Básicamente, el Carnaval tuvo sus orígenes en una tradición pagana enmarcada en la celebración religiosa de la Cuaresma, lo que desde muy antiguo originó quejas de la Iglesia, como ya había pasado con la que se llamaba Autos Sacramentales(representaciones que pretendían tener un carácter religioso pero que el pueblo conseguía convertir en todo lo contrario). También es cierto que, en ocasiones, se cometieron excesos y abusos que justificaron que las autoridades prohibieran su celebración. Pese a todo, el Carnaval
siempre ha tenido gran arraigo popular en Badajoz. Según las distintas épocas, el Carnaval se celebraba de una manera o de otra. Y con el tiempo ha ido evolucionando. En los primeros años del siglo XX los lugares escogidos por los carnavaleros eran, principalmente, las calles Menacho y Santo Domingo, por las que solían pasear “las máscaras” y, en muchas ocasiones, se producían batallas de garbanzos y habichuelas. Esta costumbre originó quejas en los periódicos, ya que en una ciudad generalmente pobre, como era Badajoz, se consideraba un despilfarro arrojar a la calle estas legumbres (en más de una ocasión se llegaron a recoger, una vez pasadas las fiestas, más de doscientos kilos de garbanzos). Al final del día se solían celebrar bailes en el Liceo de Artesanos y en el Centro Obrero (para las clases humildes) y en el Casino (para los pudientes que no querían mezclarse con la “chusma” y supongo que estas clases pudientes, cuando miraban a través de los cristales los nervudos brazos y tostados pechos de los robustos jóvenes de Badajoz y la morena belleza de sus mujeres, sentirían secreta envidia de no poder estar entre ellos). Por otra parte, las gloriosas murallas de la ciudad también eran testigos de andanzas amorosas que nada tenían que ver con el terror de las bombas que en muchas ocasiones pretendieron derribarlas.
Este año, el Carnaval ha tenido un borrón a cuenta de cierta sentencia
de un Juez de Canarias que, aunque después se retractó, en primera
instancia prohibió la celebración de estas fiestas por las calles. En
Badajoz, aunque ciertamente, el bullicio y jarana de esos días moleste a los vecinos de las zonas en las que se desarrollan los carnavales, no creo que eso llegara a pasar. Las murgas y comparsas dan ejemplo de civismo. A excepción de esos días de alboroto en el que demuestran el trabajo de preparación y ensayos que han llevado a cabo durante todo el año, el resto del tiempo, cuando ensayan sus coreografías, suelen hacerlo en lugares apartados, donde ni molestan ni causan problemas en el tráfico. Es encomiable el gran esfuerzo y sacrificio que tienen que realizar, ya que una vez que terminan sus quehaceres diarios, con ganas o sin ellas, tienen que desplazarse a las afueras de la ciudad y ensayar duramente para que el resto de badajocenses podamos disfrutar de unas fiestas que hacen que Badajoz sea cada vez más conocido por la belleza, alegría y vistosidad de su Carnaval.
APUNTES FINALES
Para terminar, dos últimos apuntes:
Uno.- ¿Por qué no se suprime, de una vez por todas, el concurso de Murgas y Comparsas?. Quiero decir que sí, que, efectivamente, este concurso debe seguir celebrándose, faltaría más y las murgas cantar para el público y las comparsas lucir también sus disfraces que causan asombro, pero el premio debería consistir en un diploma o algo así y las subvenciones que se den repartirse en partes iguales entre todas, ya que al ritmo que vamos, pronto, con el afán de conseguir el primer premio y la cantidad que ese premio conlleve, se conseguirá que las murgas estén compuestas por personas que sean verdaderos cantantes profesionales e, incluso, que se entre en la tónica de los “fichajes”. Eso no debe llegar nunca. Las murgas y comparsas están formadas por grupos de amigos, dotados, unos de cierta calidad de voz y otros de talento e imaginación para diseñar trajes y coreografía, pero todos trabajan durante todo el año y tienen la misma ilusión que las más “favoritas” y si se empieza a “profesionalizar” se acabará con el espíritu carnavalero y llegará un momento en que se convierta en un festival de canciones en el que se prime más la virtuosidad de la voz que la letra y las ganas de divertirse.
Dos.- ¿Por qué han dejado las murgas en los dos últimos años de dar “caña” a las instituciones?. No hay que extralimitarse, pero tampoco “descafeinarse” de esta manera.
Francisco Pilo Ortiz
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