Recientemente ha salido una disposición de la Consejería de Cultura de
la Junta de Extremadura que me ha llegado a mis entretelas. Y es que uno es de pueblo pequeño y sé lo que cuesta organizar actividades culturales en el tórrido verano extremeño, cuando llegan en avalancha los emigrantes a pasar sus vacaciones y, de paso, a reafirmarse en sus raíces. La orden en cuestón va dirigida a todos los municipios
extremeños de menos de 2.000 habitantes para que pidan los famosísimos
Camiones de la cultura
--eso que los sabihondos llaman Escenarios móviles--, con los que al llegar este verano
--entre el 15 de junio y el 15 de septiembre-- puedan proporcionar a
sus vecinos actividades culturales de lo más variada: artes escénicas,
música, cine, audiovisuales, danza, etc. O séase, que aquellos
pueblecitos y lugares diseminados y alejados de los grandes centros
urbanos extremeños puedan ofrecer a sus habitantes una serie de
actividades veraniegas, programadas y patrocinadas por la Consejería
citada, sin que a los Ayuntamientos les cueste un puto euro. Aunque no
se trata de pedir que les lleven a la Pantoja, a Plácido Domingo, a los
Rolling Stones o al Ballet del Bolshoi de Moscú, darse prisa los
interesados, que tienen de plazo hasta el 19 de febrero, disponiendo de
un montante de 320.000 machacantes, a repartirse como buenos hermanos.
Pues
yo voy a llamar a mi primo Evelio Carbonero, alcalde de mi pueblo --Peraleda de San Román (Cáceres)--, donde viven unos 500 peraleos, para
que espabile y se apunte un Camión para el verano.