Quedan pocos plenos que celebrar en nuestros Ayuntamientos y las
reuniones del concejalato llevan el signo de la despedida.
Las elecciones están a la vuelta de la esquina, como quien dice. Unos que cesan y vuelven a sus trabajos, otros que se quedan, otros que se van
porque no repiten, etc. Pero hay un concejal en el Ayuntamiento de
Badajoz al que, con independencia del campo donde milita, hay que darle
el premio a la constancia y al tesón. De amor por su ciudad. Estoy
hablando de Moisés Cayetano Rosado, que se va porque el nuevo equipo
del puño y la rosa no cuenta con él. O porque lo van a ascender en el
organigrama de la Junta o de la Diputación, que todo puede ocurrir.
Resulta
que, después de tropecientas campañas, reuniones informativas, ruedas
de prensa, mociones, visitas guiadas, jornadas, congresos y demás
actuaciones públicas, ha conseguido, al menos, dos cosas por la que los pacenses
le estaremos siempre agradecidos. La primera es el Centro Asociado de
la UNED, que ya ha abierto sus puertas en la mismísima Plaza Alta
pacense. Si él no hubiera estado dale que te pego desde la primigenia
Asociación de Amigos de la UNED, otro gallo nos cantaría. Y la segunda,
el hecho de que el Ayuntamiento de Badajoz lidere el proyecto de
Ciudades abaluartadas de la Raya, para recuperar este extraordinario
patrimonio, que podría ser declarado, tras las pertinentes gestiones y
presentación de proyectos, Espacio cultural Patrimonio de la Humanidad.
TESÓN Y CONSTANCIA
Esta es la cara bonita, porque para llegar hasta aquí el bueno de
Moisés ha tenido que tragarse muchas veces los sapos de la
incomprensión, la desconfianza, la ingratitud y, por qué no decirlo, la
incultura. Sólo porque sus ideas las había tenido él y no los que
mandaban --los de la gaviota, los miguelceldrán boys--,
que siempre ponían la zanca, algún pero. Cuántos peros, Señor, ha
tenido que soportar nuestro hombre. Una persona corriente y moliente,
sin la voluntad y el
tesón de Moisés, habría mandado todo a hacer puñetas y se hubiera ido a
casita, que es lo que hubieran hecho más de uno y más de dos. Pero
nuestro Moisés, con su aparente fragilidad,
aguantó estoicamente hasta el final --como incansable promotor, se
entiende--, consiguiendo estos dos logros, por lo que en este pueblo
más de uno y más de dos le estamos agradecidos. Incluido este que lo
es, que conste.