Llegó el día después de las grandes emociones con motivo del sorteo de
la Lotería Nacional, con el Gordo repartido por todas partes, menos por
donde tenía que caer. Como siempre. Que los grandes premios de este año
--20.297, 37.368 y 79735-- pasaron de largo un año más por Badajoz y
alrededores. Sólo unas migajas en La Vera y algunas zonas de Alcántara
y la Serena. Poca cosa, Sinforosa. Así que, a falta de pan buenas son
tortas. Que la gente, diciendo eso de que, "al menos, nos queda la
salud". Como que el Día de autos, el del sorteo de Navidad, también es
conocido como el "Día de la Salud, de tantas veces como se la menciona.
Junto con la parafernalia habitual --abrazos, gritos de entusiasmo,
destape de botellas de cava y sidra a granel, fiestorros, lanzamiento
de cohetes, banquetes, declaraciones exultantes a los medios de
comunicación, etc.--, quienes tuvieron trabajo a destajo fueron los
directores de las oficinas bancarias de los lugares premiados, que se
multiplicarían para conseguir que los agraciados depositaran en ellas
sus décimos premiados. Y los magnates del ladrillo, tratando de comprar
con dinero negro las participaciones premiadas, para dar salida a los
millones y millones que tienen sin poder aflorar todavía.
COLAS PARA EL SORTEO DEL NIÑO
A pesar de la suerte esquiva, a pesar de que no ha caído un puto euro
en Badajoz y aledaños, sólo calderilla, la gente, erre que erre,
haciendo cola en las administraciones de Lotería y Apuestas del Estado.
Que esta misma mañana, antes de que abriera la administración que tengo
en mi calle, ya había gente esperando a que la dueña la abriera. Unos,
para llevarse la calderilla, y los más, para comprar participaciones
del próximo sorteo: el del Niño, el 5 de enero.
Y es que no escarmentamos, queremos hacernos ricos de golpe y porrazo,
sin dar un palo al agua, olvidando el viejo consejo de nuestros
mayores:
La mejor lotería, el trabajo de cada día.