El popular kiosco Santa Marina, más conocido como La Pajarera, en la
calle de Regino de Miguel, traseras de la Delegación del Gobierno en
Extremadura, acaba de cumplir 35 años. Y ocho meses más. Y en todo este
tiempo, el lugar ha sido uno de los sitios más concurridos de la
ciudad para el desayuno, la copita y las tapas del mediodía, no sólo
por los funcionarios de las centros administrativos del entorno, sino,
además, lugar de "aterrizaje" de incontables furgonetas y taxis de los
pueblos próximos, que traían diariamente a sus vecinos a Badajoz a
asuntos varios, aparcando en sus alrededores. Concretamente, sería en
junio de 1971 cuando el patriarca de los Muñoz, el señor Longinos
--carpintero de profesión en la barriada de La Estación--, levantara a
sus expensas el kiosco, después de llevar cuatro años en el bar
del cercano Cine de verano Santa Marina, junto a los fosos del baluarte
de Santiago. En las tareas del oficio le ayudaban, en primera
instancia, su hijo Mariano y, más tarde, el otro, Arturo, que es el que
actualmente lo lleva. Mariano lo dejaría hace ocho años. Y el kiosco,
de estilo modernista, tendría una graciosa fuentecilla en su fachada,
hoy cegada, con un bajorrelieve del dios Baco, obra del escultor
pacense Luis Martínez Giraldo, el de la fuente de Los Tres Poetas,
actual director de la Escuela de Artes y Oficios.
LA MEJOR PATATA DE EUROPA
Por
los años 70 y 80, toda la provincia acudía a Badajoz por asuntos del
DNI, que allí estaba la Comisaría, en las traseras de lo que era el
Gobierno Civil y, años más tarde, en un local junto al kiosco. Todavía
muchos recordarán, además de las enormes colas para todo, siempre con
los grises en la puerta --pedir número bien de mañana, entregar la
documentación, recoger los carnés--, las clásicas sesiones de fotomatón
para hacerte con las fotos necesarias.
Y las tapas de la época eran
el bacalao frito y los pinchos de tortilla, además de los
imprescindibles bocatas de queso, jamón y chorizo. Hoy día, con el
apoyo de Puri en la cocina, la otra hermana, Arturo sirve diariamente
una selección de tapas de lo más variada, entrando, además de las
clásicas tortillas, las mondongas y las orejitas. Y, sobre todo, la
tapa especial de la Casa: las patatas fritas.
--La mejor patata de Europa --te dice muy ufano el menda.
Y el caso es que a nuestro amigo Arturo le ayuda cada mañana su hijo, Arturo Jr., con lo que la saga continúa.
Y
mi Arturo Sr., ahora con 55 tacos, que me recuerda cómo abrieron el bar
del cine Santa Marina en el año 1967 y cómo en los años 70 y 80, La
Pajarera se convertiría en uno de los centros neurálgicos de Badajoz,
con gentes venidas de Olivenza, Alconchel, Jerez de los Caballeros, los
Valles --de Matamoros y de Santa Ana--, Alburquerque, Almendral y los
pueblos de Colonización, entre otros muchos lugares.
CENTROS OFICIALES
Y
es que en esta zona de Santa Marina estaban ubicados numerosos
edificios oficiales, además del Gobierno Civil y el DNI, la Casa de la
Falange, la jefatura de Tráfico, el Instituto Zurbarán y el Instituto
Nacional de Previsión (INP). A todo ello, había que contar con las
numerosas visitas que debía rendir la gente de nuestros pueblos a los
hospitales, clínicas y consultas médicas de la ciudad. Y, cómo no,
aprovechar el viaje para pasarse después por los acreditados comercios
de Badajoz, con Galerías Preciados, en la calle Francisco Pizarro, de
banderín de enganche. Y el sitio por antonomasia para quedar y comer en
la ciudad, aunque fuera sumariamente, era nuestro querido kiosco de
Santa Marina, vulgo Pajarera.
Hoy día, la actividad se centra
primordialmente por la mañana, con los desayunos, y el mediodía, con
los aperitivos. Y por allí es fácil ver actualmente a funcionarios de
todo tipo y condición, los de la Casa del Deporte, profesores del
Instituto cercano, grupos de amigos y gente jubilada de los bancos,
entre otros clientes asiduos. Y no creáis que los vinos que te ponen
los Arturos son los denominados de la Casa, del garrafón o de una tal
Asunción, uno que no es blanco, ni tinto ni tiene color. ¡Qué va! Que
allí te ponen de lo mejorcito con D. O. Ribera del Guadiana. Pocos
vinos, eso sí, pero todos buenísimos, oiga.
¡Felicidades, Arturo, el de La Pajarera, kiosco que pone las mejores patatas fritas de Europa!