8 de Enero, 2007

Vuelta al cole

Por El Avisador - 8 de Enero, 2007, 16:07, Categoría: General

Hoy, día de San Máximo, nuestros chiquininos están de mala hostia. Han tenido que madrugar para volver al cole. ¡Con lo calentito que se estaba en la cama! Y nuestros mozuelos y yogurines, que han cogido de mala gana también el camino del Instituto. Se acabó lo bueno, las vacaciones de Navidad y hay que retomar el curso, chavales. Los pequeñajos seguro que lo han notado más. Sobre todo, la quinta del chupete. Pero van todos cargados hasta las orejas con la nueva impedimenta 2007: móviles con conexión extraterrestre, MP4 con capacidad para 5.000 canciones y 300 pelis, relojes de conductores de motos y coches del París-Dakar, mochilas relucientes con motorcillo fuera borda y capacidad para 1.000 kilos, cajas de rotuladores con 250 colores, incluidas varias gamas del blanco, calculadoras infinitesimales, lupas de 500 aumentos, blocs de pastas aromáticas, compases y tiralíneas de arquitectos, juegos de regla, escuadra y cartabón de muchos colores, libros de pastas acolchadas, tipo cojín, para echar las cabezadas en el cole, y varios etcéteras más.
Así y todo, ya veréis cómo en unos días cogéis el tranquillo y volvéis a la velocidad de crucero de siempre. ¡Suerte y a trabajar, chavales, que estudiar es lo vuestro!

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El Estado y yo

Por El Avisador - 8 de Enero, 2007, 2:07, Categoría: General

Pasadas las fiestas navideñas y casi recuperado el resuello de las emociones vividas en la Villa y Corte, es el momento de contarlo. Resulta que en los últimos días de diciembre, el abajo firmante, acompañado de Pili y demás familia, pusimos rumbo a los Madriles. Ahí es nada, que tengo una papela de la gobernanta del Ministerio de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera, para que me presente el 27. No es la Patria la que te llama, como se decía antes, sino el Estado, a través de uno de sus múltiples brazos, la Administración, en concreto, el Ministerio de Educación y Ciencia (MEC). El motivo se las traía, que, tras 40 años de servicios a la Educación en Extremadura, concretamente en la provincia de Badajoz, los últimos 26 en el colegio Juventud de la capital pacense, me imponen la Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. Distinción honorífica, nada de pensiones, canonjías y otras gabelas, por si alguno se cree que esto es un chollo.
Y lo primero que te llama la atención es la imagen grandiosa, deslumbrante, majestuosa, que te da el Estado, el Ministerio, frente a los españolitos de a pie cuando acuden a su llamada. Como diciéndote desde las alturas:
--¡Yo soy el Estado! ¿Está claro?
Clarísimo. En primer lugar, la sede del propio Ministerio, en el 34 de la madrileña calle de Alcalá, impresionante, de colosal factura. En segundo lugar, sus estancias interiores, de altísimos techos, esas escalinatas palaciegas, esas colgaduras con el escudo de España, esas lápidas conmemorativas alusivas al Rey, esos enormes cuadros de los ministros que han sido... Y cuando entras en el salón Goya, el salón noble del MEC, ver esa estancia lujosa y hermosísima, decorada con enormes cuadros del genial pintor aragonés Francisco de Goya --escenas campestres, cinegéticas, gente de la Corte paseando por los jardines...--, sus altos espejos, sus lámparas de muchos brazos y luminarias, sus relojes antiguos, sus estatuillas, su enorme mesa central, te hace quedar mudo, empequeñecido, emocionado...

