El pasado finde cogimos carretera y manta la patronal y el abajo
firmante y nos fuimos a tierras de Plasencia, la perla del Jerte, la
Muy Noble, Leal y Benéfica, la que fundara Alfonso VIII en 1186 ut placeat Deo et hominibus,
"para que agrade a Dios y a los hombres". Y a fe que nos agrada
siempre, aunque llueva, como es el caso de la noche en que se
presentaba el Salón de Otoño de Pintura de Plasencia, en su 28ª
edición, que organizaba la Caja de Extremadura. Y allá que viajamos en
un microbús puesto a nuestra disposición por la Caja, bien acompañados,
por cierto, por directores de Museos pacenses, como Paco Tejada y Román
Hernández, fotógrafos, como Guillermo Gabardino, pintores, como Antonio
Martínez Cid de Rivera y Ángel Pérez Escolar, escritores, como Paco
Lebrato y Milagrosa Ortega, galeristas, como Pilar Baños, críticos de
pintura, como Martín Carrasco, y críticos musicales, como Emilio
González Barroso, entre otros. Con la amable Ivonne, de la Obra Social,
de guía, siempre con su móvil en ristre.Y en sólo dos horas, tomando la
nueva variante de la autovía a Salamanca, antes de llegar a Cáceres, en
Plasencia city. La exposición estaba ubicada en la iglesia de San
Martín, magníficamente restaurada y habilitada para muestras pictóricas
y otros actos culturales por la Caja. Y, a su entrada, nuestros ojos y
nuestros pasos que se van a su extraordinario retablo, con ocho tablas
del pacense Luis de Morales, además de ocho imágenes labradas
artísticamente, todo ello conformando un conjunto de inigualable
belleza. Impagable, hermanos. Y, claro es, tenemos que admirar 30
cuadros en derredor --seleccionados entre los 322 presentados de todos
los continentes--, de gran formato y de todas las tendencias artísticas
contemporáneas, especialmente las de vanguardia. Y, dada una primera
visual, que nuestro Emilio G. Barroso nos llama para señalarnos en tono
confidencial, en exclusiva mundial, el cuadro y el nombre del ganador,
un tal Pedro Osakar, con su obra "Nothingness". ¡Antes de que oyéramos
la decisión del Jurado! Una intuición más de nuestro ínclito Emilio,
una broma, pensamos todos. Pues no, señor, mire usted, que ése fue el
cuadro y el autor que se embolsaría los 30.000 machacantes del ala. Y
es que, aclaraba orbi et orbi
después, como lleva muchos años viniendo a esta Exposición, que resulta
que la obra ganadora la ponen siempre en el mismo lugar, en una esquina
de uno de los paneles. Y, claro, acertó, faltaría plus.
MECENAZGO DE CAJA EXTREMADURA
Con
la iglesia hasta los topes, el acto comenzaría con la intervención de
varias personalidades, entre ellas, el presidente de la Caja, Jesús
Medina Ocaña, la alcaldesa de la ciudad, Elia María Blanco, y cerrando
el ciclo, el director general de Patrimonio, Francisco Pérez Urbán.
Eché en falta al obispo de Plasencia, el pacense Amadeo Rodríguez, un
cura de San Jorge de Olivenza, pero sí que estaba su representante, el
poderoso deán de la Catedral placentina, el conocidísimo don Virgilio,
canónigo omnipresente en la cúpula eclesial placentina en los cuatro
últimos obispados. Y lo que te rondaré, morena.
El presidente haría
un canto a la apuesta de la Caja y su Obra Social por la Región y su
cultura, especialmente con la magna exposición "Nosotros", sobre el
patrimonio artístico y histórico extremeño --abierta recientemente en
Cáceres, iglesia de la Preciosa Sangre, e inaugurada nada menos que por
los Reyes de España--, y este Salón monográfico de Plasencia, cuna de
la primitiva Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Plasencia, que se
unificaría más tarde con la Caja de Cáceres, para formar la actual Caja
de Extremadura. Y, aparte de que van a cambiar sus concurridos Talleres
por Escuelas de Pintura y Escultura, anunció otra gran exclusiva: la
creación de un Premio Internacional de escultura Ciudad de Plasencia,
patrocinado también por Caja de Extremadura. Y es que, visto lo visto
en estos cien años que nos contemplan, cien años que van del primitivo
Monte de Piedad a la noderna Obra Social de la Caja de ahora, Plasencia
tiene, seguramente, muchos placentinos y extremeños que la quieran, con
o sin locura, pero éstos de la Caja es que la adoran. Y es que están
decididos a convertir Plasencia en la Capital extremeña del Arte
contemporáneo. No en balde, por estos 28 Salones han pasado 7.000
artistas de todo tipo, condición y procedencia, con estilos, escuelas,
tendencias y lenguajes cada vez más originales y creativos. Aunque a
muchos nos cueste entenderlos un pelín.
