La plaza de la Libertad, en la intersección de la ronda del Pilar, la
calle Correos, la avenida de Huelva y la avenida de Ramón y Cajal,
constituye hoy día uno de los sitios más frecuentados del todo Badajoz.
Zona de paso entre el Casco antiguo, el intramuros de antaño, con la
zona de expansión de Santa Marina. Encrucijada, por cierto, donde estuvo ubicado el baluarte de
San Juan, destruido sin dejar rastro. Y esta plazoleta, además del
trasiego diario de gente, es parada obligatoria de muchísimos
autobuses. Los del servicio municipal de buses urbanos y, lo que mucha
gente desconoce, los de los famosos "servicios discrecionales" de las
incontables empresas de autobuses que radican en la capital y
provincia. Y es que este lugar, por su privilegiada situación, es el
punto de salida y llegada de numerosos autobuses a lo largo del día,
sobre todo, en los fines de semana. Con miles de viajeros que van y
vienen. Y el sitio, en las proximidades de Correos, todavía sigue
conociéndose como "las traseras de Simago". Emblemático gran almacén de
las décadas de los 70, 80 y 90 que ocupara el lugar del histórico
Cuartel de Ingenieros, de finales del XVIII, desaparecido en la segunda
mitad de la década de los 60. Cuya portada, por cierto, puede admirarse
hoy día en el jardín del Museo de Bellas Artes de Badajoz. Pues bien, a
pesar de que Simago fue reemplazado hace años por otro gran almacén, el
Eroski, la gente en Badajoz, a la hora de quedar para salir de viaje en
autobús sigue diciendo que "se sale de las traseras de Simago".