¡Qué noche la del 23-A!

Por El Avisador - 26 de Abril, 2007, 1:25, Categoría: General

El pasado 23, coincidiendo con el Día del Libro, Badajoz fue escenario de una puesta en escena singular. Teniendo como teatro de operaciones la Biblioteca General de Extremadura (BIEX), levantada sobre los restos del que fuera Salón de recepción de Ibn Marwan, fundador de la ciudad, en pleno corazón de la Alcazaba pacense, se abriría una extraordinaria Exposición bibliográfica, titulada Extremadura: Tierra de Libros. Y es que pocas veces en la vida ha podido uno visualizar, alrededor de 250 ejemplares impresos, manuscritos, grabados y efímeros, de entre los siglos XV y XX, pertenecientes todos ellos al Fondo Clot-Manzanares (FCM), a la Extremadura global como en esa noche mágica.
Y es que, por una parte, en formato impreso o manuscrito allí estaba representado el ayer y el hoy, el pasado y el presente de nuestra Región.
Con una cuidada selección de entre los 13.000 ejemplares reunidos con amor y delectación durante más de treinta años por el matrimonio formado por la catalana --de Tarrasa-- Teresa Clot Bru y el badajoceño Joaquín González Manzanares. Colección que, desde marzo de 2005, forma parte indisoluble del patrimonio cultural de Extremadura. Conteniendo obras de una gran variedad de ilustres bibliófilos, bibliógrafos, impresores, editores y libreros como lo fueron Benito Arias Montano, Francisco Sánchez de las Brozas ("El Brocense"), Bernabé Moreno de Vargas, Juan Meléndez Valdés, Manuel Godoy, Bartolomé J. Gallardo, Vicente Barrantes, Marqués de Jerez de los Caballeros, Agustín Sánchez Rodrigo, Ramón Carande, Conde de Canilleros, Antonio Rodríguez Moñino, Jesús Delgado Valhondo, Pedro de Lorenzo, José López Prudencio o Fernando T. Pérez González, todos ellos de ascendencia extremeña.
Y, por otra, los presentes que se dieron cita esa noche del 23-A, representaban adecuadamente, en mi opinión, a la Extremadura actual. Y es que las 300 personas que llenaban hasta los pasillos el hall de la Biblioteca provenían de todos los sectores de la sociedad, la cultura y la vida extremeñas, hombres y mujeres, jóvenes y jóvenas, jubilatas y pensionistas,
periodistas y políticos de todas las administraciones, profesores de todos los niveles y funcionarios, académicos y curas ilustrados, artistas y gente de la farándula, militares de muchas estrellas y en la reserva activa, impresores y libreros, empresarios y científicos, estudiantes y opositores, juristas y escritores a tutiplén, todos ellos bibliófilos de pro. Incluida, claro está, la prolífica familia clotmanzanera, que no sólo de libros vive el hombre. Y allí no cabía un alfiler, oiga. Como que tuvieron que retirar las sillas del salón de actos. Todo el mundo a pie enjuto, incluida la mesa presidencial.

LLENAZO TOTAL
La cosa empezaría sobre las 19,30 horas y los alrededores de La Alcazaba estaban colapsados de coches mil. Y la primera gran sorpresa de la noche: el baranda de la BIEX, Justo Vila, que iba de tiros largos, con corbata y todo, y el director general de Promoción cultural, el inefable y todoterrenal Chema Corrales, que esperaban en la puerta al Avisador. No había alfombra roja ni lacayos, pero me pareció todo un detalle su atenta recepción. Poco después comprobaría que la cosa era bien distinta, que resulta que los dos caballeros estaban en la puerta saludando a todos los invitados y esperando al consejero, que llegaría de los últimos. Lo de la corbata del Justo sería la comidilla de la noche, cuando él es un proletario descamisado, de los que ya no quedan.
Ya puestos, intervendría en primer lugar el tal Vila, comisario de la Muestra junto con JGM, encantado de haberse conocido, recordando este importante hito después de que otro sonado 23 de abril, pero de 2002, fuera creada la Biblioteca. Le seguiría JGM, que haría el discurso de su vida, en un día mágico como el 23 de abril, recordando a los tres grandes escritores que murieron en ese día y el mismo año, 1616, Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, cuyo padre era de Badajoz, o séase, hace la friolera de 391 años. Después, haría un repaso del contenido bibliográfico de la Exposición, para centrarse en sus tres amores: "mi familia, mis amigos y mis libros". Un aplauso del respetable le ayudaría a superar el trago. Y, embargado por la emoción, con los ojos empañados por las lágrimas, al bueno de JGM se le rompería el corazón cuando dijo eso tan clásico en él: "Yo resido en Madrid, vivo en Extremadura y nací en Badajoz, hace 60 años, tierra de Dios, como dijera Fray Luis de Granada...". Ciudad de la que se siente muy orgulloso, por cierto, y de la que habla y no para.
Y luego iría desbrozando algunos de los saberes recónditos del buen bibliófilo: "Todos los libros hablan y los antiguos, más: de su cuna (imprenta), el año en que nacieron, quién fue su padre, patrocinador o impresor, en los estantes que estuvieron, las manos por las que pasaron, las mutilaciones y los desgarros que sufrieron...". ¡Los estaba tratando como si fueran entes vivos!
Y qué decir de sus amigos bibliófilos. Que no regatearía elogios a "aquellos que dedican su precioso tiempo en cosas aparentemente inútiles, como son la bibliofilia y la bibliografía".