Jesús Medina, el baranda, al
que conozco poco, de saludarnos y tal, evidentemente no es Alfonso
VIII, el fundador de la ciudad, pero sí comparte su espíritu
fundacional cuando está poniendo su granito de arena en hacer una
ciudad no sé si grata a Dios, pero, desde luego, muy grata a los
hombres.
Leída el acta del Jurado, además del premio gordo, hubo
seis premios menores --de 6.000 machacantes por barba-- a otros tantos
creadores, por el sistema de adquisición. Y los afortunados fueron
Miguel A. Martínez, Antonio Rojas, Klaus Ohnsmann, Menchu Lamas, Ximo
Amigó y Saúl Roque Gameiro, que la pasta les viene de perlas y les
sirve para aumentar el currículum.
Para aquellos interesados en visitar el Salón de Otoño de Pintura de
Plasencia, decirles que estará abierto hasta el 3 de diciembre.
CONVITE EN EL HOTEL
Terminado
el ritual pictórico, vendría el gastronómico, con el personal atendido
en los inmensos salones del cercano hotel Alfonso VIII. Por cierto, con
el doble de personas asistentes, comparadas con las que asistieron al
acto de apertura. ¿De dónde saldrían? Y allí que nos aposentamos en
unas mesas para tomarnos, además de las cervezas y refrescos de rigor,
un estupendo vino, un tinto Privilegio de Romale, reserva 2001, uva tempranillo, un riberadelguadiana
de las acreditadas bodegas de doña Antonia Ortíz Ciprián, de
Almendralejo. A. R., naturalmente. Y acompañando a mesa y mantel con
parte de la expedición pacense, dos pintores cacereños, Luis Ramón
Ortiz y Francisco Martínez Moreno, con los que pasamos una grata
velada. Y por allí aparecerían Ivonne y Manoli Ambrona, dos de las medinagirls de la Obra Social de la Caja en Badajoz, haciendo fotos al grupo, preocupándose por el personal, etc., etc.
Pero
lo bueno vendría cuando nos enseñaron la carta del cock-tail, como para
caerse de espaldas, colegas. Ahí es nada, una legión de bocaditos,
tapas, pinchos y otras sorpresas culinarias como para quedar comido y
cenado. Y eso que algunas exquisiteces no nos llegarían porque el
personal de a pie fue haciendo estragos en las enormes bandejas por el
camino.
Así y todo, simples menudencias, y es que los medinaboys,
cuando se ponen a hacer las cosas, es que lo hacen por todo lo alto,
máxime ahora que están con las celebraciones y los regocijos de su
Centenario.
Y lo mismo que nos dieron un Catálogo de obras y autores en San Martín,
aquí va el "otro", el más agradecido: Jamón ibérico D. O. (un 10, y eso
que se acabó en un abrir y cerrar de bocas), hojaldre con torta del
Casar (otro 10), tosta de queso de cabra con miel y nueces (otro 10),
selección de canapés artesanos (aguacate, anchoas, foie), tartaletas de
atún, montaditos de lomo de ternera, tortilla de trigueros (otro 10),
fritura andaluza (calamares, boqueronitos y cazón en adobo), croquetas
fundantes (?) de jamón, codornices en muslito con salsa de soja (y
encebolladas, matrícula de honor y premio extraordinario a los
cocineros del Alfonso VIII), tosta de foie con frambuesas, brochetita
de pulpo a la gallega, rape con ali-oli de miel y tosta de morcillita
de arroz con huevo de codorniz (otro 10). Y de postres, mignardises
(?), y copita de mousse de albaricoque o sorbete cremoso de limón al
cava (matrícula de honor también).
Y, después, al autobús, tutti contenti, camino de Badajoz.