorio.
Algunas eran las tradicionales de toda la vida, y las más, compuestas
por la superiora del corro. Después vendrían las camareras, que siempre
van delante del paso de la Virgen. Este año luciendo un magnífico terno
de color marfil, bordado en oro, de más de un siglo de antigüedad. Como
de costumbre, Nuestra Señora iba enjoyada de forma recargada, barroca,
con piezas de extraordinario valor --tanto histórico como artístico--,
tocada con una singular pamela y portando entre sus manos un ramillete
de florecillas silvestres. Y, a sus plantas, un soberbio trono florido,
donde destacaban los colores blanco y amarillo. Gladiolos y claveles
como dosel florido de la Copatrona. En una de las paradas, una de las
camareras veteranas, Pruden, miembro de una de las sagas más activas
dedicadas al servicio de la Hermandad y de la Virgen, la de los Robles
Doblado, me contaría que el vestuario de la Virgen lo componen cinco
ternos de paseo o de fiesta, de valor incalculable, y otros tantos de
camarín. El paso iba llevado por una cuadrilla de doce costaleros de
promesa, sin reservas, ataviados con sus camisas blancas y pantalones
vaqueros, con sus pañuelos y medallas al cuello, bajo el mando del
capataz, Diego Pérez Arue, que lo haría con sobriedad y destreza. Como
contrapunto, tuve la suerte de meterme en el gaznate un par de
chorreones del vino de la bota que corría de mano en mano entre los
muchachos del tal Diego, y tengo que hacer constar que sabía a gloria
bendita.
GRAN ANIMACIÓN
Inmediatamente detrás vendría la
presidencia religiosa, entre quienes destacaba el eterno párroco
emérito de San Fernando y Santa Isabel, Diego Barrena, y la civil y
militar, presidida por el alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, a quien
acompañaban distintas autoridades militares, religiosas y cofradieras
de la ciudad, destacando el general jefe de la BRIMZ Extremadura XI,
José Ignacio Medina, con su unidad, por cierto, a unos kilómetros más
allá de la Ermita, los concejales Consuelo Rodríguez y Antonio Ávila,
el capitán de la Guardia Civil y el canónigo Teodoro Agustín López, en
representación del señor Arzobispo, que lucía su flamante cargo. Y
rodeando el paso, varios centenares de romeros y devotos anónimos,
especialmente mujeres, que no quisieron dejar sola a su Virgen. Y, como
digno remate, cerrarían el cortejo las agrupaciones folklóricas
Extremadura, de Badajoz, y la del Hogar de Mayores de San Andrés, en el
Casco Antiguo pacense, que amenizarían la procesión con sus cánticos y
bailes extremeños. Tramo dela procesión donde echamos de menos al
popular Grupo Renacer, con Andrés Hurtado al tamboril. Siguiendo otra
costumbre del abajo firmante, de que allí donde fueres, haz lo que
vieres, me dí trazas y mañas para pegarme otros dos chorreones del vino
de los bailarines y danzantes en uno de sus descansos, y estaba de puta
madre.
Mucha gente en el trayecto --camino y carretera--, incluyendo
a los vecinos portugueses y a gentes de las comarcas colindantes y de
otras latitudes, pero menos que otros años. Se podía discurrir con
facilidad por los alrededores de la Ermita. No había la congestión de
ediciones de antaño. Sin embargo, la pradera de El Tesorero y sus
aledaños estaba a tope, repleta de coches y domingueros, señal de que
la gente viene más a pasar el día de campo que a asistir a todos los
actos religiosos. Un dato a tener en cuenta sobre la evolución que está
presentando esta fiesta secular, no vayan a rasgarse las vestiduras en
la Hermandad, que ya hay gente que anda lamentándose de que "la romería
ya no es como la de antes". Y es que nada --romería de Bótoa incluída--
es como antes. Las mentalidades, los usos y las costumbres evolucionan,
cambian, como la vida misma. Aunque no le gusten a los sectores más
tradicionalistas, anclados en el pasado, pero eso ya es otra historia.
Una
hora y cuarto más tarde, el cortejo llegaba de nuevo a la Ermita, con
el atrio repleto de gente, que esperaba acontecimientos. Con la Virgen
dando la cara a su pueblo, tuvieron lugar dos actuaciones folklóricas
de los Grupos participantes, el infantil y el de jóvenes, que bordarían
La uva y la Jota de la Siberia, con el público entregado.
Inmediatamente después tendría lugar la subasta del rosario y del ramo
de la Virgen, siendo adjudicados finalmente en 400 y 2.000 euros, en
una subasta que fue dirigida desde la terraza por el todoterrenal
Emilio González Barroso. Julián Mojedano, el subastador de toda la
vida, al que se le sigue añorando, anda mermado de salud y tiene que
seguir la romería por su radio, la SER de toda la vida. Finalizadas las
subastas, el paso de la Virgen fue introducido en su santa Casa entre
las ovaciones de los fieles presentes en el atrio y a los sones del
himno nacional. Música enlatada, por cierto, que allí no había banda
alguna, ni la municipal ni la del maestro Gabi.
