Si prestamos oídos a los poetas de medio pelo y a los aspirantes a
escritores, que en la ciudad son legión, las malas lenguas te hablarán
de lo difícil que es publicar en Badajoz, que sólo lo hacen los que
chupan de la teta de las Instituciones, los próximos al partido que
manda en la Junta o los que pululan alrededor de las revistas y las
antologías literarias del Ayuntamiento. Y si te vas a la provincia, a
nuestros pueblos, las quejas y las lamentaciones subirán en forma
exponencial, seguro. Pero no siempre es así, que hay gente que te da
lecciones y saben buscarse la vida, no lloran como los capitalinos. Como un tal Juan Carlos Mata Amaya,
técnico en electrónica y residente en Zafra, poeta, novelista,
dramaturgo e investigador en sus ratos libres --¡cuatro en uno!, ¿será posible?--, que
ha sacado no ha mucho un librito realmente raro y a sus expensas.
Mejor, dicho, contando con el respaldo económico y material de siete
empresas y asociaciones de su localidad. Y no se trata de poesías y
cuentos sobre los rincones urbanos, las historias, las tradiciones, las
fiestas y los personajes de Zafra, que son los temas recurrentes de
todo escritor de provincias que se precie. Sino uno --abróchense los
cinturones, que viene una doble curva-- sobre "la cuestión sucesoria de
la España de 1700". Que tiene mandanga la cosa. Se trata de Los destinos se abren el camino (Estudio histórico sobre la cuestión sucesoria de la España de 1700),
impreso en Zafra, en la Imprenta Rayego, año 1999. Librito de 57
páginas, perfectamente documentado, con su bibliografía, notas a pie de
página y demás, Mata Amaya "pretende demostrar cómo Alfonso Dánvila,
autor de El testamento de Carlos II,
primera novela de la colección "Las luchas fratricidas de España",
publicada por Espasa Calpe, S. A., narrando unos hechos acaecidos en el
año 1700, realiza a la vez una dura crítica a la Iglesia y a la
Monarquía borbónica de los años veinte. Asimismo --continúa el autor--
se deja entrever la utilización propagandística por parte de Franco
que, tras la guerra civil, publica las novelas de la colección como
arma contra los Borbones". Ni Maquiavelo, vamos.
Pues ahí tenéis a su
autor, autoeditándose el librillo, nada de subvenciones oficiales --va
prologado por el dueño de la Imprenta, Juan Tomás Rayego-- y que ha
salido a la luz gracias al patrocinio del Hotel Huerta Honda, Hotel Don
Quijote, Almacenes Bonifacio Cortegana, Club de Leones de Zafra,
Pirotecnia Santa Bárbara, Harinera Panificadora María Auxiliadora e
Imprenta Rayego.
Vaya desde aquí mi admiración y mi homenaje a gente
como Juan Carlos --al que no tengo el gusto de conocer--, todo un
ejemplo para los extremeñitos que sólo viven pendientes de la mamandurria oficial.