8 de Mayo, 2007
La XXVI Feria del Libro de Badajoz, a las puertas
Un año más, y van XXVI ediciones, que se dice pronto, se celebra en
Badajoz del 11 al 19 la Feria del Libro. Instalada en
la coqueta plazuela de San Atón, este año hay un montón de actividades
con los libros, los libreros, los escritores, los editores e impresores
y, cómo no, los lectores, de protagonistas. Con especial dedicación a
nuestros niños y adolescentes, cuya presencia diaria, acompañados de
sus solícitos maestros y profesoras, será una de las constantes de la
Feria. Este año se cuenta con la presencia de 13 librerías, tres de
ellas portuguesas, y 8 editoriales, además de contar con la carpa de
presentaciones, la carpa para la firma de libros y la biblioteca
infantil. Igualmente, se realizarán 24 presentaciones de libros,
además de actividades complementarias, como son los
conciertos de la Banda municipal de Música, exposiciones y teatro. Como
novedad este año, habrá una serie de cuentacuentos del mundo, de manera
que los más pequeños conozcan los cuentos tradicionales de distintos
países como Perú, Eslovaquia y Brasil, entre otros muchos. Por
último, decir que se espera la presencia en Badajoz de escritores de la
talla de Eugenio Fuentes, que dará el pregón inaugural, Jorge Molist,
Fernando Marías, Marta Rivera de la Cruz, Luis Alberto de Cuenca, Juan
Antonio Cebrián, José Javier Esparza y Álvaro Pombo.
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Agradecimiento de Manolo Magallanes
Amigo Pedro:
He leído la bonita crónica que has redactado con
tanto afecto hacia mi persona en El Avisador, que no puedo dejar de agradecer
sinceramente. Lo que más me gustó fue el tono de buen humor que has
utilizado, como siempre sueles hacer en tus crónicas, por lo que, una vez más,
puedo afirmar y afirmo que eres un gran maestro de la pluma.
Gracias y te envío un ciberabrazo.
Manuel Magallanes Miranda m.magallanes@telefonica.net
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La fuente de la Constitución, preparándose para el 27-M
La fuente de la Constitución, la que se halla ubicada en la plaza de su
mismo nombre, en la confluencia de las avenidas de Europa, Fernando
Calzadilla y Enrique Segura Otaño, está en obras. No salen los chorros
como Dios manda y hay que hacer limpieza. Y eso es lo que está haciendo
una cuadrilla de operarios enviada por el Ayuntamiento. Pero esta no es
una fuente cualquiera, no. Que es la fuente donde se celebran los
éxitos deportivos de los grandes equipos de fútbol de las Españas: el
Madrid, el Barcelona y el Atlético de Madrid. Que son los tres equipos
con una hinchada pacense de lujo. Cada vez que conquistan un título, la
Liga, la Copa o la Champions, aquí que se vienen cientos de seguidores
a "bautizarse". También podría ser la fuente de los ascensos del C. D.
Badajoz o del Cerro de Reyes, pero hay un problema, Houston: el tren de
los ascensos hace tiempo que no pasa por Badajoz. Y lo que te rondaré,
morena. Como que sus hinchas se harán viejos sin darse el remojón de la
victoria. Pero también es, a la vista del próximo 27-M, la fuente
donde, al anochecer de ese día, vendrán a darse el chapuzón
reglamentario los incondicionales de Miguel Celdrán, Paco Muñoz, Manolo
Sosa o Nicasio Monterde. En el caso de que ganen las elecciones
municipales, claro. Que es la más cercana al ciudadano. Por lo que hay
que tener lista la fuente de los éxitos, la de los vencedores, la de
los campeones.
