Acaba de llegar a mis manos el último tocho bibliográfico de Manuel Pecellín Lancharro, Bibliografía en Extremadura (2004-2005)
(Badajoz, Indugrafic, 2006), quinto de la serie que, con este nombre,
iniciara en 1997, aunque ya con anterioridad había publicado otra de
semejante factura: 500 publicaciones extremeñas
(Badajoz, Universitas, 1993). Y es que el tal Manolo, profesor,
académico, ensayista, bibliófilo, crítico y unas cuantas cosas más
--entre ellas, la de ser de Monesterio-- ha cogido la rarita costumbre
por estos de pagos de seguirle la pista a los cientos de libros,
revistas y otras publicaciones escritas por autores naturales o
residentes en Extremadura, a las que tratan de algún tema referido a
nuestra Comunidad, sean sus autores de Madagascar o Kansas City, y,
finalmente, a las que han sido impresas en algún taller tipográfico
extremeño. Y de todo ello da cuenta su enésima entrega, esta de la
Bibliografía Extremeña (2004-2005). Con 721 páginas en total, contiene
reseñas y apuntes bibliográficos más o menos extensos correspondientes
a nada menos que 974 obras --que me las he contado--, entre libros,
revistas y publicaciones varias. Lógicamente, aquí no están todas las
que son, que sería imposible, pero sí son todas las que están. Con los
datos expuestos, te podría dar un empacho bibliográfico de padre y muy
señor mío si no fuera porque el tocho presenta tres claves para
aventurarte en sus páginas sin perecer en el intento:
1. Una clasificación por áreas del conocimiento.
Desde la Antropología, el Arte, la Bibliofilia y la Bibliografía a la
Sociología, la Teología y la Teoría literaria, pasando por la Ciencia,
el Ensayo, la Geografía, la Historia, la Literatura--, la Pedagogía,
etc., etc.
2. Un Índice alfabético de autores, también de la A a la Z. Uno que empieza con un tal Julián Acebrón Ruiz y termina con Antonio Zoido Naranjo.
3. Un Índice alfabético de títulos.
CONCLUSIONES
Saco aquí unos datos que cualquiera puede extrapolar como quiera: la
Literatura es el árbol más frondoso del huerto pecelliniano, con...
¡218 ramas..., digo, páginas! Y el de las Ciencias, uno de los más
raquíticos, con sólo... ¡22! Desde luego, literarios y creativos con la
pluma somos una jartá en Extremadura, nos salimos del mapa. En cuanto a
nuestra afición por lo científico, habrá que correr un tupido velo.
Pues estas y otras conclusiones, además de localizar el libro que no
encuentras por ninguna parte, disfrutar con sus amplias reseñas --por
cierto, viene una del Avisador (Las culturas del vino, de Javier Marcos Arévalo, pp. 37-39), etc. lo tienes aquí todo a la vista.
Vaya mi enhorabuena al autor por este trabajo impagable, máxime cuando
ha tenido el detalle de regalármelo. Otro que ha puesto en práctica la
nueva obra de misericordia de la Cristiandad culta: dar un libro al que
lo ha de menester. ¡A ver si cunde el ejemplo!