Hoy, vísperas de Nochevieja, el todo Badajoz se echó a la calle. Con
tiempo nublado, frío y humedad rampante, la gente se metió en los
sitios más céntricos y comerciales de la ciudad para preparar la última
comida opípara del año. La de las 12 campanadas y las uvas. Y, claro,
para ultimar los trajes de fiesta que llevarán nuestros muchachos y
mozuelas en los animados cotillones de Fin de Año. Y como todos los
años por estas fechas, el paseo de San Francisco que estaba copado por
los pequeñuelos, admirando una función de teatro de guiñol a cargo de
la asociación juvenil El Zapito, que puso en escena las obritas
tituladas "La pelea de las lagartijas" y "Una historia de piratas y
marineros". Y los padres, en retaguardia, encantados de haberse
conocido viendo cómo disfrutaban sus zagales, todos ellos con globitos
multicolores en ristre.
Un poco más allá, la gente que iba y venía, coincidiendo que era
también el último Rastro de artesanía y antigüedades en el Casco
Antiguo. Que había sido retrasado de su fecha inicial, el 6 de enero,
por coincidir con el Día de Reyes. Poca asistencia en esta ocasión, que
la gente está cuadriculada y cuando la sacan del primer sábado de mes,
se pierde. Y allá que nos fuimos, comprobando que desde la calle San
Juan a la Plaza Alta, pasando por la esquina del Rastro, había poco
movimiento, la verdad. Y eso que los de la AECAB (Asociación de
Empresarios del Casco Antiguo de Badajoz) habían levantado un puesto de
cafés Silveira y polvorones de Estepa para animar el cotarro. Y
mientras la gentil Irina y su amigo Carlos servían el café y el
polvorón reglamentario, los transeúntes que se apalancaban divinamente
en el puesto, que se apetecía algo caliente.
Y allí, tiempo para
saludar, entre otros, a Jacinto, el librero de viejo, que andaba
recolocando la mercancía, a José María Fernández, artesano del centeno,
reciente premio del Martes Mayor de Plasencia (agosto 2006),
especialidad "Cestería", tocado con un extraordinario gorro hecho a
mano, y a nuestro ínclito Juan Carlos Vidarte, en su puesto de
antigüedades, que daba el cante ataviado con un sombrero a lo Indiana
Jones y un chaquetón de cuero de policía armada motorizado de los 50.
Al que pregunto qué tal el día.
--Poca gente, pero hemos salvado los muebles.
Y
al regreso que vemos a muchos ciudadanos con un enorme calendario
fotográfico de Amigos de Badajoz, que esta mañana los habían regalado
en su visita guiada a la Torre de Espantaperros.
GENTE
Y en
otro punto no distante, en la calle Virgen de la Soledad, mucha gente
entrando en la nueva sala Artex para admirar la espléndida exposición
de acuarelas de Antonio Martínez Cid, más contento que unas
castañuelas, saludando a diestro y siniestro a familiares, amigos,
admiradores y curiosos, y, lo que es mejor, con media exposición
vendida, el tío.
Y en el paseo que nos topamos con Luis Movilla,
maestro de escuela jubilata y alcalde que fue de la ciudad, a quien
acompañaba su hermano Manolo --jesuita en Madrid, con 80 tacos y
aspecto envidiable, un encanto de criatura--, a quien no conocíamos,
que nos recuerda varias anécdotas de su infancia en Badajoz. Que iban a
la ermita de la Soledad a ver y saludar a la Patrona.
Y, ya por la
calle Mayor, al simpar Noni García, con su Tere, la patronal, del
brazo, y Nina, la benjamina de la familia, que se llevaría un puñado de
caramelos sólo por su cara de niña buena.