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Gratísima jornada en la romería de Bótoa
El pasado domingo, con tiempo espléndido y el campo ofreciendo un
aspecto envidiable, medio Badajoz se fue de romería a las proximidades
de la Ermita de Ntra. Sra. de Bótoa, Copatrona de la ciudad. Y eso que
hubo gente que, sacando los bártulos camperos, se desparramaría también
por las orillas del Guadiana, en lugares tan clásicos como El Pico, Las
Crispitas, Los Poyos y las riberas del Gévora, su afluente por la
derecha. Mucha agua traía nuestro Guadiana en esta ocasión, pero
turbia, producto de las lluvias recientes. Y muchos conductores que
cogimos la EX-110, tras el cruce con la carretera de Cáceres. Y, al
llegar a la pradera de El Tesorero, miles de pacíficos ciudadanos,
romeros unos, domingueros, los más, asentados en sus tiendas de
campaña, con toda su impedimenta campista alrededor, no muy lejos de
alguna encina protectora. Y el olorcillo de las sardinas, choricitos,
pancetas, pinchitos, chuletas y demás delicias campestres, asadas en
tropecientas parrillas y barbacoas, que impregnaría la Ermita y sus
alrededores toda la jornada. Lugar que, engalanado con banderas y
gallardetes españoles, marianos y portugueses, registraría una
inusitada animación durante toda la jornada. Tras la Misa mayor, la
tercera del día, vendría la esperada procesión de la Virgen por los
contornos, que iba precedida por el estandarte a caballo, portado por
el popular cura Juan Antonio Jiménez Lobato, arropado por más de medio
centenar de caballistas, componiendo una estampa de lo más campera. Le
seguirían sólo dos carruajes, pequeñitos, muy diferentes de las
magníficas carrozas de otras épocas, que ya no vemos en Bótoa. Uno, de
Badajoz, y el otro, de la cercana Valdebótoa. Luego vendrían un par de
estandartes, el de la familia Sánchez, donado a la Virgen por el
patriarca de la familia, don Lisardo Sánchez, ganadero de toros bravos,
que iba portado por su bisnieto, y el de la Asociación Amigos de
Badajoz. A continuación iba el corro --coro, no, corro-- de lavanderas,
14 de las 17 que lo forman en la actualidad, entre ellas la señora
Josefa, de 93 años de edad. Luciendo mandiles y pañuelos blanquísimos
sobre sus clásicas batas azules, panderetas en ristre y un hermoso
ramillete de flores en el pecho. Hubo otras que se quedarían esperando
entre lágrimas en la Ermita, los achaques de la edad tendrían la culpa.
Las lavanderas, con su cruz alzada y su bandera, no cejarían de cantar
con entusiasmo diversas coplas marianas de su amplio repertorio.
Algunas eran las tradicionales de toda la vida, y las más, compuestas
por la superiora del corro. Después vendrían las camareras, que siempre
van delante del paso de la Virgen. Este año luciendo un magnífico terno
de color marfil, bordado en oro, de más de un siglo de antigüedad. Como
de costumbre, Nuestra Señora iba enjoyada de forma recargada, barroca,
con piezas de extraordinario valor --tanto histórico como artístico--,
tocada con una singular pamela y portando entre sus manos un ramillete
de florecillas silvestres. Y, a sus plantas, un soberbio trono florido,
donde destacaban los colores blanco y amarillo. Gladiolos y claveles
como dosel florido de la Copatrona. En una de las paradas, una de las
camareras veteranas, Pruden, miembro de una de las sagas más activas
dedicadas al servicio de la Hermandad y de la Virgen, la de los Robles
Doblado, me contaría que el vestuario de la Virgen lo componen cinco
ternos de paseo o de fiesta, de valor incalculable, y otros tantos de
camarín. El paso iba llevado por una cuadrilla de doce costaleros de
promesa, sin reservas, ataviados con sus camisas blancas y pantalones
vaqueros, con sus pañuelos y medallas al cuello, bajo el mando del
capataz, Diego Pérez Arue, que lo haría con sobriedad y destreza. Como
contrapunto, tuve la suerte de meterme en el gaznate un par de
chorreones del vino de la bota que corría de mano en mano entre los
muchachos del tal Diego, y tengo que hacer constar que sabía a gloria
bendita.
