Pues no es el título del enésimo disco de Julio Iglesias. Ni tampoco se
trata de una campaña publicitaria de moda para jubilatas y pensionistas
en El Corte Inglés, para estas Navidades. Como tampoco es una oferta de
viajes en vuelo charter de la línea Talavera the Royal Air International a la Coinchinchina, Pernambuco, Cincinatti y Sebastopol. No,
hija, no. Que se trata de uno de los eslóganes que se pueden leer en
las modernísimas peluquerías de ahora. Locales deslumbrantes donde,
además de cortarte el pelo, hacerte la permanente o ponerte mechas y
laca de colorines en el tupé, te hacen la manicura y, si es menester,
te depilan las piernas, las axilas, las ingles y lo que haga falta. Y
todo --mejor dicho, casi todo-- ¡a la vista del público! ¡Como en Gran
Hermano, colegas!
Y es que las ciencias --y las costumbres-- avanzan
que es una barbaridad. Como que me tengo que acordar de cuando mozuelos
nos pelaba a cero el peluquero del pueblo o del barrio. Con su
maquinilla y tijeras, que luego vendría el corte de pelo a navaja y
otras mariconadas. Y, una vez listo, en la calle o en el descampado te
esperaba la pandilla para darte la "reglamentaria" en el cogote. Y no
había quien te salvara, que había que cumplir con el ritual de los
amigotes, quienes, con las intenciones de Caín, te daban collejas y
tortazos en la nuca a la voz de "¡El que se pela se estrena!".
Y
hablando de señoritas y madamas, todos recordaremos cómo entraban en
nuestras casas las peluqueras de la vecindad para recortarles las
puntas, cogerles los tubos, teñir o hacerles la trenza, el moño o la
permanente. O, cómo en las vísperas de determinados acontecimientos
--primeras comuniones, bodas, bautizos...-- las peluqueras quedaban a
nuestras niñas y a nuestras mozas como si fueran damas de la alta
sociedad.
CULTO A LA IMAGEN
Pero en el mundo moderno lo que prima es la imagen, el look,
la figura, el careto bien puesto. Por eso, en vez de las peluquerías
tradicionales, la de los enormes sillones giratorios --locales que
están cerrando sus puertas, con los últimos peluqueros en el paro--,
están abriendo por toda la ciudad, incluidos los grandes Centros
comerciales, modernísimos Centros de Estética, unisex
y para todos los públicos. Y con multiplicidad de servicios. Donde,
además de lavarte el pelo, cortártelo y ponerte los rizos a lo Bisbal,
te hacen todo tipo de tratamientos faciales, corporales y yo creo que
hasta espirituales. Y cuando sales, hecho un pincel, más bonito que un
San Luis, seguro que no te conoce ni la madre que te parió.
Y, como
muestra, valga este botón: en uno de los Centros abiertos en Santa
Marina, en el entorno de la plaza de Conquistadores, he visto que los
servicios que ofrecen van desde el Maquillaje a la Manicura y la
Pedicura, pasando por la Depilación fría (rayos láser) o caliente
(eléctrica), los tratamientos faciales y corporales. Sin olvidarme de
sus atractivas ofertas, englobadas en "packs": "pack" hombre (lavado
más corte) y "pack" cera mujeres (piernas, ingles y axilas).
Signos de los tiempos que corren, que la modernidad ha dejado en el
camino, como a tantos otros viejos establecimientos y locales, a las entrañables peluquerías
de toda la vida. Lo mismo que a los peluqueros y a las peluqueras, a
quienes tratábamos como si fueran de la familia.