El hombre de la gabardina

Por El Avisador - 16 de Noviembre, 2006, 3:00, Categoría: General

Ayer a mediodía, al regreso de los recados de cerca, cuando deambulaba por la avenida de Fernando Calzadilla, en la acera de Pardaleras, que lo veo. No hay duda, es él, el hombre de la gabardina. Su figura oronda, tez morena, pelo hirsuto, bien trajeado, camisa a rayas, corbata señorial y con gabardina de detective de las pelis de los años 50 lo delatan. Es Ramón, ex-policía, personaje popular en Badajoz por sus andanzas callejeras, cantando coplas flamencas y hablando con voz atronadora, como dirigiéndose a una tribuna imaginaria, que, sorprendida, no le hace maldito caso. Eso sí, siempre provisto de unas cajas de vino peleón, del barato, para bebérselas a trago tendido por el camino. Un juguete roto que mueve a compasión. Un hombre, como otros, al que la vida le ha dado muchos golpes y, para olvidarlos, recurre a la bebida. Que, por lo que parece, no está en sus cabales. Y podemos verle deambulando aprisa y en solitario de arriba para abajo, que vive en el Casco Antiguo. Pero esta vez llevaba en sus manos una magnífica cartera de ejecutivo. Y junto a la parada de autobuses urbanos de la zona que me paro y le saludo. Ya he hablado con él en otras ocasiones y me he interesado por su vida. Y le pregunto que cómo le va, por sus hijos, a qué se dedica ahora. Y mi Ramón, el hombre de la gabardina, que coge impulso y arranca como un torbellino, hablando de todo y de prisa. Y uno, con la boca abierta, sin perder ripio.
--Pues yo estoy haciendo ahora seguros de vida.
--¡¡¡¡¡¡
--Y vivo solo, que vivía con mi madre, hasta que se murió, que mi madre era la única persona que me quería, no como las otras.
--¡¡¡¡¡¡
--Que la madre de mis hijos lo que quería era llevarse el piso. Y las otras mujeres que conocí lo que querían era quedarse con la paga.
--¡¡¡¡¡¡
--Mis hijos ya están colocados y el último ha entrado en el Ejército, que ha aprobado y ahora está en Toledo, ha sacado "apto". Y ahora le voy a mandar el dinero de mi pensión de este mes para que se compre unos bocadillos.
--¡¡¡¡¡¡
--Y todo, gracias a Dios, que Dios me ayuda, que leo la Biblia y tengo una casa mu limpia, que la friego todos los días.
--Pues va como un dandy, Ramón --meto baza.
--Sí, es que soy mu limpio, mire usted. Me lavo todos los días la cabeza y los calcetines, no me gusta que huelan.
Y en una bolsa de plástico que veo que lleva un tetrabrick de vino inclasificable y una botella de dos litros de naranjada. Y como se lo señalo, que me contesta:
--El vino no me viene bien, señor, que me lo ha dicho el médico, que tengo algo en la cabeza.
--Cuídese, Ramón y que nos sigamos viendo, que me alegro por lo de su hijo pequeño --le digo como despedida.
--Gracias, señor, hasta la próxima.
Y le digo adiós a Ramón, el hombre de la gabardina, que está apurando su tetrabrick de vino y su botella de dos litros de naranjada.

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