Desde tiempos inmemoriales, la Nochebuena en España viene siendo una de
las noches del año donde las reuniones familiares, los sentimientos
agridulces --por el recuerdo de los seres queridos que faltan-- y los
excesos en la comida y la bebida son las notas dominantes. Otra será la
ruidosa Nochevieja, el paso del año viejo al nuevo. Y en este contexto
festivo, al calor de la mesa hogareña, los presentes dan buena cuenta,
y a veces de forma pantagruélica, de toda clase de viandas: mariscos,
carnes y pescados, jamones, embutidos y quesos, frutas y licores,
dulces y demás exquisiteces de Navidad. Cena que da paso, en las
parroquias cercanas, a la tradicional misa del gallo, justamente a las
12 de la noche.
Pero ciñéndonos a la cena, como los tiempos y las
mentalidades son otros, hay que registrar dos cambios importantes: el
primero, que en vez de la chimenea pueblerina, la mesa del comedor y la
radio, hoy tenemos la mesa camilla y la omnipresente televisión de
tropecientos canales, con sus programas de entretenimiento hasta altas
horas de la madrugada. Y segundo, que cada vez son más las familias que
en Badajoz encargan las cenas a establecimientos especializados
--catering-- o a las secciones de alimentación de los grandes
almacenes. De hacerlo las sufridas abuelas y las madres de toda la
vida, echándole horas y durante varios días al asunto, en la actualidad
--donde el tiempo vale su precio en oro-- resulta más cómodo tirar de
tarjeta y encargar la cena --con sus entrantes, primero y segundo
platos, vinos y licores, postres, etc.--, que te la traigan hecha, para
luego calentar lo imprescindible en el microondas y a servir.
Dos maneras, dos fórmulas, dos estilos de celebrar la misma fiesta, la Nochebuena.