Por fin llegaron las lluvias otoñales ininterrumpidas, que tanta falta
están haciendo en este país y en esta Región, naturalmente. La tierra
se está empapando y las reservas de los pantanos están subiendo poco a
poco. Y todo este fin de semana será pasado por agua. Las grandes
borrascas atlánticas tienen la culpa.
Octubre, cuyo nombre deriva de october,
el octavo mes del calendario romano, se está portando como Dios manda,
con su tiempo repartido entre el final de la vendimia y el comienzo de
la sementera. Símbolos ambas por antonomasia del mes. Las lluvias de
octubre están dejando el campo como les gusta a la mayoría de los
agricultores y ganaderos --a todos, imposible--, proporcionando al
encinar y a los pastos unas condiciones óptimas para el aprovechamiento
de la hierba y las bellotas, que el ganado de cerda pasta a sus anchas
en nuestras dehesas en régimen de montanera. De ahí lo rico que está el
jamón extremeño ibérico de bellota, pata negra, y no el de los muchos
sucedáneos que nos meten con calzador, alimentados en granjas con
pienso y otras mariconadas. Y, por supuesto, al mojarse la hojarasca y
la leña seca se acaba el riesgo de los incendios forestales en toda
España.
FIESTAS Y ONOMÁSTICAS
Octubre
de siempre fue uno de los tiempos festivos más importantes en España.
El 1 se festejó a Santa Teresita del Niño Jesús, el 2, a los Ángeles
Custodios, el 4, a San Francisco de Asís, el 7, a Ntra. Sra. del
Rosario, grandiosa festividad mariana de épocas pretéritas, venida a
menos en los tiempos que corren, el 12, a Ntra. Sra. del Pilar, Patrona
de las Españas, el 15, a Santa Teresa de Ávila, el 18, a San Lucas
Evangelista y el 19, a San Pedro de Alcántara, Patrón de Extremadura. Y
en el tiempo que nos falta, el 24 será la fiesta de San Antonio María
Claret, patrón de la Orden de los claretianos, con colegios repartidos
en medio mundo, entre ellos el de Don Benito, y el 28, San Simón y San
Judas Tadeo, el abogado divino de los casos difíciles, imposibles y
desesperados. Y el 31, antaño recordatorio de San Quintín, es la fecha
de una fiesta copiada de la cultura anglosajona, de origen celta, el Halloween, la noche de los muertos que reviven, vísperas de la nuestra de Todos los Santos, no lo olvidemos.
Claro
que si tenéis familiares, amigos y amigas que se llamen Irene o Dorotea
(su día, el 20), Víctor, Úrsula o Modesto (21), Plácida o María Salomé
(22), Germán o Teodoro (23), Petronila, Félix o Jenaro (24), Hilario,
Engracia o Gabino (25), Evaristo o Felicísimo (26), Florencio, Venancio
o Milagrosa (27), Leonardo o Marciano (28), Narciso, Lucio o Feliciano
(29), Marcelo, Froilán o Hipólito (30) y Quintín, Nemesio o Urbano
(31), apuntadlo corriendo en la agenda, que a los susodichos les
encantará que les felicitéis en su onomástica y vosotros quedaréis como unos señoritos.