ESPAÑOLITOS DE PROVINCIAS
Y más si cabe cuando veo que
sólo somos quince los españolitos de provincias, bien trajeados y peripuestos, a los que les ha llegado la dichosa papela. Catedráticos de Universidad y de EE. Medias, profesores de Secundaria, inspectores de todo los niveles, maestros de escuela, limpiadoras... Uno que se llevaría una Placa y los catorce restantes, la Cruz. Y, siguiendo el solemne protocolo para estos casos, que nos colocan en lugar preferente, a la cabecera del salón, junto al atril y las banderas, en tanto que, alrededor de la gran mesa, se coloca el centenar largo de familiares y amigos que nos acompañan. Y, otra gran sorpresa, una nube de fotógrafos de las agencias y los medios de comunicación madrileños. Y, cual si fuéramos personajes del famoserío, la política o la tele del corazón, que empiezan a repicar los flashes de las cámaras de los allí presentes, que no dejarían de hacerlo hasta bien pasada la ceremonia. Y mientras llega la ministra, que está pegada al teléfono en una antecámara, tengo tiempo de pensar en los míos, principalmente en Pili y mis hijos, mis principales valedores. Y en mis padres, que duermen el sueño de los justos. Y en los grandes maestros que tuve en la vieja Escuela de Magisterio de la avenida de Colón. Y en mis compañeros, especialmente en los del colegio Juventud, donde me hice maestro de verdad y pude llevar adelante muchas de mis iniciativas. Y en mis amigos de Badajoz, la ciudad que me lo dio todo... Por lo que tengo que hacer esfuerzos para que no se me caigan unas lágrimas de emoción.

LA CEREMONIA
Y entra la ministra, delgadísima, pantalón gris, camisa blanca, colgante al cuello y moderna chaquetilla de lana en tonos grises también, y el subsecretario del MEC, Fernando Gurrea, terno impecable, que toma el mando. Y allí leería, en tono solemne, el decreto de la concesión, los motivos y los nombres de los galardonados. Haciendo hincapié en que el acto se hacía en nombre del Rey, que es Canciller de la Orden y que viene a premiar --dijo textualmente-- "los méritos de las personas físicas y jurídicas en España en los campos de la Educación, la Ciencia, la Cultura, la Docencia y la Investigación". Luego me enteraría, haciendo un aparte con el subsecretario --funcionario eficiente, amable y servicial donde los haya, mano derecha e izquierda de la ministra, "y lo que haga falta", me cuenta--, que la entrega de las condecoraciones de la Orden Civil Alfonso X el Sabio se hace dos veces al año, coincidiendo con dos fechas emblemáticas en la vida de nuestro Rey Juan Carlos: alrededor del 6 de enero, fecha de su nacimiento, y del 24 de junio, de su onomástica.
Le seguiría la ministra Cabrera, que abundaría en las palabras del subsecretario, haciendo ver los valores que nos unía a todos, aunque fuéramos de distintos niveles y procedencias, felicitándonos a continuación, nombre a nombre, por esta alta distinción. Y como hacía calor, que la calefacción estaba salida de madre, pasó por alto una breve reseña de las biografías de los homenajeados. Pasando después al acto de entrega de las distinciones. Primero, la Placa, y después, por orden alfabético, las Cruces. Y a mi lado, una señorial limpiadora y un sacerdote, profesor de música que era, a su vez, prelado doméstico de Su Santidad, con su sotana y fajín carmesí.
Y acabada la función, los de la Cruz que se fundieron con el pueblo llano, de donde procedían, y vinieron millones de besos, abrazos, felicitaciones y fotos. Y, claro es, las clásicas fotos de familia con la ministra, el subsecretario y el sursum corda. Y la ministra que se dejó querer y se hizo tropecientas fotos más, por separado, con las familias de cada uno de los presentes, que todo el mundo quería tener ese recuerdo, lo que haría que la jornada se alargara gratísimamente.
Previamente, en el tiempo de espera, el MEC había tenido el detalle de servir en el hall unos cafés y unas pastas y dulces madrileños a la concurrencia.

DESPEDIDA
Ya en la calle, después de los abrazos y las despedidas de rigor, cada mochuelo se fue a su olivo. Y nosotros nos quedaríamos en los Madriles, que había que celebrarlo en la Puerta del Sol, kilómetro cero, rompeolas y corazón de las Españas. Pero eso ya es otra historia.

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