El pasado martes la peculiar Universidad de Mayores de Extremadura
(UMEX), en su distrito de Badajoz, cerraba la primera parte del curso,
antes de coger las merecidas vacaciones. Y a tal efecto, organizarían
un acto en el campus universitario pacense, concretamente, en el salón
de actos de la Facultad de Ciencias, que el "suyo", el de la Facultad
de Educación, andaba manga por hombro a causa de unas obras. Y allá que
nos fuimos la señá Pili y este escribidor, llenándose el local hasta
las trancas de alumnos de edad provecta, entre los 55 y los 80 añitos, nada
más; miento, que había alumnas con 82 y 83. Incluso había algunos
nietecillos, que se portarían. Presentaría el acto el todoterrenal
Miguel Caballero --en ausencia de Tino, el baranda, de tribuno de oposiciones en
los Madriles--, que lo hizo divinamente y se enrolló lo justo, por lo
que a este muchacho habrá que darle pronto un telediario en alguna
cadena de TV local, que el Miguel promete. Y, como de costumbre,
contando con la ayuda de Sandra y Luis, Luis y Sandra, dos de los
becarios de la UMEX, que estarían al quite. Sandra, la próxima Pilar
Miró del cine español, cogería en vídeo todo el acto, y su compañero
Luis, digital en mano, se encargaría, cual émulo de uno de nuestros
populares Vidarte, de hacer tropecientas fotografías para la Memoria
final de curso.
VICENTE, ISABEL Y ANTONIA
A continuación
intervendrían tres ciudadanos ejemplares, Vicente, Isabel y Antonia,
que vienen dedicando sus vidas o una parte importante de ellas, de
forma solidaria y altruista, a los demás. En el caso de Vicente,
responsable de Cáritas y cura del Gurugú y de Los Colorines, por los
hombres y mujeres que no tienen voz --pobres de solemnidad, gente sin
hogar, emigrantes sin recursos, drogadictos, reclusos, familias
desestructuradas...--, en el de Isabel, presidenta de la Asociación
Oncológica Extremeña (AOEX), por los enfermos de cáncer --y sus
angustiados familiares--, la terrible enfermedad, movilizando recursos
humanos, materiales y médicos para dar cobijo a la esperanza, y en el
de Antonia, directora de los Centros de Cultura Popular y Promoción de
la Mujer --que cumplen medio siglo en 2008--, por la formación cultural
y profesional de las mujeres de los barrios más humildes y con más
carencias de la ciudad, como Gurugú, Los Colorines,
Complejo-Campomayor, La Cañada-Las Moreras, Cerro de Reyes, la UVA,
etc. Y allí, con el auditorio expectante, Vicente, Isabel y Antonia nos
desgranarían con entusiasmo y, en algunos casos, con ayuda de medios
audiovisuales, su filosofía, sus tareas, sus proyectos y sus múltiples
actividades en favor de tanta gente necesitada de ayuda, de consuelo,
tanto en lo moral como en lo material. Y echarían flores al auditorio,
que, según ellos, un gran porcentaje de sus respectivos voluntariados,
lo forman gente mayor, con ganas y tiempo libre. Y, claro, les dirían
dónde están, dónde encontrarles, que les recibirían con los brazos
abiertos. Y es que "la mies, las necesidades, son muchas, pero los
operarios, los colaboradores, todavía pocos", resumiría acertadamente
en esta frase cuasi evangélica una de las intervinientes.
Y estos
ciudadanos admirables, hombres y mujeres de Extremadura que nos hacen creer, a pesar de la que está cayendo, en el género humano, son
Vicente Martín Muñoz, Isabel Rolán Merino y Antonia Nieto.
LOS CHICOS DEL CORO
En
la segunda parte de la parte contratante actuarían los chicos del coro,
pero no de un coro cualquiera sino del Coro de la Universidad de
Mayores de Badajoz, dirigido por el elegante Joaquín Fernández Picón,
al órgano, y al que sus muchachos y muchachas le llaman, justamente,
maestro. E intepretarían, para solaz de los asistentes, ocho
villancicos, entre populares y de autor conocido: "Campanas de
Nochebuena", "Hoy se juntan cielo y tierra", "Baile de pastores", "Está
nevando", "Campanitas de Belén", "Iban San José y la Virgen", "Dale que
dale" y "Canto de Navidad". El coro, con 60 componentes, vestidos
impecablemente y tocados con su beca azul mahón, lo hizo con mucha
dignidad --se nota a ojos vista que van a más--, y, al final, el
público pediría eso tan clásico de "¡Otra!", "¡Otra!", ¡Otra!". Con lo
que el maestro mandaría cantar la popular habanera titulada "Si del sol
os molesta, niña, mi resplandor".
Una cerrada ovación, con ¡bravos!
y ¡olés!, despediría a este singular coro, cerrando el acto el
antedicho Miguel, deseando a todos, en nombre del Programa
Universitario de Mayores, una Feliz Navidad.