GRAN ANIMACIÓN Inmediatamente detrás vendría la
presidencia religiosa, entre quienes destacaba el eterno párroco
emérito de San Fernando y Santa Isabel, Diego Barrena, y la civil y
militar, presidida por el alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, a quien
acompañaban distintas autoridades militares, religiosas y cofradieras
de la ciudad, destacando el general jefe de la BRIMZ Extremadura XI,
José Ignacio Medina, con su unidad, por cierto, a unos kilómetros más
allá de la Ermita, los concejales Consuelo Rodríguez y Antonio Ávila,
el capitán de la Guardia Civil y el canónigo Teodoro Agustín López, en
representación del señor Arzobispo, que lucía su flamante cargo. Y
rodeando el paso, varios centenares de romeros y devotos anónimos,
especialmente mujeres, que no quisieron dejar sola a su Virgen. Y, como
digno remate, cerrarían el cortejo las agrupaciones folklóricas
Extremadura, de Badajoz, y la del Hogar de Mayores de San Andrés, en el
Casco Antiguo pacense, que amenizarían la procesión con sus cánticos y
bailes extremeños. Tramo dela procesión donde echamos de menos al
popular Grupo Renacer, con Andrés Hurtado al tamboril. Siguiendo otra
costumbre del abajo firmante, de que allí donde fueres, haz lo que
vieres, me dí trazas y mañas para pegarme otros dos chorreones del vino
de los bailarines y danzantes en uno de sus descansos, y estaba de puta
madre. Mucha gente en el trayecto --camino y carretera--, incluyendo
a los vecinos portugueses y a gentes de las comarcas colindantes y de
otras latitudes, pero menos que otros años. Se podía discurrir con
facilidad por los alrededores de la Ermita. No había la congestión de
ediciones de antaño. Sin embargo, la pradera de El Tesorero y sus
aledaños estaba a tope, repleta de coches y domingueros, señal de que
la gente viene más a pasar el día de campo que a asistir a todos los
actos religiosos. Un dato a tener en cuenta sobre la evolución que está
presentando esta fiesta secular, no vayan a rasgarse las vestiduras en
la Hermandad, que ya hay gente que anda lamentándose de que "la romería
ya no es como la de antes". Y es que nada --romería de Bótoa incluída--
es como antes. Las mentalidades, los usos y las costumbres evolucionan,
cambian, como la vida misma. Aunque no le gusten a los sectores más
tradicionalistas, anclados en el pasado, pero eso ya es otra historia. Una
hora y cuarto más tarde, el cortejo llegaba de nuevo a la Ermita, con
el atrio repleto de gente, que esperaba acontecimientos. Con la Virgen
dando la cara a su pueblo, tuvieron lugar dos actuaciones folklóricas
de los Grupos participantes, el infantil y el de jóvenes, que bordarían
La uva y la Jota de la Siberia, con el público entregado.
Inmediatamente después tendría lugar la subasta del rosario y del ramo
de la Virgen, siendo adjudicados finalmente en 400 y 2.000 euros, en
una subasta que fue dirigida desde la terraza por el todoterrenal
Emilio González Barroso. Julián Mojedano, el subastador de toda la
vida, al que se le sigue añorando, anda mermado de salud y tiene que
seguir la romería por su radio, la SER de toda la vida. Finalizadas las
subastas, el paso de la Virgen fue introducido en su santa Casa entre
las ovaciones de los fieles presentes en el atrio y a los sones del
himno nacional. Música enlatada, por cierto, que allí no había banda
alguna, ni la municipal ni la del maestro Gabi.
LA HORA DE LA COMIDA Acabada
la función, la gente se desparramaría por los alrededores, debajo de
las encinas o, como haría la mayoría, por el recinto de las casetas,
ubicado justo enfrente de la Ermita, al otro lado de la carretera. Y
las casetas, hasta las trancas, quedarían desbordadas bien pronto, que
el personal tenía necesidad de saciar su sed y su apetito. Como de
costumbre, serían servidas a discreción, además de las clásicas
raciones de jamón, queso y embutidos ibéricos, otras no menos
apetitosas, a base de sardinas, choricitos, pinchitos, pancetas,
pruebas, tortillas y otros manjares campestres. Quienes harían su
agosto serían los vendedores de helados, que romperían la mala racha de
todo el mes por esas romerías y fiestas de la provincia, estropeadas
por el frío y la lluvia. Nosotros nos quedamos, en primera instancia, detrás de la Ermita, donde el puesto, servido por la gente de Pepe Salas, el orondo gerente de Los Valencianos, serviría tarde, mal y por un pastón unos platos de arroz y tapas y raciones de todo tipo. La falta de profesionalidad en esta caseta es proverbial y los romeros han de aguantar esperas y malos modos sin cuento. Con que más de uno y más de dos se largan con viento fresco, incluso sin pagar. Como casi siempre. Y es que no cambiamos en este pueblo a la hora de servirle decentemente. Y es en los andurriales de más allá de la carretera cuando vemos que
este sector va a lo suyo y no tiene nada que ver con el religioso y
romero. Contando, además del llano de las casetas, con un recinto
improvisado de karts, un ferial en toda regla y un mercadillo de
artículos textiles, donde eran omnipresentes los portugueses y los
gitanos. Los comerciantes portugueses, muchos de ellos gitanos, cada
vez vienen en mayor número a la romería de Bótoa, atraídos por la
enorme cantidad de personas que se movilizan el primer fin de semana de
mayo. Otra novedad a tener en cuenta para analizar y estudiar el
fenómeno de Bótoa: los portugueses, antaño devotos y romeros de la
Virgen --de la Santinha, como ellos la llamaban--, están dando paso a
los comerciantes de mercadillos. Otra de las constantes del domingo
romero fue la presencia numerosísima de motocicletas de baja
cilindrada, las motos de karts, las motos infantiles, a motor, pero
como si fueran de juguete, y los inefables squads. Con sus jóvenes
conductores y ocupantes a bordo, exhibiéndose continuamente, haciendo
alardes a troche y moche, con peligro para la integridad física de los
paseantes en algunos momentos. Otro cambio sustancial en la romería de
Bótoa: los clásicos caballos de toda la vida, aunque continúan
asistiendo y se dejan ver jinetes y amazonas, están dando paso a los
caballos motorizados, a las motos y a todas sus secuelas. Signos de los
tiempos cambiantes que vivimos.