ANTES Y DESPUÉS DEL CATÁLOGO
Y, ya de carrete, se extendería en el Catálogo, recién impreso en los talleres pacenses de Indugrafic: "Extremadura cuenta con uno de los patrimonios bibliográficos más importante del mundo. Y en este Catálogo va la historia libresca de la Región". Agradeciendo, con palabras sentidas de amistad y admiración, a los dos centenares largos de especialistas y expertos que han colaborado, algo inusual en este tipo de obras colectivas, por cierto. Y para rematar, una predicción de experto: "Y a partir de ahora se hablará de los libros extremeños hasta el Catálogo y después del Catálogo". JGM dixit.
Con el público entregado, una cerrada ovación acogería sus últimas palabras.
Inmediatamente después, cogería el micro su esposa, Teresa Clot, que, como fiel contrapunto del discurso de Joaquín, diría la frase más corta y enjundiosa de su vida: "Desde ahora me siento más extremeña".
Cerraría el ciclo de intervenciones el consejero de Cultura, Paco Muñoz, que resaltaría la importancia del sistema bibliotecario extremeño --446 bibliotecas en la Región--, con la BIEX como cabecera y referente. Que viene jugando un papel primordial en la recuperación, conservación y difusión del patrimonio bibliográfico extremeño, promoviendo la investigación y la divulgación cultural del mismo, de ahí la importancia de la adquisición del Fondo Clot-Manzanares. Al que consideró de un valor incalculable, extremeño por los cuatro costados --por las temáticas, los autores, los impresores, los editores, etc.-- y el precio abonado en su momento --1.200.000 machacantes, 200 millones de pelas, nos diría más tarde--, como simbólico. Aunque siga habiendo necios que confundan valor y precio.
Y, ya para terminar, nos dejaría dos frases para enmarcar, al considerar al libro "como una extensión de la memoria" y al "Fondo Clot-Manzanares, la memoria de Extremadura".

EL GUATEQUE
Finalmente, llegaría la hora del guateque, la copichuela y el aperitivo, servido en el jardín de la BIEX, donde se estaba divinamente, por cierto, entre aromas de azahar de los naranjos. Atendería al personal el equipo de servidores, lacayos y edecanes --con sus guantes blancos y todo--, de la nunca bien ponderada Superintendenta de Saraos y Festivales, Dª Anabel Rojas López, madama con mando en plaza en su Catering Anabel, de Don Benito, sirviendo todo tipo de viandas del mejor ibérico y los excelentes quesos de estas tierras, destacando sus exquisiteces en patés, cazoletas y bocaditos, que supieron a gloria. El vino, ideal para la ocasión, fue Señorío de Zúñiga, nuevo por estos pagos, un tinto riberadelguadiana, uva tempranillo, de las acreditadas Bodegas Castelar, de Hornachos. A. R., naturalmente.
La noche se puso muy animada --sólo faltó una orquestina-- y la saga González Clot --cinco hijos, cuatro nietos, no sé cuántos hermanos, sobrinos, primos, yernos, nueras y lo que te rondaré, morena--, con la pareja real de protagonistas, estuvieron de aquí para allá repartiendo besos, abrazos, sonrisas y, claro es, las firmas reglamentarias en forma de dedicatorias. Y es que algunos tuvimos la suerte de recibir el tocho clotmanzanero, que la organización había repartido unos cuantos entre otros tantos coautores presentes. Cosa rara en mi caso, cuando el abajo firmante era de los últimos de la fila. Y, lo que son las cosas, a mí me tocaría el ejemplar más "erótico", el que viene numerado con el 69, que manda huevos.
Eran pasadas las diez de la noche cuando, en unión de la patronal, nos retirábamos. Que allí se quedaban, tomándose la "espuela", el personal de la BIEX junto a su ínclito director, el otrora proletario descamisado, esa noche ejecutivo encorbatado, Justo Vila. Se la habían merecido. Que habían echado horas sin cuento para montar y disponer una Exposición que honra a Extremadura y a los extremeños. Que, por si no lo sabéis, estará abierta hasta el 16 de junio.

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