Día de Rastrillo, castañas, tapas, bodas y bautizos en el Casco Antiguo

Por El Avisador - 5 de Noviembre, 2006, 17:56, Categoría: General

Ayer, sábado, sabadete, con tiempo nublado, amenazando lluvia, pero con buena temperatura, rondando los 25º a mediodía, nos largamos la patronal y este escribidor al Casco Antiguo. Era el primer sábado de mes, las pagas recién cobradas se notaban en los bolsillos y coincidían el popular Rastrillo de antigüedades y artesanías y la Feria de la tapa, en su IV edición. Dado el tiempo inseguro, menos puestos que en otras ocasiones, aunque, eso sí, luciendo toldos y lonas por si las moscas y los moscardones. Y la gente que iba y venía plaza Alta arriba y abajo. Los tenderos, espabilaos ellos, aprovecharían divinamente los soportales de la plaza de Marín de Rodezno, pero no llovió. Pero quien estuvo en su sitio de centinela, sin moverse del puesto, oteando lo que pasaba abajo, fue la paciente cigüeña de la Torre de Espantaperros, una fija de nuestro paisaje urbano. Y dando una visual a la histórica plaza, que vemos como uno de los nuevos inquilinos ha colocado un aparato de calefacción, marca Firstline, en uno de sus balcones con vistas, que son todos. Y dentro de poco, otros vendrán y le pondrán los cierres de aluminio y los toldos. Y otros, las macetas y los tendederos de ropa, con las sábanas, los calcetines, las bragas y los calzoncillos de los señores. Restauremos un monumento emblemático en Badajoz para que vengan y lo conviertan en... ¡una corrala, un patio de vecindad! Y otra cosa visible es que las obras de reconstrucción de edificios en las calles Moreno Zancudo, El Brocense, San Lorenzo y Concepción, además de la propia plaza Alta, continúan, aunque parece que lo hacen a paso de tortuga del Pleistoceno. Desesperante.
Y entre miradas por aquí y fotos por allá, que vemos como uno de los merchantes de la plaza está tratando de vender un catre del año de la pera a unas señoras mayores. Y para hacerles una demostración, que va el tío y, con toda su humanidad, que se echa encima, estando a punto de dar con sus huesos en el puto suelo. ¡El tiro por la culata! Y el anticuario, venga a recomponer las pletinas dobladas, como si nada. Échese usted, verá, les decía. Y las dos señoras, que saldrían corriendo a escape, no fueran a trajinarlas.

¡A LAS RICAS CASTAÑAS!
Y en la "esquina del Rastro", la confluencia de las calles Concepción, Zapatería (Moreno Zancudo), El Brocense y Corregidores (Soto Mancera), los de la AECAB que habían montado un puesto de castañas asadas y licores. Y allí que la gente se fue apalancando mientras subía o bajaba, degustando las exquisitas castañas y dándose unos lingotazos de anís o de licores light de melocotón y avellana. Hasta que se agotaron, el botillerío y dos sacos con 80 kilos de las popularísimas calentitas.
Y cuando bajábamos, a la altura de la iglesia de la Concepción, que vemos como sale un bautizo, arremolinándose la gente, muy peripuesta para la ocasión, alrededor del neófito, de nombre Jesús, que iba todo de blanco, blanquísimo, dormidito y con chupete, y no se enteraría de la bulla que había a su alrededor. Y nos damos cuenta de que los padrinos de la criatura deben ser más roñosos que el tío Morroña, porque no tiraban céntimos ni euros a los muchachos, ni caramelos ni rosquillas, ni nada. Como se hacía antes, que eso sí eran bautizos. No como los de ahora, de la iglesia al convite en las afueras, a llenar la andorga y ¡a vivir, que son dos días! Pero nuestro Jesusín no tiene la culpa, pobrecillo.
Y en los cruces estratégicos de la calle San Juan, que allí estaba él, el único, el ínclito concejal encamisado, con sus muchachos, repartiendo papelas a diestra y siniestra. Y, como siempre, chupando cámara cada vez que hay un acto masivo en el Casco Antiguo, para repartir panfletos y hojas volanderas de su partido dando caña al Ayuntamiento, a la Junta de Extremadura y a quien sea menester. Pero, en esta ocasión, sorprendentemente, no se metían con nadie, no pedían juicios sumarísimos ni la perpetua para ningún concejal del equipo de gobierno municipal, sino que aireaban sus posiciones sobre el Centro comercial abierto del Casco Antiguo y sobre el maltrecho Puente Real. ¡No me lo podía creer! ¿Será la proximidad de las elecciones que se nos vienen encima?
Pero es que al pasar por la plaza de España que vemos como sale un bodorrio de la Catedral, como todos los sábados, con decenas de invitados esperándoles en la escalinata para tirarles kilos de arroz y miles de pétalos de flores y gritarles eso tan consabido de ¡Vivan los novios! Y, hala, con la gente de tiros largos, al coche, que espera un almuerzo de confraternidad por todo lo alto, seguido de sobremesa, cava, café, copa y puro, regalitos de recuerdo, los cubatas, discotequeo del bueno, jamón ibérico de tentempié, churros con chocolate y la biblia en pasta hasta que den las del alba.

RUTA DEL TAPEO
Con tanta boda y bautizo, que se te hace la boca agua y, como estamos en el mejor sitio y en el mejor momento de Badajoz, que se va la troupe Monterini por los sagrarios gastronómicos del lugar. Y después de ver cómo todos los locales de tapas de las calles San Juan, Virgen de la Soledad, Vicente Barrantes, Meléndez Valdés, Muñoz Torrero y Felipe Checa están de bote en bote, que asentamos nuestros reales, sucesivamente, en dos que tienen veladores en la calle y con algunas mesas libres: el Gran Café Victoria y el Restaurante La Ría. Lo importante para nosotros no eran las "estrellas", las tapas guay del Paraguay, sino las sillas y las mesas. Pero las calles estaban que daba gloria verlas. Y un poco antes de las cuatro, que se pone a llover. Pero la gente sentada en los veladores, impertérrita, sacando sus paraguas y sin moverse del sitio, bebe que te llenen y pídeme otra tapa. ¡No nos moverán!, parecía ser el mensaje. Y la lluvia se iría y el personal, encantado de haberse conocido. Y los camareros tardando la intemerata para servirte en las mesas. Pero ni por esas, que la gente lo estaba pasando pipa en grupos de amiguetes, parejas y jóvenes familias con los pequeñuelos en sus carritos de bebés. Eran más de las cuatro, con un sirimiri soportable, cuando cogimos la vereda camino de nuestros lares.
Habrá que volver, que la cosa dura todo el mes de noviembre. Pero la próxima me llamo a algún director de los caros del cine español para que haga un reportaje costumbrista de estos sábados en el Casco Antiguo. Y si no puede ser Pedro Almodóvar, que me parece que no, pues me traigo a mi tía Federica que tiene un equipo de cine de antes de la guerra, con manivela, pero que todavía funciona.

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