Andan diciendo por todas las esquinas de Internet que los presidentes
de Cataluña, País Vasco y Andalucía se han blindado, autoasignándose
sueldos vitalicios. Para cuando se jubilen, con la pasta salida de
todos los españolitos, claro. Y que otros ex se están buscando un
puesto de honor en los Consejos consultivos de las Autonomías, para
llevarse la pasta gansa un montón de años más. Pobrecillos, como no
ganan lo suficiente, como sus sueldos no son como los del mahrajá de
Kapurtala..., pues hay que asegurar la vejez. Que no les llega la
pensión, los hijos de la gran... bretaña.
Y, quitando algún caso que
conozco, como el del presidente de Extremadura, que no se blinda, que
vuelve como profe a la Universidad, el resto tiene una jeta que se la
pisa. Y es que ya no se acuerdan de cuando decían en sus primeros
discursos que venían a servir a la sociedad, a mejorar las condiciones
de vida del común, especialmente de los más necesitados. Que cuando se
fueran se irían tal como habían venido, con agujeros en los bolsillos y
el equipaje ligero. Pues, ahora, van y se asignan sueldazos vitalicios,
los muy sinvergüenzas. Además de despacho, secretaria, coche, chófer y
la cama, aparte, claro. Y aquí nadie dice nada, ni se manifiesta el fin
de semana, ni escribe cartas a los periódicos ni al Avisador. Todo
normalísimo. Masoquistas que somos, que nos gusta que nos den por saco.
Pues allá vosotros, que un día de éstos me exilio con la parienta a un
atolón de las Islas Marquesas, en la Polinesia, en el océano Pacífico,
y a vivir, que son dos días y medio.