Es lo que venimos diciendo los que vivimos en Santa Marina, que no pasa
un día ni dos que no veamos obras de adecentamiento de los portales de
entrada de los grandes edificios de pisos. Consistentes en el
levantamiento de rampas para el paso de las personas que van en sillas
de ruedas o tienen dificultades en subir las escaleras, además de la
colocación de barandillas de mano, con las que facilitar el acceso o la
bajada a las personas de edad. O poner ascensores donde no los hay.
Nada de particular, que los de la Tercera, Cuarta y Quinta Edades
llevamos la delantera a los que todavía están currando para ganarse la
vida y somos taitantos millones de jubilatas y pensionistas vivitos y
coleando. Y con la edad, claro, llegan los achaques, los bastones, las
muletas y las sillas de ruedas. Por lo que hay que darles todas las
comodidades a nuestros viejos. Que así es la vida y así la cuento. Lo
dicho, nos estamos quedando viejos en Santa Marina, pero hay cuerda
para rato, tíos. Y de ganas de hacer cosas nuevas, aprender más todavía
y vivir otras experiencias, ni os cuento, colegas.