Metidos de hoz y coz en la vorágine consumista de la Navidad en nuestro
Primer Mundo --mientras en el Tercero y en el Cuarto se mueren los niños de hambre y
de enfermedades contagiosas, con sueldos míseros y guerras tribales sin
cuento--, tengo que decir NO a la avalancha que me llega para que
compre y me haga de todo. Y, así, me niego a hacerme con las últimas
Visas de colorines, que los Bancos las están sembrando. Tampoco quiero
ninguno de esos préstamos rápidos entre 3.000 y 6.000 machacantes para
salir del paso en estas fechas, que luego te salen por un ojo de la
cara y parte del otro. Y que no cuenten conmigo para comprar
todoterrenos, televisores de plasma, videoconsolas, cámaras digitales, ordenadores a la última, móviles con todo incluido, muñecas leonorinas y la biblia en pasta, y pague usted el 31 de marzo de 2007. Como eso de
viajar en Air The Royal Talavera a los últimos paraísos del Pacífico y
del Índico y páguelo en 10 años, en cómodos plazos mensuales. ¡Que ya
está bien de consumo por consumir! ¡Que te consumen por los pies y ni
te enteras! ¡Que no quiero, ea!