6 de Octubre, 2006
Mi amigo Juanfra, el de la radio
Mi amigo Juanfra es un
tipo alto y sobrio. La discreción personalizada, Como que parece un
gentleman, un hijo de la Gran Bretaña. Tiene una voz grave de tenor,
ideal para doblar a los mejores actores del Hollywood de toda la vida.
Aunque él no lo sabe, su voz sería la ideal para dar la palabra en
español a dioses, reyes, nobles y caballeros de la Tabla redonda, entre
otros grandiosos personajes. Pero lo suyo no es el cine, me parece a mí
que no. Que lo suyo es el deporte, concretamente el balonmano. Porque
mi amigo Juanfra es informador deportivo de balonmano, de radio
Villafranca, por más señas. Emisora de Villafranca de los Barros,
corazón de la ubérrima comarca de Tierra de Barros y conocida como la
ciudad de la Música. Aunque también se la conoce por los pifostios de
la hostia que allí montan los partidarios y los adversarios de la
Refinería, que la quieren construir en sus inmediaciones. Mi amigo
Juanfra sabe de balonmano lo que no está escrito y cada semana se patea
media Extremadura para hacer sus crónicas en directo. Asimismo, es el
que manda resúmenes y croniquillas a todos los medios de comunicación
extremeños, aunque luego, al leerlos en los periódicos, no aparezca su
firma. Que en su lugar ponen la impersonal "Redacción". Y cuando las
oyes por la radio, ni Redacción ni nada de nada. Mi amigo Juanfra sería
millonario con muchos ceros en su cuenta corriente si cobrara la
información que manda, pero el muchacho, modesto él, se conforma con
que se divulgue el balonmano por toda Extremadura: los partidos, las
clasificaciones, las informaciones avant macht... Mi
amigo Juanfra, ahora que estoy apartado definitivamente del balonmano,
me ha llamado hace unos días y, entre otras cosas, ha alabado mi labor
como presidente de la Asociación Pacense de Balonmano --desaparecida
tras mi marcha-- en los últimos diez años. "El balonmano extremeño, con
diez pedromonteros sería otra
cosa", me vino a decir. Y me he emocionado, se me ha saltado un par de
lágrimas, qué os voy a decir, que uno no es de piedra. Y se lo he
agradecido por venir de quien viene. Pero mi amigo Juanfra se ha
reído como un bendito cuando le he contado las andanzas de un tal
Boabdil en Badajoz, ese al que su madre le dijera "llora como mujer lo
que no supiste defender como hombre", tras rendir Granada a los Reyes Católicos. Ahora que me acuerdo, mi amigo Juanfra tiene un handicap. Uno sólo. Y es que sus apellidos no son Abellán, De la Morena o Gozalo,
sino los vulgares de García y García. García al cuadrado. Los que tiene
todo el mundo en España. Y con esos apellidos, ya me diréis quién se
hace multimillonario de oyentes y euros en España. Mi amigo Juanfra
es Juan Francisco García García, el mejor informador de balonmano de
Extremadura y el Alentejo, todo un caballero. Mi amigo el de la radio.
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¡Agua va!
Costumbre española arraigada, a pesar de la modernidad, la de tirar
aguas a la calle, sean "mayores" --aguas sucias--, "medianas" --agua de grifo-- o "menores" --hacer
un pis por las noches en la rua--. Siempre el H2O por medio.
Que todavía sigo viendo por Santa Marina a gente "guarra" que presume
de limpia, tirando el cubo de aguas sucias, después de lavar los suelos
o el acerado de sus casas, a la puta calle, a los imbornales o cerca de
ellos. Como esta mañana que alguien de Telepizza, al inicio de la calle
San Isidro, después de pasar la fregona por la cocina, no tuvo mejor
idea que tirar las aguas sucias a la calle. Hombre, no fuera a
desriñonarse el señor o la señora tirándola en el wáter del
establecimiento, situado al lado contrario de los hornos. O también, no
se fuera a ensuciar la taza, que estaba limpita como los chorros del
oro.
Pero es que unos bloques más atrás había un albañil en un portal en obras, bebiendo a caño libre de una manguera enchufada a la
entrada de aguas del edificio, quedando la acera hecha un asquito de
tanta agua sobrante.
--¡Oiga que está encharcando la calle, coja un botijo! --le digo al paso.
--¡No, que esto es más cómodo! Y
lo de mearse la gente joven en las calles, contra las paredes del
edificio más cercano y en el botellón, con nocturnidad y alevosía,
desde el jueves al sábado, ni os cuento.
Y esto, un día sí y otro también. Parece que, aunque estemos en el
tercer Milenio, siguen las costumbres ancestrales de tirar las aguas
"mayores", las "medianas" y las "menores" a la puta calle en Badajoz.
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Los del Callejón atacan de nuevo
Gastronómicamente
hablando, claro. Que acabo de recibir hoy, viernes, día de San Bruno y
compañeros mártires, un SMS del popular bar El Callejón de la Plazuela,
en el nº 2 de la calle Larga, sito en las inmediaciones de la plazuela
de la Soledad, en pleno corazón del Casco Antiguo pacense, que dice
textualmente: ¿Te gustas? Ven al Callejón este fin de semana y prueba nuestra pechuga de pollo con crema de queso azul. Nosotros seguimos reinventándonos y tú te gustarás.
