Aprovechando el insólito buen tiempo que gozamos por estos pagos, con
temperaturas cálidas a mediodía y primeras horas de la tarde, los fines
de semana son incontables los badajocenses que salen a gozar de los
encantos naturales en algunos de los parajes que rodean a la ciudad.
Unos se suben a los cerros cercanos --antes de que los colmaten con
viviendas "todo a 60.000 machacantes"--, otros, al parque natural Tres
Arroyos, en San Isidro, con los restos de una dehesa todavía de buen
ver, y la gran mayoría que busca afanosamente las riberas del Guadiana.
Lugares como el Embarcadero, el Pico, las Crispitas, Los Poyos, el
cercano Gévora y el azud, en dirección SO. Lugares para el paseo
recreativo, con y sin bicicleta, la pesca, la navegación en canoa y, en
los últimos tiempos, para admirar y fotografiar in situ
las evoluciones de miles de aves acuáticas y ribereñas, que el
Guadiana, a su paso por Badajoz, con incontables isletas y dormideros,
se ha convertido en un paraíso ornitológico de marca mayor, con ZEPA
(sello de las zonas de especial protección de aves, que dicen los
sabihondos) o sin ella. Y el lugar idóneo para contemplarlas es el
azud, aguas abajo, en dirección Portugal, más allá de La Granadilla y
el Nuevo Vivero.
EL AZUD
Porque el azud, si le quitamos los
criminales accesos que tiene --uno por el antiguo ferial, junto a la
subestación de Endesa-Sevillana, y el otro, por un camino lleno de
cráteres junto a la Residencia de la Tercera Edad en La Granadilla--,
es un sitio de los más tranquilos y relajantes que quedan en la ciudad.
Y allí que nos fuimos con el hato y la cámara la patronal y el abajo
firmante este domingo, contemplando la evolución de miles de aves junto
a la "catarata" o minisalto de agua, adivinando entre ellas las
clásicas garcillas bueyeras, las garcetas comunes, los somormujos, los
cormoranes y otras aves menudas de cuello largo y pico alargado. Que
incluso en sus cercanías había algunas cigüeñas y garzas reales. Lo
dicho, un paraíso para quienes gustan de contemplar la Naturaleza en
vivo y en directo, sin que te lo cuenten.
Pero como la dicha nunca
es completa, aquel paraje, junto a la baranda final y el cartel de la
Confederación Hidrográfica del Guadiana, estaba hecho un asquito de
tantos papelorios, condones, cristales rotos, latas, plásticos, cajas
de tabacos y demás porquería dejada allí por los humanoides de la
ciudad.
Por no haber, no había papeleras ni contenedores, pero la
basura, la porquería, damas y caballeros, jóvenes y jóvenas, rapaces y
yogurines, se guarda en una bolsa y se tira de vuelta a la ciudad en
cualquiera de los muchos contenedores que hay. Que es lo que hay que
hacer, so mostrencos, lo que os enseñaron en la escuela de chiquininos.