CALLE DEL INFIERNO Después
del café, hubo tiempo para darse un voltio por la calle del Infierno,
donde estaban asentadas las casetas-discoteca, el Ferial, con sus
variopintos cacharritos, y el mercata. Entre el pasacalleo de los
niñatos y yogurines motorizados, los caballistas tradicionales,
apostados junto a las casetas de bebidas, ofrecían una estampa que me
recordaba al caballo de copas de los naipes de la baraja española. Pero
con algún que otro cambio: en vez de la clásica copa en la mano, los
posmodernos llevan el cubata o el vaso de cerveza al aire, muy
estirados ellos. Otro cambio más. ¿Y van...? Entrados en el
mercadillo, después de salvar el clásico tren de los escobazos,
encontramos que había de todo, como en botica. Con familias gitanas al completo al tanto de sus puestos. Con sus churumbeles y sus adolescentes divinamente enjoyadas, luciendo palmito. Con jóvenes madres dando la teta a sus bebés, ante la mirada complaciente del patriarca, bastón en ristre. Y aunque los mercaderes
me contaban que habían hecho poco negocio en esta romería, que no había
dinero y tal, la sensación del día fueron unas camisetas veraniegas, de
todos los colorines, con unos textos grabados en el pecho, a 5
machacantes la pieza. Me fijé en los lemas, algunos muy sugerentes:
"Sexy 100 %", "Pos va a ser que no", "100 % chico malo" y "No me
ralles". Por curiosidad, pregunté por este último y me dijo el del
puesto, un gitano de Mérida, que quería decir algo parecido a "No me
molestes", "Déjame en paz" o cosa parecida. Lo malo es que cuando quise
llevarme varios de "No me ralles", para fardar en la playa este año,
resulta que no los había de mi talla. ¿Será posible? Gratísimo
ambiente que nos deparó la primera romería de Badajoz, que la de San Isidro nos espera el domingo que viene, el tiempo acompañó, vigilancia al cuidado de los picoletos, que estuvieron a
todas, y un cero en conducta a la Cruz Roja, que no puso un mal
botiquín. Como para que hubiera pasado algo grave. Y es que la Cruz
Roja cobra, y bien, por todos sus servicios. Ya nada es gratuito, como
antes. Pero la organización de la romería, los señores de la Hermandad,
con su hermano mayor, Fernando Sánchez Cuadrado al frente, deberían
tener este capítulo contratado y pagado. Los primeros auxilios, en caso
de accidente o indisposición grave, son fundamentales y, en mi opinión,
es la Hermandad la garante de que se cuente con ellos.
LA DESPEDIDA
Ya al atardecer, había que volver a la Ermita, a despedirse de la
Virgen, a darle un beso en la distancia y a recoger el clásico
ramillete florido para llevártelo a tu casa. Y decenas de romeros que
esperaban su turno, con sus móviles y sus cámaras haciendo miles de
fotos, en tanto las lavanderas, que arropaban a Nuestra Señora,
sentadas en unos bancos, le cantaban una y otra vez las viejas y las
nuevas coplas de romería.
Un año más se había cumplido el ritual. Medio Badajoz había cumplido
con la tradición, se había dado un baño de identidad en la Ermita de
los predios de El Tesorero, a los pies de la Copatrona, Nuestra Señora
de Bótoa. La Patrona de nuestros campos, la Virgen de la pamela, santo
y seña de esta ciudad desde los tiempos de la Modernidad.
