Este mediodía, al ir a los recados de cerca, entré en el Día de la avenida de Fernando Calzadilla a por café desca.
Y con varios paquetes en la mano me puse en la cola, que delante había
media docena de señoras esperando pagar sus abultadas compras. Y la
señora mayor que estaba delante, con siete cajas y cuatro bolsas
repletas en el suelo, que me cede galantemente la vez, porque vio que
llevaba poca cosa, Sinforosa. Y al darle las gracias, que la buena
señora me dice eso de que "tenemos que ayudarnos unos a otros y hacer
todos los favores que se puedan; hoy, por mí, mañana por ti". ¡Qué
bien, hoy comemos con Isabel! Y el caso es que al salir a la rúa, que
entraba otro cliente, también de edad provecta, y va, muy educadamente,
que me abre la puerta y me dice "pase usted primero". Lo que debe ser:
antes de entrar, hay que dejar salir. Sí, esa máxima no escrita, como
otras tantas de urbanidad y buenas maneras ciudadanas, que nuestros
rapaces y jovenzuelos de hoy se las pasan por el arco del triunfo.
¿Pero
qué pasa hoy, Eloy? ¿Cuánto tiempo no me pasaba esto y dos veces
seguidas? Y me acordé de lo que nuestros queridos maestros y maestras
de antaño enseñarían a estos dos vecinos ejemplares, de cuando
muchachinos, con una máxima que seguro recordarán: Buenos portes y buenos modales, abren puertas principales.