LA HORA DE LA COMIDA
Acabada
la función, la gente se desparramaría por los alrededores, debajo de
las encinas o, como haría la mayoría, por el recinto de las casetas,
ubicado justo enfrente de la Ermita, al otro lado de la carretera. Y
las casetas, hasta las trancas, quedarían desbordadas bien pronto, que
el personal tenía necesidad de saciar su sed y su apetito. Como de
costumbre, serían servidas a discreción, además de las clásicas
raciones de jamón, queso y embutidos ibéricos, otras no menos
apetitosas, a base de sardinas, choricitos, pinchitos, pancetas,
pruebas, tortillas y otros manjares campestres. Quienes harían su
agosto serían los vendedores de helados, que romperían la mala racha de
todo el mes por esas romerías y fiestas de la provincia, estropeadas
por el frío y la lluvia. Nosotros nos quedamos, en primera instancia, detrás de la Ermita, donde el puesto, servido por la gente de Pepe Salas, el orondo gerente de Los Valencianos, serviría tarde, mal y por un pastón unos platos de arroz y tapas y raciones de todo tipo. La falta de profesionalidad en esta caseta es proverbial y los romeros han de aguantar esperas y malos modos sin cuento. Con que más de uno y más de dos se largan con viento fresco, incluso sin pagar. Como casi siempre. Y es que no cambiamos en este pueblo a la hora de servirle decentemente.
Y es en los andurriales de más allá de la carretera cuando vemos que
este sector va a lo suyo y no tiene nada que ver con el religioso y
romero. Contando, además del llano de las casetas, con un recinto
improvisado de karts, un ferial en toda regla y un mercadillo de
artículos textiles, donde eran omnipresentes los portugueses y los
gitanos. Los comerciantes portugueses, muchos de ellos gitanos, cada
vez vienen en mayor número a la romería de Bótoa, atraídos por la
enorme cantidad de personas que se movilizan el primer fin de semana de
mayo. Otra novedad a tener en cuenta para analizar y estudiar el
fenómeno de Bótoa: los portugueses, antaño devotos y romeros de la
Virgen --de la Santinha, como ellos la llamaban--, están dando paso a
los comerciantes de mercadillos.
Otra de las constantes del domingo
romero fue la presencia numerosísima de motocicletas de baja
cilindrada, las motos de karts, las motos infantiles, a motor, pero
como si fueran de juguete, y los inefables squads. Con sus jóvenes
conductores y ocupantes a bordo, exhibiéndose continuamente, haciendo
alardes a troche y moche, con peligro para la integridad física de los
paseantes en algunos momentos. Otro cambio sustancial en la romería de
Bótoa: los clásicos caballos de toda la vida, aunque continúan
asistiendo y se dejan ver jinetes y amazonas, están dando paso a los
caballos motorizados, a las motos y a todas sus secuelas. Signos de los
tiempos cambiantes que vivimos.
CALLE DEL INFIERNO
Después
del café, hubo tiempo para darse un voltio por la calle del Infierno,
donde estaban asentadas las casetas-discoteca, el Ferial, con sus
variopintos cacharritos, y el mercata. Entre el pasacalleo de los
niñatos y yogurines motorizados, los caballistas tradicionales,
apostados junto a las casetas de bebidas, ofrecían una estampa que me
recordaba al caballo de copas de los naipes de la baraja española. Pero
con algún que otro cambio: en vez de la clásica copa en la mano, los
posmodernos llevan el cubata o el vaso de cerveza al aire, muy
estirados ellos. Otro cambio más. ¿Y van...?
Entrados en el
mercadillo, después de salvar el clásico tren de los escobazos,
encontramos que había de todo, como en botica. Con familias gitanas al completo al tanto de sus puestos. Con sus churumbeles y sus adolescentes divinamente enjoyadas, luciendo palmito. Con jóvenes madres dando la teta a sus bebés, ante la mirada complaciente del patriarca, bastón en ristre. Y aunque los mercaderes
me contaban que habían hecho poco negocio en esta romería, que no había
dinero y tal, la sensación del día fueron unas camisetas veraniegas, de
todos los colorines, con unos textos grabados en el pecho, a 5
machacantes la pieza. Me fijé en los lemas, algunos muy sugerentes:
"Sexy 100 %", "Pos va a ser que no", "100 % chico malo" y "No me
ralles". Por curiosidad, pregunté por este último y me dijo el del
puesto, un gitano de Mérida, que quería decir algo parecido a "No me
molestes", "Déjame en paz" o cosa parecida. Lo malo es que cuando quise
llevarme varios de "No me ralles", para fardar en la playa este año,
resulta que no los había de mi talla. ¿Será posible?
Gratísimo
ambiente que nos deparó la primera romería de Badajoz, que la de San Isidro nos espera el domingo que viene, el tiempo acompañó, vigilancia al cuidado de los picoletos, que estuvieron a
todas, y un cero en conducta a la Cruz Roja, que no puso un mal
botiquín. Como para que hubiera pasado algo grave. Y es que la Cruz
Roja cobra, y bien, por todos sus servicios. Ya nada es gratuito, como
antes. Pero la organización de la romería, los señores de la Hermandad,
con su hermano mayor, Fernando Sánchez Cuadrado al frente, deberían
tener este capítulo contratado y pagado. Los primeros auxilios, en caso
de accidente o indisposición grave, son fundamentales y, en mi opinión,
es la Hermandad la garante de que se cuente con ellos.
LA DESPEDIDA
Ya al atardecer, había que volver a la Ermita, a despedirse de la
Virgen, a darle un beso en la distancia y a recoger el clásico
ramillete florido para llevártelo a tu casa. Y decenas de romeros que
esperaban su turno, con sus móviles y sus cámaras haciendo miles de
fotos, en tanto las lavanderas, que arropaban a Nuestra Señora,
sentadas en unos bancos, le cantaban una y otra vez las viejas y las
nuevas coplas de romería.
Un año más se había cumplido el ritual. Medio Badajoz había cumplido
con la tradición, se había dado un baño de identidad en la Ermita de
los predios de El Tesorero, a los pies de la Copatrona, Nuestra Señora
de Bótoa. La Patrona de nuestros campos, la Virgen de la pamela, santo
y seña de esta ciudad desde los tiempos de la Modernidad.