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¡Tócala otra vez, Magallanes!
Se llama Manolo, como casi todo el mundo en
España. Aunque reside en Badajoz, no olvida que nació en la cercana
localidad portuguesa de Campo Maior hace 59 años, siendo sus apellidos
Magallanes y Miranda. Tipo encantador,
vitalista consumado, infatigable contador de chistes y de anécdotas,
suele ser el centro de reunión de cualquier grupo de amigos que se
forme con su concurso. Cualquiera que no lo conozca, jamás podría adivinar que tras su
desbordante personalidad, su contagiosa sonrisa y sus gafas oscuras hay
un invidente total. Imposible, colegas. Porque todavía hay gente que no
sabe que es ciego total desde los dos añitos, teniendo que asistir
en Portugal a un colegio interno de educación especial para
personas invidentes, donde compatibilizaría los estudios
normales con los musicales. Así
y todo, mi Manolo ha sabido sobreponerse y llevar una vida casi normal,
con una voluntad férrea digna de encomio y la ayuda, claro es, de la
patronal, su Toni del alma. Y, lo que son las cosas, que es un
enamorado de la Música, de la Literatura y de... ¡Internet! Que manda
huevos con el Magallanes. Y, por supuesto, un consumado acordeonista,
además de pianista e intérprete de otros instrumentos de viento, miembro del conocido
Grupo de Coros y Danzas La Jara, asentado entre los colectivos de la
Margen derecha del Guadiana. Con el que ha recorrido casi todos los
países de Europa representando a Badajoz y a Extremadura, llevando como
bandera nuestras ricas músicas y danzas regionales. Tal es su afición
por la Música, que mi acordeonista favorito
ha venido tocando desde hace la intemerata en distintas
agrupaciones musicales de Badajoz y Extremadura, formando parte de
afamadas orquestas de baile y otras bandas. Pero no para aquí la cosa, porque el
menda sigue erre que erre, tocando en distintos ambientes
musicales, como pubs, hoteles, bodas, etc., con los teclados
electrónicos digitales, interpretando todo tipo de música, como
ambiental, jazz, popular y de danza. Lástima que no cante, porque podía
ser el Steve Wonder extremeño. Y salir en las escenas de las pelis
románticas como el pianista a quien el guaperas de turno le dice eso
tan clásico: ¡Tócala otra vez, Magallanes!
DE CAMPO MAIOR A BADAJOZ
Y, como le gusta recordar, su primer empleo
fue, siendo un mozo de 19 años, en
la fábrica de Café Camelo, en Campo Maior. Cinco años después
ingresaría como afiliado a la ONCE, una vez obtenida la nacionalidad
española. Y como cualquier miembro
de la ONCE que se precie, ha sido vendedor callejero en Badajoz, uno
más que pregonaba "la ilusión de todos los días", hiciera frío o calor,
lloviera o cayeran chuzos de punta. Desde 1.972 hasta 1.990. Dieciocho
años en las mejores esquinas de Badajoz, que se dice pronto, y sin que
se le cayeran los anillos. A partir de esa fecha, mi Manolo fue
subiendo en el escalafón, ocupando diferentes cargos de gestión
como mando intermedio en la ONCE, estando de baranda en Olivenza
varios años y, como jefazo de Planificación Económica y Cupón, durante
once
años en la sede de la Delegación Territorial en Badajoz.
Finalmente, le llegaría la hora de la jubilación a comienzos de 2.006,
con 57 tacos de almanaque en el almario. Y contando ya con cuatro
nietecillos, que son la alegría de la casa. Y cuando le preguntas que cómo se
las arregla para "ver" en Internet, resulta que el susodicho accede divinamente
a la Red de redes a través
de un programa de voz especial llamado "Jaws", que es un lector de
pantalla americano diseñado para personas ciegas.
Pero lo que nadie sabe es que desde que nos intercambiamos los correos
electrónicos, el tal Magallanes se ha convertido en mi proveedor
favorito de audiocuentos, relatos cortos, chistes, anécdotas e
historias atractivas y divertidas. Y es raro el día que no reciba media
docena. Que no me aburro, no, con este badajocense de adopción. Un
encanto de criatura. Un ejemplo cabal de superación de las adversidades. Un
luchador nato. Un consumado acordeonista... ¡Tócala otra vez,
Magallanes!
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