Esta mañana bien temprano, no eran las nueve, cuando un señorial arco
iris coronó la ciudad. El tiempo era criminal, sirimiri, asfalto húmedo
y cielos plomizos en el horizonte, pero el arco iris se plantaría como
Pedro por su casa en la bóveda celestial, entre Poniente, dirección
Portugal, y Oriente. ¡Qué bonita estampa! Como para hacer unas fotos. Y
me acordé de cuando en la escuela enseñaba refranes a los chirivejes,
recordándoles uno que decía:
Cuando llueve y hace sol sale el arco del Señor.
Y, como vino, desapareció, con la claridad, a los pocos minutos. Lo dicho, hoy, Badajoz, de arco iris.