En estas vísperas invernales, los populares castañeros están
apalancándose en algunas esquinas céntricas de Badajoz. Sabemos que uno
se pone siempre en la avenida de Juan Carlos I, la antiguamente
denominada Gran Vía, y otro, en la avenida de Huelva, en Santa Marina.
Y en un puestecito entoldado, sito al final de las pérgolas que dan a
la plaza de Conquistadores, dando a la fachada principal de El Corte
Inglés, allí están Enrique y su numerosa familia. Compuesta por su
abnegada y silenciosa esposa y cuatro mozalbetes de buena talla y
corpulencia. Y allí que Joaquín abre al atardecer, que él se encarga de
asar las castañas, su esposa cortarlas y recoger los residuos al final
y sus hijos, venderlas con desparpajo. Y a un machacante el cucurucho,
colegas. Y están riquísimas, además de que te calientan el estómago y
las manos. Y charlando con el señor Joaquín, en tanto saca su última
perolada, me dice que lleva en el oficio 12 años como castañero en
Santa Marina, que antes se ponía en la acera de Mapfre, pero le
indicaron del Ayuntamiento que en este lugar no se molesta el paso de
la gente. Que la temporada la empezó en el Casco Antiguo el pasado 4,
cuando el Rastro de antigüedades y artesanías y que aquí pasará todo el
invierno. Y también me cuenta que es de Talavera la Real y, desde
chico, se vino a vivir a San Roque, que allí sigue.
--¿Y el verano, maestro?
--Pues
buscándome la vida haciendo chapucillas por aquí y por allá, de albañil
o de fontanero, o apuntado a la bolsa de trabajo del Ayuntamiento.
Pues este es el señor Joaquín, castañero de Santa Marina, el de los cucuruchos de castañas asadas a un machacante.