Una de las riquezas gastronómicas que tienen los buenos bares,
cafeterías, mesones, hornos, tabernas y demás locales hosteleros de
Badajoz son sus suculentos desayunos a primeras horas de la mañana.
Esas tostadas y molletes de tamaño familiar, untados con aceite de
oliva virgen extra, ajos, tomate (catalana), mantequilla, manteca
colorá, paté ibérico, caldillo y demás exquisiteces, junto con un café
humeante y bien cargado, hacen que uno coja la directa, con energías
sobrantes hasta la hora del aperitivo, por lo menos. Pues bien, uno de
los desayunos de más altura --geográfica y culinaria-- que pueden
tomarse hoy en Badajoz se sirve en el bar de la Facultad de
Biblioteconomía y Documentación, en la mismísima Alcazaba, pared con
pared con la Biblioteca General de Extremadura. Y, sin duda, el lugar más elevado de la ciudad, su mirador más emblemático, al que llaman La Muela.
ÁNGEL
Y
los sirve un tal Ángel, un tipo que, visto de cerca, da el pego como
funcionario administrativo o cosa parecida y que está allí porque de
algo hay que vivir. Pero cuando te menta su apellido, Campañón, te
acuerdas de toda la saga de los Campañones de Badajoz, en especial de
Manolo, uno de los artistas de la restauración en esta bendita ciudad.
Y es que Ángel es el séptimo de los ocho hermanos que componen la
familia, por lo que el oficio lo tiene más que acreditado. Y, entre una
tostada de mantequilla por aquí, otra con paté por allá y otra catalana
por acullá, el bueno de Ángel te cuenta que lleva allí 5 años poniendo
desayunos todos los días. Y, además de los estudiantes, los profes y
los bibliotecarios, sube gente de otras latitudes --jardineros, gentes
de congresos y jornadas, paseantes, vecinos en general, etc.-- para
darse un homenaje a la hora del desayuno. Y por unos precios módicos,
sobre los 1,50 machacantes, café más tostada y, si ha menester, jamón.
Claro que si quieres tomarte unos vinos a mediodía, hay poca cosa,
Sinforosa, sólo un Blasón del Turra, blanco, un macabeo riberadelguadiana
y para de contar. Y es que a los estudiantes no les gusta el vino, ni
el de Asunción ni el de cualquier otro con marca, que les van más los
cubatas y las mezclas del botellón.
Lo dicho, bonito sitio para
venir, pasear, respirar aire puro en nuestra magnífica Alcazaba, echar
un vistazo al río y a sus alrededores, hacer fotos, disfrutar en la
Biblioteca, admirar los restos arqueológicos tan bien conservados, etc.
Y, claro es, acabar desayunando en el bar de Ángel.