En estos últimos días
de octubre, vísperas de Todos los Santos y Difuntos, los badajocenses
desaceleramos nuestra agitada vida por unos días para dedicárselos a
nuestros familiares difuntos. Y, aprovechando el buen tiempo, son
incontables las familias, enlutadas o no, que, ramos de flores y
elementos de limpieza en ristre, visitan las tumbas de sus seres
queridos en los camposantos municipales. Hay que adecentar con esmero y sentimiento el lugar --tumbas,
nichos, panteones o mausoleos-- donde descansan para la eternidad. Unos
lo hacen bien cerca, a unos dos kilómetros en dirección SO, al
cementerio histórico o viejo --abierto en 1839--, también conocido como
de San Juan, tomando el camino paralelo a la carretera de Olivenza, a
pie o en coche, en dirección a la barriada de Llera, en las laderas del
Cerro del Viento. Y otros han de coger necesariamente el coche o el
autobús urbano, camino del Cementerio nuevo o de Ntra. Sra. de la
Soledad --abierto en 1983--, por la carretera de Valverde, en la finca
El Cedeño, a unos 15 kilómetros de la ciudad, en dirección Sur. Una vez
allí, bien limpias y exornadas profusamente de flores las tumbas y las lápidas, hay tiempo para la
oración y las lágrimas sentidas, para la añoranza y los soliloquios que no
tienen respuesta.
CEMENTERIOS DE BADAJOZ
Badajoz,
en el
discurrir de la Historia, ha dispuesto de diversos lugares para
enterrar a sus muertos. Descuidados y sin cerramiento alguno --salvo
los eclesiásticos-- los primeros, y urbanizados y ajardinados con mimo
por los servicios municipales, los dos últimos. De modo sintetizado los
resumimos aquí:
1. Siglo XIII, en el campo de San Roque (conocido como Osario, Ensario y Ejido ansarero)
2.
Edad Media y Moderna, en el subsuelo de las iglesias y patios anejos.
Había que estar en contacto con las imágenes sagradas más veneradas.
3.
1813, en el corralón del convento de San Francisco, zona de la
Delegación de Hacienda, esquina Vasco Núñez. Sin cerramiento. Entraban
los cerdos, los perros y otros animales asilvestrados, que desenterraban los huesos.
4.
1821. La Alcazaba, zona aledaña a Puerta de Carros e interior de las
ermitas de Ntra. Sra. del Rosario y Ntra. Sra. de la Consolación.
5.
1833, con ocasión de la terrible epidemia de cólera de ese año, en La
Luneta, en las traseras del Fuerte de San Cristóbal. Osario sin
cerramiento alguno, con las sepulturas expuestas a merced de las alimañas.
6. 1838, vuelta a La Alcazaba, por la lejanía del camposanto de La Luneta.
7.
1839, se inaugura el Cementerio municipal del Cerro del Viento. En 1845 se
realiza una "monda" en los osarios de San Francisco y de La Alcazaba y sus restos, traídos
definitivamente al nuevo. Una lápida, junto a una de las puertas del
sector más antiguo del mismo, dice así:
"Mandó construir este Cementerio el Ayuntamiento de esta capital del año de 1839, siendo su presidente don José María López".
8. 1983, abre sus puertas el segundo Cementerio municipal, ubicado en la finca El Cedeño.