19 de Noviembre, 2006

Presentados en sociedad los libros Ciudad de Badajoz 2005

Por El Avisador - 19 de Noviembre, 2006, 23:02, Categoría: General

El pasado viernes asistíamos en el Hotel Zurbarán a la presentación en sociedad de los libros ganadores de los Premios Ciudad de Badajoz, en su edición de 2005. Concretamente, el IX de Novela, que recayó en la obra titulada Madera de Oriente, de Carlos Sánchez Pinto, y el XXIV de Poesía, que fue para Luz previa a la Luz, de Miguel Ángel Gara. Editadas ambas por Algaida. Tres cuartos de entrada en la sala y los que no fueron se lo perdieron. En la mesa presidencial, comandada por Consuelo Rodríguez, concejala de Cultura, los dos autores, junto a los presidentes de ambos jurados, Jaime Álvarez Buiza, el de Poesía, y Manolo Pecellín, el de Novela. Y entre el público asistente, el alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, numerosos concejales, el general jefe de la Base Militar de Bótoa, y gente variopinta de la cultura local, entre escritores, editores, profesores, gente del común y jubilatas de oro, plata y platino. Y haciendo de fotógrafo de cámara, que echamos en falta la presencia de alguno de los miembros del famoso trío --Manolo, Enrique o Juan Carlos--, nuestro ínclito y todoterrenal Álvaro Meléndez, que hizo un reportaje al mejor estilo vidartiano.
Y aquello, que los carteles anunciaban como una presentación más de libros de en Badajoz, se convertiría en un recital lírico por todo lo alto, una lección magistral de crítica literaria y un monólogo apasionado de un novelista y sus circunstancias. En la primera parte de la función intervendría Jaime Álvarez Buiza, el poeta relojero, que glosó de forma aseada el poemario premiado, alabando sus virtudes y tal, con lectura de algunos versos emblemáticos. Tras el que se presentaría en esta plaza Miguel Ángel Gara, que leería varias estrofas de Luz previa a la Luz, "unos quince minutos", dijo el poeta. Comenzar su pausada lectura, que de inmediato suenan unas notas musicales de un piano próximo, y la pianista era una joven rubia, esbelta, seria, vestida de negro, Joanna se llamaba,  esposa del autor. Y a sus sones acompasados, suaves, cadenciosos, ora subiendo, ora bajando de tono y de ritmo, la lírica se adueñaría de todos los corazones. Especialmente empeñado su autor en saber qué hay "antes de" la luz y de casi todo en la vida. Y el tal Miguel Ángel, con su verbo pausado, entusiasmado, leyendo más y más estrofas. Y su Joanna, armonizándolo divinamente. Y aquello que iba para unos minutillos, se acercaba a la media hora. Y la gente, en el séptimo cielo. Y, claro, pasó lo que tenía que pasar. Que dos madamas de la Tercera Edad a mi derecha, rendiditas, relajadas, que se han dormido sin tirar del pastillero ni nada. En brazos de Morfeo, las pobres. Pero la cosa pudo ir a mayores, que el andoba quería leerse el librito entero. Menos mal que alguien tosió y bajamos del cielo a la realidad, por lo que el fuerte aplauso que recibió el dúo Miguel Ángel-Joanna fue de lo más merecido.

SEGUNDA PARTE
Pasando a la segunda parte de la parte contratante, la cosa arrancaría con la disección documentada que hizo Manolo Pecellín de la novela de Carlos Sánchez, ejemplar, modélica, todo un tratado de crítica literaria. Eso sí, tras leerse el figura tres veces la novela. A la que calificó de "perfecta". Y luego empezaría a desgranar su entramado argumental, sus personajes, el tempus de la narración, el estilo y los recursos del autor, su vocabulario, propio del mundo rural abulense. Y, encantado de haberse conocido, con la gente sin perder hilo, el de Monesterio que nos daba pelos y señales de personajes, ambientes y demás, como si él hubiera escrito la novela. Y, para que no faltara de nada, daría un palmetazo a los editores, que encontró bastantes erratas y al final se  "comieron" algunos renglones. Y tras la clase particular y gratuita, que el académico dio paso al autor, un perfecto desconocido por estos andurriales hasta que se puso delante del micro. Y allí tendríamos ocasión de conocer a un hombre que se viste por los pies, a un escritor que abrió su alma y su almario al respetable, donde no se oía una mosca. Y Carlos hablaría de las obras y de sus autores, de los motivos y las manías que mueven a tantos y tantos a poner negro sobre blanco. Y pondría en su sitio a los grafómanos, a los maníacos por escribir lo que sea y donde sea. Y de la relación de amor/odio entre el autor y su obra. Y allí nos enteramos que al tal Carlos cosas tan aparentemente nimias como una foto, una semilla, unas gotas de lluvia, le ponen. Y que Madera de Oriente estaba destinada al fuego, pero que fue salvada in extremis por el consejo de un amigo. Una novela que, según él, estuvo varios años en el "corredor de la muerte". Obra que, a partir de ahora, ya no le pertenece, es de los lectores. Y la gente, embobada, con la boca abierta, escuchando a este fino escritor y filósofo autodidacta, desconocido hasta el viernes en Badajoz. Cuando terminó, con el reloj como si se hubiera parado, el personal se lo agradecería con una ovación. Y los más cercanos, que se levantarían presto para agenciarse los libros expuestos en la mesa, que querían llevárselos con la dedicatoria de sus autores.

EL CONVITE
Y, después de la función, que nos invitan a un aperitivo, servido como Dios manda en un salón anejo del Hotel. Y estando con el jamón y los vinos --Lar de Barros, blanco macabeo y tinto cabernet-sauvignon y tempranillo, dos riberadelguadiana de las acreditadas Bodegas de la Cooperativa Montevirgen, de Villalba de los Barros, vinos de Tierra de Barros, A, R., naturalmente--, rodeados de amigos, que tenemos la suerte del campeón: llegan los autores y se ponen a nuestro lado, el de la prosa, a la diestra y el de la lírica, a la siniestra. Y allí que nos presentamos, nos enrollamos y tal. Y antes del clásico intercambio de tarjetas y direcciones de correo electrónico, que me entero que los dos son de...¡Telefónica! ¡Manda huevos con los de César Alierta, el cacique del Imperio azul! Y el tal Carlos, todo un caballero, ingeniero jubilado, uno de Ávila que reside en Madrid, que te cuenta y no acaba de sus cinco novelas, cinco, sus treintaytantas antologías de cuentos, su libro sobre juegos infantiles tradicionales de Ávila y la biblia en pasta. Y que se enrolla y me dice que me lo va a mandar, así, por mi cara bonita. Y el de la poesía, un tipo muy joven de Salamanca que también vive en Madrid, con su Joanna, profesora de música, para que le armonice todo, que trabaja como psicólogo. Y que de esto, de escribir, no se vive. ¡Malos tiempos para la lírica, pardiez! ¿Pero que tienen los de Telefónica, Señor, que se llevan todos los premios? Y es que Telefónica parece El Parnaso, cuántos buenos escritores por metro cuadrado hay en sus filas.
En fin, gratísima jornada ésta de la presentación de los libros ganadores de los Premios Ciudad de Badajoz 2005, en poesía y novela. Y eso que me vine a dos velas, que no pude hacerme con ninguno de ellos. Pero el rato tan bueno que pasamos, con ellos de pretexto, no hay quien nos lo quite.

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