La pasada semana, con el salón de columnas de la Diputación repleto de público, se presentaba el libro Negrín. Una biografía de la figura más difamada de la España del siglo XX,
de Enrique Moradiellos García (Oviedo, 1961). La verdad es que
asistimos porque me atraía la personalidad y la trayectoria del
profesor Moradiellos, catedrático de Historia Contemporánea de la UEx,
al que conocimos en la Exposición celebrada en septiembre del año
pasado sobre la Guerra civil española, 70 años Guerra Civil española. 1936,
de la que era, además de comisario, responsable del Catálogo editado al
efecto. Tras las presentaciones de rigor, primero de Javier Bodas,
responsable cultural y editorial de la Diputación Provincial, que pidió
"conocer toda la verdad, sin mirar para atrás con ira", y de un tal
Pepe Hinojosa --que resultaría larga y premiosa--, director del GHCEx,
grupo de reciente creación que aglutina a los estudiosos de la Historia Contemporánea en
nuestra Región, tomaría la palabra Moradiellos, encantado de haberse
conocido por estar nuevamente en Badajoz. Hombre tímido, exquisito,
afable, de suaves maneras --el perfecto gentleman
inglés, si no fuera porque ha nacido en Asturias, patria querida--, que
habla como escribe y escribe como habla. Y que muchas habrán sido las
razones para hacer la biografía del doctor Juan Negrín, último jefe de
gobierno de la República --desde mayo de 1937 a marzo de 1939--, sobre
el que se tejió una interesada leyenda negra, una espesa malla de
silencio, olvido e incomprensión que, aún hoy día, sigue envolviendo en
gran medida su figura política y humana. La figura política más
difamada de la España del siglo XX, como dice el subtítulo. Y a la que
ha dedicado un tocho de 651 páginas (Barcelona, Península, 2006), que
se dice pronto, en un loable intento de recuperar su memoria, de situarle tal cual ante la Historia,
cuando se cumplen 70 años del final de nuestra cruenta Guerra civil.
Nacido en 1892, en Las Palmas, Juan Negrín López fue un médico de gran talla intelectual, aunque
carente de dotes oratorias, fisiólogo insigne, socialista moderado, de
la facción de Prieto, que consideraba a la República como el
instrumento idóneo para la modernización del país. El personaje más
olvidado de la época, a pesar de ser el que mejor encaró la difícil
realidad de la República en los últimos tiempos de la Guerra civil. Un
gran científico devenido en político por la fuerza de la coyuntura
--Moradiellos dixit--,
afrontando con vigor y coraje cívico el desbarajuste que era el bando
republicano en los casi dos últimos años de la contienda. Lo que
suscitaría una enorme controversia interna y externa, que todavía
continúa, 70 años después. El estadista filocomunista, el hombre de
Moscú. Criticado acerbamente por sus propios compañeros por haber
alargado inútilmente, según ellos, la guerra, con aquella consigna que
haría historia: "Resistir es vencer". Caballo de troya del comunismo,
acusado de promover el ascenso del PCE. Y, además, que no supo afrontar
una intervención internacional para conseguir una paz humanitaria.
Terminada la guerra y llegada la democracia, el PSOE y la UGT correrían
un tupido velo sobre su figura. Única de su época que no tiene
Fundación, al igual que la tienen otras figuras del momento (Largo
Caballero, Indalecio Prieto, Dolores Ibárruri...).
EL HOMBRE TRANQUILO
De manera ajustada, profesoral, exhaustiva y
hablando casi de memoria, Moradiellos, nuestro hombre tranquilo, se
adentraría en las facetas personal, familiar, profesional y política de
Negrín, exponiendo una muy rica información, contrastada en numerosas
fuentes.
Y es que más que una presentación libresca aquello era una
conferencia en toda regla. Y contextualizada en la época, tanto en el
interior como en el exterior. ¡Y sin la jarra de agua y el vaso
reglamentarios! ¡Vaya lapsus de la organización! Tocó todos los temás
candentes, sin olvidar ninguno, con especial detenimiento en el
famosísimo oro de Moscú, llevando parte de las reservas de oro del
Banco de España a Moscú para, una vez convertido en divisas, sufragar
los gastos de la guerra, armas y alimentos necesarios para la
resistencia ante el avance arrollador de las tropas de Franco. Todo ello con la
aprobación de Azaña, Prieto y Largo Caballero, además de otros
ministros influyentes.
Tras su muerte en 1956, sus familiares
entregarían, por deseo expreso de Negrín, las cuentas detalladas del
affaire del oro de Moscú al embajador de Franco en París, cosa que
siempre se quiso ocultar.
Aquello duraría casi dos horas, que tiene tela marinera, y la gente, enganchada al biógrafo de Negrín sin pestañear. ¿Será posible?
DEBATE
Y
en el turno de debate, más preguntas, que la gente quería saber. Y
salieron otros de los tabúes con que sería estigmatizado por sus
enemigos, respecto a sus "vicios" personales: comilón, mujeriego, homosexual,
drogadicto y no sé cuantas cosas más. Y mi hombre tranquilo que desmontaría estas patrañas con una pasmosa facilidad, trayendo a colación datos
contrastados de su vida real. Que echaban abajo, punto por punto, las
acusaciones de las partes interesadas. Y en este punto, me llevé las
manos a la cabeza porque estaba contando casi todo lo que venía en el
libro, y me preguntaba que qué iba a dejar a los que se llevaran el libro.
Pero la
pregunta del millón vino de parte de nuestro ínclito Manolo Vidarte, el
fotógrafo que cubría el acto para su archivo familiar, porque
descerrajó esta cuestión:
--Vamos a ver, Juan Simeón Vidarte, primo de mi abuelo paterno, ¿fue bueno o malo?
Y
las sonrisas se apoderaron del conferenciante y del auditorio, que
aprovecharía para decir muchas cosas de él, diputado socialista por
Badajoz, de la facción moderada de Prieto y tal, que acabaría
escribiendo un libro muy sonado: Todos fuimos culpables.
Eran
pasadas las diez de la noche y había que recogerse. Por lo que
aprovechamos para saludar a Enrique, que me reconoció, y que me firmara
uno de sus libros --1936. Los mitos de la Guerra Civil
(Barcelona, Península, 2005). La biografía de Negrín es demasiado densa
para el abajofirmante, que no es experto en Historia. Y aprovecho para preguntarle
si le gusta Extremadura en el poco tiempo que lleva dando clases en la
Facultad de Filosofía y Letras, en Cáceres.
--Sí, totalmente, estamos encantados de esta tierra, tanto mi
familia como yo, me
quedo en Extremadura. Y es que ya uno es "mayor" --te dice a modo de
explicación este extremeño de adopción.
--Pero, ¿cuántos años tiene, don Enrique, si usted es todavía muy joven?
--Cuarenta y seis, los mismos que tenía Negrín cuando fue nombrado jefe del Gobierno de la República...
DESPEDIDA
Don Enrique, ha sido un placer escucharle. Se nos ha
pasado volando casi las dos horas. Siento que no vaya a leer su tocho,
es demasiado para un aficionadillo a la Historia contemporánea de
España. Me llevo el de los Mitos de la Guerra Civil,
más liviano, para ponerme en situación y tener una visión más de
conjunto. Y cuando lo lea le doy un toque, por si me quiere enviar el
de Negrín. Que yo no hago ascos a quienes me mandan sus libros. Que sería una falta de respeto, vamos. Que los leo.
Y
enhorabuena por haber tomado tan sabia decisión: quedarte en
Extremadura, nuestra tierra, que ya es la tuya y la de tu familia.