Hace unas fechas he recibido un regalo y no era mi santo
ni mi cumple. Resulta que el consejero de Cultura, Paco Muñoz, ha
tenido el detalle de enviarme el último lujerío editorial sobre el Arte
extremeño. Se ve que el baranda me tiene en sus listas, no las
electorales, sino las otras, las culturales, que son las que molan al
Avisador. Se trata de la impresionante obra titulada Monumentos artísticos de Extremadura, en dos tomos y 829 páginas, referida
al Patrimonio artístico extremeño, recogiendo los principales
monumentos de nuestra Región, tanto en su patrimonio inmueble como en
el mueble. Cuadros, imágenes, relieves, joyas, etc., en el último, y
edificios, palacios, castillos, casonas, etc., en el primero. Y es que,
como bien dice el Muñoz, "el
patrimonio histórico-artístico extremeño se nos presenta hoy, junto con
el resto de las riquezas patrimoniales de la Región, como uno de los
motores del desarrollo regional, así como uno de los factores
influyentes en ese bien cada día más preciado por nuestra sociedad como
es la calidad de vida". Y, en su mayoría, como señas indelebles
de nuestra propia identidad, remacho yo. Editada originariamente en
1986, en esta de 2006, que es la tercera, aparece notablemente
corregida y ampliada con nuevos artículos y trabajos de un excelente
plantel de profesores universitarios e investigadores, dirigidos por
Salvador Andrés Ordax y coordinados por Francisco Javier Pizarro Gómez.
Editada por la Editora Regional de Extremadura y la Consejería de
Cultura, e impresa en los Talleres pacenses de Indugrafic, es una obra
de obligada consulta tanto por profesionales como por profanos y
curiosos, conteniendo numerosísimas fotografías a todo color, planos y
otros elementos gráficos que coadyuvan a su mejor comprensión, así como
una más que pertinente bibliografía. Ordenados alfabéticamente, el tomo
I se extiende desde Abadía a Higuera la Real y el II, desde Hornachos a
Zarza de Montánchez.
La biblia del arte extremeño, que así hay que
denominar a la obra, cuenta con una Presentación de Juan Carlos
Rodríguez Ibarra, presidente extremeño, un Prólogo del citado Francisco
Muñoz, y una Introducción de Salvador Andrés Ordax.
UNA PEGA
Pero
como todo tiene un pero, tengo que dar un toque al que seleccionó
algunas de las fotografías monumentales de Badajoz, que son del año de
la pera, vamos, de hace cinco años, por lo menos. Con lo lucidas y
rebonitas que están las torres albarranas de La Alcazaba, entre ellas
la inigualable de Espantaperros, además de la Catedral, resulta que, a
pesar de haber sido restauradas como Dios manda, ponen las fotos
antiguas, las que presentan humedades, grietas y desconchones. Con que
iba a poner a la obra la nota de Matrícula de Honor y lo tengo que
quedar en Sobresaliente, a secas. De todas maneras, el libro es único.
Una joya bibliográfica, colegas.
Con este monumentalazo, Paco Muñoz acaba de ingresar en las
filas de la nueva Cofradía de la Misericordia laica, que tiene una obra
en sus Reglas que dice: Dar un libro al que lo ha de menester. Que cunda el ejemplo.