7 de Noviembre, 2006

Un Palacio del Libro y la Lectura

Por El Avisador - 7 de Noviembre, 2006, 0:40, Categoría: General

Ayer, desde bien temprano, el Palacio de Congresos de Badajoz se llenó de libros. Y de profesores y alumnos de todas las tallas, de bibliotecas y escritores, de editoriales y lectores, y de la biblia en pasta. Ahí es nada, el Palacio de Congresos, convertido por unos días en el Palacio de los libros y de la lectura. Y es que se celebraba en la capital extremeña el I Simposio Internacional de Universidades Lectoras, subtitulado "De mar a mar", con la participación conjunta de las Universidades extremeña, sevillana y alicantina, además de las Universidades e Institutos Politécnicos de Portugal, y aquello fue el acabóse, el desiderátum librero, el despiporre lector, el no va más del ingenio y la creatividad para que la gente lea, aunque los destinatarios fueran, en principio, los universitarios. Con un montón de gente invitada, con el auditorio casi lleno y, lo que es bueno, con los libros hasta en la sopa. Quiero decir, además de en las estanterías y mesas reglamentarias, como suele ser costumbre, tirados cuidadosamente en el vestíbulo de entrada, en los maceteros, por todos los pasillos y rincones.
Y es que había una actividad que consistía en el "tuneado de libros", con media tonelada de libros en el hall de entrada, junto a los famosos asientos en barricada, y allá que me veo cómo tropecientos ávidos lectores de todas las edades, sexo y condición, que me rebuscan los libros, los cogen, los hojean, se leen unas paginitas y, con rotuladores, los personalizan. Y, hecho ésto, al morral, que ya es tuyo. Y esto no era más que empezar, que después vendrían un sinfín de actividades en todo el Palacio. Como conferencias, charlas y seminarios, talleres, encuentros con los profes, otros pero con los escritores, mesas redondas y rectangulares, debates, así como exposiciones de lo más variopintas, bibliotecas infantiles, visitas guiadas de colegios y otros centros de enseñanza --todo un detalle la presencia de los mozos y las mozas de Aspaceba, incluidos algunos con sus carritos de minusválidos--, propuestas para interactuar y simposios virtuales. Sin olvidarme de la presentación de libros y revistas, exposiciones de gráficos e imágenes, etc., etc.
Sí, señor, todo un vendaval creativo alrededor del libro y la lectura que nos ha organizado el todoterrenal equipo del Servicio Interfacultativo de Lectura de la Facultad de Educación, con Eloy Martos y Ángel Suárez, entre otros, a los mandos. Y después de la inauguración, donde, afortunadamente, estaban los segundos escalones de la Universidad, la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento de Badajoz --los barandas mandarían el recado ese tan manido de que no podían asistir "por problemas de agenda", como si las agendas dieran problemas, se tiran a la basura y se compran otras que no los den-- cada mochuelo se iría a su olivo y aquello parecía un Palacio sin Rey, ni presidente, ni delegado del Gobierno, ni nada de nada, pero donde cada uno se iba acoplando a las actividades que más le gustaban. Por libre. Self service, que se dice ahora. Y aquello funcionaba. Con cierto guirigay al principio, es verdad, pero es que el trasiego de intervinientes y espectadores durante la mañana y la tarde fue una constante.
Para que no faltara de nada, en los descansos y durante los cambios de actividad podías tomarte un café Delta con pastas, servido por una gentil azafata. Y ayer, por ser el primer día, el Ayuntamiento de Badajoz daría una recepción a los participantes en el hermoso patio del claustro del Museo Luis de Morales, con un excelente convite a cargo del Real Proveedor de Fiestorros y Saraos del Reino de Badajoz, excelentísimo señor don Gonzalo Guijarro Merelles, Marqués de Catering-31, que merecería el aplauso unánime de la concurrencia. Lo mejor en jamones, quesos, lomos y otras delicias gastronómicas de nuestra Extremadura, regada con un vino de impresión, Nasarat  joven, uva merlot, añada 2004, un vinodelatierradeextremadura de las acreditadas Bodegas de Gaspar Santos e Hijos, de Badajoz, casa fundada en 1878.

¡VA DE CUENTOS!
Y cuando uno más tranquilo estaba en su retiro dorado, aunque tenía previsto asistir con la patronal al evento, que van el Eloy y el Pedro Montero jr. --uno de su equipo, por cierto-- que me tiran los tejos una semana antes y me meten de rondón en el programa con una intervención sobre Los cuentos, con lo a gustito que estaríamos de oyentes y mirones. Y ahí me veis por la tarde, después de recargar el chip en casa, contando los cuentecillos de toda la vida, los de tradición oral que recogí en Badajoz hace algunos años, a una cuarentena de jóvenes maestros y mozos y mozas de la Universidad, además de a unas pequeñuelas, que resultaron ser mis nietas, que llevaban el secreto encargo de jalear y aplaudir al abuelo por si aquello se ponía feo.
Y el Eloy que dice que me quiere presentar y el tío que va y me pone por las nubes, y resulta que el menda me conoce como si me hubiera parido. ¡Cuánto honor! Y uno, encantado de haberse conocido por actuar en un Palacio, aunque no venía precisamente a pedir la mano de la hija del Rey --de Eloy I, no, que los Reyes no llevan nombre en los cuentos, con Rey basta-- después de superar las tres pruebas difíciles que siempre ponen en estos relatos a quien ose casarse con la princesa rebonita. Ni a pedirle la corona y su herencia después de llevarle la flor maravillosa que pidió a sus hijos, encontrada en un camino intrincado el monte. Un Palacio, pero de libros y lectores, de autores y editores, de profesores y alumnos, de bibliotecarios e impresores. Un Palacio, en suma, de la cultura y de la vida.
Y, antes de regresar, paseo espacioso por las estancias para hojear libros y ver algunas exposiciones ad hoc. Como una sobre el Expotren de Extremadura --ideal para los chavales-- y otra, más modesta pero que cunde lo suyo, sobre Lenguaje gráfico, Matemáticas y Humor que han montado, al alimón, Pablo Flores, catedrático de Mates en la Facultad de Educación de Granada, y nuestro amigo Lorenzo Jota Blanco, ídem de ídem en la de Extremadura, con sede en Badajoz. Merece la pena verla --son 35 las láminas expuestas, de las 2.000 que el profe andaluz ha reunido en 10 años--, porque con una sonrisa la vida se ve de otra manera.

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