El pasado 23, coincidiendo con el Día del Libro, Badajoz fue escenario
de una puesta en escena singular. Teniendo como teatro de operaciones
la Biblioteca General de Extremadura (BIEX), levantada sobre los restos
del que fuera Salón de recepción de Ibn Marwan, fundador de la ciudad,
en pleno corazón de la Alcazaba pacense, se abriría una extraordinaria
Exposición bibliográfica, titulada Extremadura: Tierra de Libros.
Y es que pocas veces en la vida ha podido uno visualizar, alrededor de
250 ejemplares impresos, manuscritos, grabados y efímeros, de entre los
siglos XV y XX, pertenecientes todos ellos al Fondo Clot-Manzanares
(FCM), a la Extremadura global como en esa noche mágica.
Y es que,
por una parte, en formato impreso o manuscrito allí estaba representado
el ayer y el hoy, el pasado y el presente de nuestra Región.
Con una
cuidada selección de entre los 13.000 ejemplares reunidos con amor y
delectación durante más de treinta años por el matrimonio formado por
la catalana --de Tarrasa-- Teresa Clot Bru y el badajoceño Joaquín
González Manzanares. Colección que, desde marzo de 2005, forma parte
indisoluble del patrimonio cultural de Extremadura. Conteniendo obras
de una gran variedad de ilustres bibliófilos, bibliógrafos, impresores,
editores y libreros como lo fueron Benito Arias Montano, Francisco
Sánchez de las Brozas ("El Brocense"), Bernabé Moreno de Vargas, Juan
Meléndez Valdés, Manuel Godoy, Bartolomé J. Gallardo, Vicente
Barrantes, Marqués de Jerez de los Caballeros, Agustín Sánchez Rodrigo,
Ramón Carande, Conde de Canilleros, Antonio Rodríguez Moñino, Jesús
Delgado Valhondo, Pedro de Lorenzo, José López Prudencio o Fernando T.
Pérez González, todos ellos de ascendencia extremeña.
Y, por otra,
los presentes que se dieron cita esa noche del 23-A, representaban
adecuadamente, en mi opinión, a la Extremadura actual. Y es que las 300
personas que llenaban hasta los pasillos el hall de la Biblioteca
provenían de todos los sectores de la sociedad, la cultura y la vida
extremeñas, hombres y mujeres, jóvenes y jóvenas, jubilatas y
pensionistas, periodistas y políticos de todas las administraciones,
profesores de todos los niveles y funcionarios, académicos y curas
ilustrados, artistas y gente de la farándula, militares de muchas
estrellas y en la reserva activa, impresores y libreros, empresarios y científicos, estudiantes y opositores, juristas
y escritores a tutiplén, todos ellos bibliófilos de pro. Incluida,
claro está, la prolífica familia clotmanzanera, que no sólo de libros
vive el hombre. Y allí no cabía un alfiler, oiga. Como que tuvieron que
retirar las sillas del salón de actos. Todo el mundo a pie enjuto,
incluida la mesa presidencial.
LLENAZO TOTAL
La cosa
empezaría sobre las 19,30 horas y los alrededores de La Alcazaba
estaban colapsados de coches mil. Y la primera gran sorpresa de la
noche: el baranda de la BIEX, Justo Vila, que iba de tiros largos, con
corbata y todo, y el director general de Promoción cultural, el
inefable y todoterrenal Chema Corrales, que esperaban en la puerta al Avisador. No
había alfombra roja ni lacayos, pero me pareció todo un detalle su atenta
recepción. Poco después comprobaría que la cosa era bien distinta, que resulta que los dos caballeros estaban en la puerta saludando a todos
los invitados y esperando al consejero, que llegaría de los últimos. Lo
de la corbata del Justo sería la comidilla de la noche, cuando él es un
proletario descamisado, de los que ya no quedan.
Ya puestos,
intervendría en primer lugar el tal Vila, comisario de la Muestra junto
con JGM, encantado de haberse conocido, recordando este importante hito
después de que otro sonado 23 de abril, pero de 2002, fuera creada la
Biblioteca. Le seguiría JGM, que haría el discurso de su vida, en un
día mágico como el 23 de abril, recordando a los tres grandes
escritores que murieron en ese día y el mismo año, 1616, Miguel de
Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, cuyo
padre era de Badajoz, o séase, hace la friolera de 391 años. Después,
haría un repaso del contenido bibliográfico de la Exposición, para
centrarse en sus tres amores: "mi familia, mis amigos y mis libros". Un
aplauso del respetable le ayudaría a superar el trago. Y, embargado por
la emoción, con los ojos empañados por las lágrimas, al bueno de JGM se
le rompería el corazón cuando dijo eso tan clásico en él: "Yo resido en
Madrid, vivo en Extremadura y nací en Badajoz, hace 60 años, tierra de
Dios, como dijera Fray Luis de Granada...". Ciudad de la que se siente
muy orgulloso, por cierto, y de la que habla y no para.
