Pasaje para los sueños rotos, de Diego Fernández González

Por El Avisador - 8 de Noviembre, 2006, 16:03, Categoría: General

Cosme López García, amigo, escritor y poeta apasionado, me manda una reseña de la crítica que ha poco hiciera al reciente libro de su paisano Diego Fernández González (Campanario, Badajoz, 1957), intitulado Pasaje para los sueños rotos. El autor, profesor, pintor autodidacta, investigador y miembro de la UBEx, del Fondo Cultural Valeria y de la Agrupación de Acuarelistas de Extremadura, entre otras instituciones culturales extremeñas, responde a la dirección de correo electrónico diego_piropo@hotmail.com. Los interesados-as en su obra ya saben dónde localizarle.
 

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Pasaje para los sueños rotos

Poesía. 83 páginas. Junio del 2006. Diego Fernández González, “Piropo”. Ilustraciones del autor. Prólogo de Tomás Chiscano Andújar.
Excma. Diputación de Badajoz
y Excmo. Ayuntamiento de Campanario.


LA FUERZA DE LA POESÍA O LA FRAGILIDAD DE LOS SUEÑOS

EN 1962, el poeta social Gabriel Celaya, dejó escrito que "La Poesía es un arma cargada de futuro". El tiempo ha dado la razón al maestro y, hoy nos encontramos con ediciones de libros donde aquel futuro género poético ha llegado o, al menos, estamos viviendo un presente bastante fructífero en cuanto a publicación de obras poéticas. La excelente calidad de un amplio cartel de poetas, no hacen sino avalar que lo de componer versos ya no es de minorías y, cada vez más, los lectores sentimos la necesidad de emocionarnos con la comunicación tan sincera que nos ofrece la Poesía.
Pasaje para los sueños rotos, es un buen ejemplo de lo dicho anteriormente. Su autor, Diego Fernández González, más conocido por el entrañable apodo “Piropo” que no heterónimo, ¿es un poeta o un pintor? En realidad, se trata de un pintor que pinta y colorea a la Poesía, o también, un poeta que escribe tintando y tentando a la Pintura. Así lo comprobamos en estos sueños rotos, donde las ilustraciones del propio “Piropo” están estrechamente ligadas a sus poemas y viceversa. La poesía y los óleos de Diego, son sencillos trazos –y trozos– de la vida, pero de tal sencillez, resulta machadianamente muy difícil su escritura y complicado el manejo tan ejemplar de los pinceles.
Diego ama a nuestra tierra, Extremadura y, aún más, concretamente al pueblo que le vio nacer, nuestro Campanario y sus alrededores, pero no se queda “deslumbrado” con el paisaje y paisanaje, sino que, a través de sus raíces y el conocimiento de lo vivido en su entorno, enciende una tenue luz para no caer en ese “deslumbramiento”. Así consigue ir más lejos de la simple anécdota rural, escribiendo poemas cargados de realidad, esta realidad que vivimos a la fuerza, queramos o no. Porque, ¿quién se atreve a decir que el mundo está bien hecho? “Piropo” denuncia con versos de sable, pero lo hace y lo dice desde la ternura y belleza de la auténtica Poesía, que también grita las injusticias o el cinismo de la sociedad actual: la calidad de vida, el asfalto, las pateras y los “sin papeles”, las prisas, las tarjetas de crédito, la cotidianidad con los problemas que tanto nos abruman detrás de la barra de un bar, la desconfianza y el desconocimiento del vecino, los vagabundos dormidos en sus cartones por supuesto reciclados, la clasificación de los cubos de basura, las incruentas guerras y, al final, esperando el cementerio, la tumba pagada también a plazos. Esto y mucho más, escribe Diego y, ¿no es lo que entre todos hemos creado?