EL CALLEJÓN DE LA PLAZUELA.
Atractiva y modernísima manera de publicitar las tapas del lugar entre
amigos, conocidos y clientes del bar que regenta Moisés Monroy, un
jovencísimo hostelero pacense que está rompiendo moldes en la
comunicación de las bondades de sus productos. Que dice el menda que el
boca a boca y lo de que el buen paño se vende sólo en el arca, que ya
han pasado a la historia.
Y el caso es que no soy socio capitalista del Callejón, ni accionista
ni nada de nada. Que Moisés es un tipo que me cae bien. Por lo que, siguiendo sus
buenos consejos, este finde me voy a dar un voltio con la patronal a
probar su pechuga de pollo con crema de queso azul. Y si me invita a la
segunda copichuela no le diré que no. No vaya a ser que se disguste por
llevarle la contraria.
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Estampas cacereñas en las vinorelas de Francisco Martínez
Hace un par de fechas asistíamos en la Sala de exposiciones del Gran
Hotel-Casino de Extremadura a la inauguración de una muestra pictórica
singular. En primer lugar por su autor, un tal Francisco Martínez
Moreno, un tipo orondo, amable y servicial de... ¡75 tacos, uno menos
en Canarias!, un cordobés de la pedanía de San Calixto afincado en
Cáceres desde niño, un artista polifacético donde los haya --además de
dibujante y pintor, escultor, decorador, restaurador, poeta, publicista
y unas cuantas cosas más--, uno que tomó lecciones de los maestros
cacereños Calderón y Macías, coincidiendo con este último en la Escuela
de Artes y Oficios y del que fue su adjunto, cursando posteriormente
dos años en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, un artista para
quien Cáceres es su obsesión vital y pictórica, un trabajador
empedernido --se levanta a las ocho y cierra a las tantas de la noche,
cuando no le dan las del alba--, uno cuyas esculturas adornan todas las
rotondas de la capital norextremeña, uno que ha donado 90 cuadros
--óleos, acuarelas, vinorelas...-- al Ayuntamiento de Cáceres para el
futuro Museo Martínez Moreno, un tipo sencillo y bonachón, en fin, que
no quiere que le llamen de usted. --Llámame Paco, anda. En
segundo lugar, por su obra y técnica utilizada: una muestra de 30
vinorelas --acuarelas al vino blanco-- de la provincia de Cáceres,
especialmente de la capital: vistas panorámicas de pueblos y ciudades,
paisajes, casas, rincones, callejuelas, torres, palacios y monumentos
de lugares como Alcántara, Guadalupe, Trujillo, La Vera, Gata y Hervás,
además de su Cáceres del alma, claro. Que lo del vino viene porque en
cierta ocasión, inadvertidamente, que dicen sus biógrafos, metió el
pincel en la copichuela que estaba tomándose y al dar unos toques en el
papel se dio cuenta que aumentaba la intensidad del color. Y lo primero
que tengo que hacer notar es que el tal Paco es un gran dibujante, un
perfeccionista redomado, con una pulcritud que a veces raya en lo frío
e impersonal, que sus cuadros parecen láminas, ideales para carteles
turísticos y para decorar las innúmeras oficinas, despachos y
dependencias oficiales que haga falta. Muy comercial todo, vamos. Que
los precios también ayudaban: entre los 500 y los 600 machacantes. Por
lo que no es de extrañar que venda cuadros por un tubo, contando con
marchante propio y todo. Y,
por último, por las circunstancias entrañables y provincianas que
rodearon el acto. Que no es normal traerse un presentador propio, un
"nativo", como lo sería Ángel María Moreno, que lo pondría por las
nubes después de la introducción de nuestro maestro de ceremonias
habitual, José Antonio Carretero. Y que tampoco es corriente que don
Paco se trajera de Cáceres un microbús repleto de amigos, familiares y
admiradores, de fans, vamos. Todos, con sus máquinas de fotos al canto,
haciendo miles de ellas a diestro y siniestro. Inenarrable, hermanos.
EL CÓCTEL Y
como es costumbre en esta santa Casa, al final tendrían el detalle de
invitar al personal asistente a una copichuela con pinchos de diseño
del genial cocinero del Hotel, Iván Hernández, otro artista, pero de la
gastronomía. Y con un nuevo vino, el Puerta Palma, un blanco 2005 riberadelguadiana,
uvas sauvignon blanc y macabeo, de las afamadas Bodegas de Marcelino
Díaz, de Almendralejo. A. R., naturalmente. Muy apropiado para
exposiciones de vinorelas, por cierto. Grato ambiente, charla amigable
con don Paco, fotos por aquí, por allá y por acullá y el maitre,
el amabilísimo Javier Lajas --¡SOS, estamos rodeados, otro de
Cáceres!--, y sus chicas, atendiendo divinamente a la concurrencia. Así
da gusto, colegas. La Exposición estará abierta hasta el 29 de los corrientes.
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