Tranquis,
colegas, que aquí en El Avisador no se venden ni se compran
criaturas. Eso sería de gente desnaturalizada, impropio de seres
humanos. Que tampoco esto es una agencia al estilo de las que usan
Angeline Jolie, Brad Pitt, Madonna y otras lumbreras de Hollywood para
hacerse con niños del Cuarto Mundo y adoptarlos. Que la cosa viene
porque están apareciendo, ahora que ha comenzado el curso escolar,
entrevistas televisivas a mamás jóvenes preguntándoles que a cuánto les
sale el niño. Y muchas de ellas han echado cuentas y todo delante de
las cámaras y han dicho que de pañales y vestiditos, tanto, de carritos
y taca-tacas, cuanto, de papillas y biberones, no sé cuanto más. Y, si
sus rapaces son algo mayorcitos, que van al cole, pues las cuentas
suben y suben y vuelven a subir: libros, libretas, uniformes, carteras,
ropa y calzado de verano y de invierno, gafas nuevas, reglas y compás,
calculadoras... Incluso ha habido alguna mamá postmoderna que
ha valorado todo en 6.000 euros al año. ¡Un niño, un millón de
pesetas! ¡Menos que una plaza de garaje en Badajoz! ¡Y cuarto y mitad
de pipiolo, 375.000 pelas! ¡Lo que vale un metro cuadrado construido en
esta ciudad! ¿Será posible? ¿Cómo se puede poner precio a una
criaturita, que ha sido fruto del amor de una pareja? ¡Pero si tener un
hijo en España es algo muy grande, irrepetible, inenarrable, después de
escribir un libro y plantar un árbol!
Y, ya puestos con la
calculadora, ¿por qué no le suman sus papás las noches de insomnio, los
domingos en vela, a tanto la hora de "guardia"? ¿Y por qué no el tiempo
que emplean en recogerlos del cole, a tanto la gasolina del coche? ¿Y
por qué no sumar los gastos extras de la Primera comunión y los del
santo y aniversario en sus primeros añitos? ¿Y los de los Reyes Magos? ¡Un niño, un millón de
pesetas! Pero, ¿dónde estamos?, ¿en qué país vivimos? ¡Si ésto parece
un mercado persa! ¡Y la gente, que ha perdido el norte, el sur, el este
y el oeste! ¡¡Socorro, que paren el mundo, que yo me quiero bajar!!