Y luego iría desbrozando algunos de los saberes recónditos del buen bibliófilo: "Todos
los libros hablan y los antiguos, más: de su cuna (imprenta), el año en
que nacieron, quién fue su padre, patrocinador o impresor, en los
estantes que estuvieron, las manos por las que pasaron, las
mutilaciones y los desgarros que sufrieron...". ¡Los estaba tratando
como si fueran entes vivos!
Y qué decir de sus amigos bibliófilos. Que no regatearía elogios a
"aquellos que dedican su precioso tiempo en cosas aparentemente
inútiles, como son la bibliofilia y la bibliografía".
ANTES Y DESPUÉS DEL CATÁLOGO
Y,
ya de carrete, se extendería en el Catálogo, recién impreso en los
talleres pacenses de Indugrafic: "Extremadura cuenta con uno de los
patrimonios bibliográficos más importante del mundo. Y en este Catálogo
va la historia libresca de la Región". Agradeciendo, con palabras
sentidas de amistad y admiración, a los dos centenares largos de
especialistas y expertos que han colaborado, algo inusual en este tipo
de obras colectivas, por cierto. Y para rematar, una predicción de
experto: "Y a partir de ahora se hablará de los libros extremeños hasta
el Catálogo y después del Catálogo". JGM dixit.
Con el público entregado, una cerrada ovación acogería sus últimas palabras.
Inmediatamente
después, cogería el micro su esposa, Teresa Clot, que, como fiel
contrapunto del discurso de Joaquín, diría la frase más corta y
enjundiosa de su vida: "Desde ahora me siento más extremeña".
Cerraría
el ciclo de intervenciones el consejero de Cultura, Paco Muñoz, que
resaltaría la importancia del sistema bibliotecario extremeño --446
bibliotecas en la Región--, con la BIEX como cabecera y referente. Que
viene jugando un papel primordial en la recuperación, conservación y
difusión del patrimonio bibliográfico extremeño, promoviendo la
investigación y la divulgación cultural del mismo, de ahí la
importancia de la adquisición del Fondo Clot-Manzanares. Al que
consideró de un valor incalculable, extremeño por los cuatro costados
--por las temáticas, los autores, los impresores, los editores, etc.--
y el precio abonado en su momento --1.200.000 machacantes, 200 millones
de pelas, nos diría más tarde--, como simbólico. Aunque siga habiendo
necios que confundan valor y precio.
Y, ya para terminar, nos
dejaría dos frases para enmarcar, al considerar al libro "como una
extensión de la memoria" y al "Fondo Clot-Manzanares, la memoria de
Extremadura".
EL GUATEQUE
Finalmente, llegaría la hora del
guateque, la copichuela y el aperitivo, servido en el jardín de la
BIEX, donde se estaba divinamente, por cierto, entre aromas de azahar
de los naranjos. Atendería al personal el equipo de servidores, lacayos
y edecanes --con sus guantes blancos y todo--, de la nunca bien
ponderada Superintendenta de Saraos y Festivales, Dª Anabel Rojas
López, madama con mando en plaza en su Catering Anabel, de Don Benito,
sirviendo todo tipo de viandas del mejor ibérico y los excelentes
quesos de estas tierras, destacando sus exquisiteces en patés,
cazoletas y bocaditos, que supieron a gloria. El vino, ideal para la
ocasión, fue Señorío de Zúñiga, nuevo por estos pagos, un tinto riberadelguadiana, uva tempranillo, de las acreditadas Bodegas Castelar, de Hornachos. A. R., naturalmente.
La
noche se puso muy animada --sólo faltó una orquestina-- y la saga
González Clot --cinco hijos, cuatro nietos, no sé cuántos hermanos,
sobrinos, primos, yernos, nueras y lo que te rondaré, morena--, con la
pareja real de protagonistas, estuvieron de aquí para allá repartiendo
besos, abrazos, sonrisas y, claro es, las firmas reglamentarias en forma de
dedicatorias. Y es que algunos tuvimos la suerte de recibir el tocho
clotmanzanero, que la organización había repartido unos cuantos entre
otros tantos coautores presentes. Cosa rara en mi caso, cuando el abajo
firmante era de los últimos de la fila. Y, lo que son las cosas, a mí
me tocaría el ejemplar más "erótico", el que viene numerado con el 69,
que manda huevos.
Eran pasadas las diez de la noche cuando, en unión de la patronal, nos
retirábamos. Que allí se quedaban, tomándose la "espuela", el personal
de la BIEX junto a su ínclito director, el otrora proletario
descamisado, esa noche ejecutivo encorbatado, Justo Vila. Se la habían
merecido. Que habían echado horas sin cuento para montar y disponer una
Exposición que honra a Extremadura y a los extremeños. Que, por si no
lo sabéis, estará abierta hasta el 16 de junio.