La asonancia de las rimas, hace que, la mayoría de los poemas, alcancen una armónica musicalidad que, sin duda, convertirían muchas de estas estrofas en auténticas canciones de autor, sólo hace falta que algún compositor haga los arreglos musicales. Esto es así, porque “Piropo” es un poeta que cuida mucho la belleza formal de la rima, la estrofa, el soneto incluso y, lo más importante, rectifica, pule y lima cuanto escribe; se nota cuando leemos cualquiera de sus poemas. Además, nuestro autor aporta un lenguaje bellísimo donde la palabra rodeada de palabras, va casando con fluidez y coherencia, tachando y tirando aquello que pueda ensuciar el poema. El resultado, es como la “rosa juanramoniana”, que no se la puede “tocar” más porque así es. Lógicamente, dentro de las aguas cristalinas de esta poética pura, nos encontramos con los seis pilares básicos de la verdadera Poesía y que son, por este orden: conocimiento, comunión, transcripción, comunicación, emoción y finalmente, compromiso.
Ese lenguaje armónico y bellísimo antes aludido, también es el producto de muchas y grandes lecturas que ha llevado a nuestro poeta a interesarse por conocer más a fondo el Diccionario de la R.A.E., haciendo uso de palabras como atrezzo, anuencia, intonsas, pecientes, agua de Estigia, exfoliar, tramoyistas, caninez, convoyes, réquienes, mil ojos de Indra, abluciones, arrocinada, zupia y pebetero. Palabras cultas, no cultismos que para nada entorpecen la lectura y comprensión de la obra, sino todo lo contrario, los poemas son enriquecidos ganando en intensidad verbal, dotándolos de una fuerza imprescindible si queremos leer poesía original. Esta es la palabra, originalidad, algo único, no dicho antes por nadie y que define la manera de escribir de un poeta auténtico, lo que llamamos estilo literario propio y que, Diego “Piropo” posee, circunstancia que numerosos jurados han tenido en cuenta a la hora de premiarle en varias ocasiones y en distintos lugares de nuestra geografía.
La presentación de este libro, corre a cargo del gran poeta y buena persona, Tomás Chiscano Andújar, quien escribe un Prólogo singular y mayúsculo, dentro de la campechanidad que siempre caracteriza a este autor villanovense tan querido y valorado en el panorama de la lírica extremeña. Contar con sus palabras, es un gran acierto que el lector agradece.
Como apunta Chiscano en el Prólogo, el libro tiene cuatro partes. Todas tienen el elemento común de la denuncia, de la protesta, del desencanto y de la rabia. Aunque bien es cierto, que al final, “Piropo” desea dejarnos con “un buen sabor de boca” cantando al amor y a la esperanza, sabedor de que el hombre los necesita y, para ello escribe el último poema que titula “Camino”, donde con la paradoja de un VIVO EPITAFIO, nos dice: Mi corazón me late / y lo ofrezco en mis manos / con todas sus arterias vivas / al amor y a la esperanza.
Pasaje para los sueños rotos es un libro lleno de metáforas, es “La fuerza de la Poesía o la fragilidad de los sueños”, una elección que sin duda hace decantarnos por la primera, por la fuerza de la metáfora, del verso aliado que siempre velará para que nuestro mundo onírico nunca se rompa. Pasaje para los sueños rotos como la gran metáfora de un teatro, donde nosotros mismos somos los actores secundarios que, como marionetas o títeres de trapo, bailamos sobre la cuerda floja de la vida.
Por último, sólo nos resta decir que la impresión del libro es excelente y sin lujos: sobrecubierta con solapas, portada plastificada con ilustración en color y papel satinado de alta calidad. Es el resultado de un gran trabajo muy bien hecho en los talleres gráficos de la Excma. Diputación de Badajoz y, gracias al esfuerzo de la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Campanario que, con buen criterio y entusiasmo, mueve los hilos para la publicación de magníficas obras como ésta. Otros ayuntamientos deberían tomar y seguir el ejemplo.

Cosme López García
Badajoz, Octubre del 2006

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